CURIOSIDADES
Sección a cargo de Margarita Carmona
mcl@ain.cu De la vida y el mundo, más
artículos de interés
Cortejo
inspirado en el sol
La avutarda, con su hermoso plumaje, figura entre las
mayores aves voladoras del mundo, se le considera longeva porque logra vivir hasta 16
años y alcanzar más de 15 kilos de peso.
Tiene fama de lenta porque a causa de su tamaño le resulta
complicado elevar el vuelo, y no por gusto su nombre, avutarda, proviene de la expresión
latina Otis tarda, o ave tarda.
Un grupo de científicos descubrió que el macho de la
avutarda, a la hora del cortejo, y como inspirado en la rotación del girasol, abre su
plumaje para que la luz destaque los colores y las hembras puedan elegirlos.
Esa ceremonia, captada por los estudiosos, consiste en que
todos los machos posan, mueven alas y colas para que los rayos de luz maximicen sus
encantos, en tanto las hembras los observan desde lejos. Ya en la tarde, cada una ha
decidido a quien seleccionó.
Este cortejo es tan llamativo que los humanos pueden verlo desde más de un
kilómetro de distancia, en las extensas y llanas estepas o campos de cereal donde vive la
especie.
El estudio sobre las avutardas, liderado por el Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España, con la colaboración de la
Aberdeen University, de Escocia, comprobó que el galanteo de los machos funciona como el
girasol.
El trabajo, publicado por la revista Behavioral Ecology and
Sociobiology, propone que este comportamiento es un modo de mejorar la eficiencia de la
comunicación sexual, al incrementar la visibilidad para atraer a hembras o marcar la
posición del macho, y cobra particular importancia porque a pesar de estar protegidas,
las avutardas se reproducen poco y urge cuidarlas.
El tan célebre maquillaje de Cleopatra
La última y quizás más controvertida
reina del Antiguo Egipto, nació en el año 69 antes de nuestra era y su nombre era
Cleopatra Filopator Nea Thea.
Con 18 años heredó el trono; se hizo famosa por su
capacidad para concertar alianzas políticas y aunque la mayoría de los historiadores
insisten que para ello usaba sus encantos femeninos, nuevas investigaciones la presentan
en primer lugar como una mujer muy inteligente y capaz.
Si por amores logró mantenerse en el poder, buscarse aliados
y triunfar, como lo hizo hasta que la suerte y también su amor Marco Antonio le volvieron
la espalda, es un detalle menor, porque en su época era totalmente normal funcionar de
ese modo, incluido si era preciso los hermanos se casaban entre sí.
Tal es el legado que dejó Cleopatra, que aún en nuestros
días su personalidad es centro de mira de muchos estudiosos, los cuales para bien o para
mal sacan a la luz que ni era tan extraordinariamente hermosa como aparece en los
monumentos dedicados a ella en su etapa, pero tampoco tan pizpireta como la presentan
algunas historias.
Recientemente, una investigación de científicos franceses
del Museo del Louvre y del Centro Nacional de Investigación Científica -CNRS-, ambos en
Francia, llegaron a la conclusión que el famoso maquillaje de la reina egipcia tenía un
doble propósito: estético y de protección de los ojos contra ciertas enfermedades.
Según los especialistas, hace cuatro mil años los antiguos
egipcios usaban maquillaje hecho de plomo y sales del mismo elemento químico para
oscurecer los ojos. Tales preparados además tenían propiedades medicinales que
estimulaban el sistema inmunológico.
Agregan los expertos que dosis muy bajas de plomo no matan a
las células y en su lugar se produce una molécula de óxido nítrico, la cual activa el
sistema inmunológico para repeler bacterias en caso de infección en los ojos.
En la revista Analytical Chemistry, los científicos sugieren
que la galena, forma mineral natural del sulfito de plomo empleada en el maquillaje,
funcionaba como antiséptico y protegía los ojos de los rayos solares.
Así es que Cleopatra, esa de los ojos muy maquillados, con
rostro de gata y mirada penetrante que el cine exacerbó, vivió y ayudó a desarrollar
una civilización que ya conocía la química de estos compuestos. No era coquetería
pura, era sabiduría también.
Aquí se habla horrores de los
mosquitos
Hablar bien de los mosquitos (que son tan insoportables) resulta difícil.
Pudiera decirse que son muy hábiles, que como todos los seres vivos son un eslabón en la
cadena evolutiva y un plato exquisito para arañas y ranas.
Hasta aquí la defensa, luego todo son maldades, porque no
solamente producen un ruido atormentador, también pican, y para colmo de males son
capaces de transmitir enfermedades muy serias como el dengue, la malaria, el virus del
Nilo Occidental y la fiebre amarilla.
Datos de cómo logran martirizarnos estos insectos tan
diminutos aparecen publicados en la revista científica Nature, donde los científicos
cuentan haber descubierto 50 genes en el caso específico del mosquito Anopheles gambiae.
Funcionan muy sencillamente: cada uno de este medio centenar
de genes controla un receptor, capaz de detectar el olor humano, decidir cual es más
sabroso y luego
allá van a picar.
Para indagar sobre este animalito creado
por la naturaleza para vivir de humanos y animales, el investigador John Carlson, de la
Universidad de Yale, en New Haven, en Connecticut y su equipo, transfirieron los 50 genes
dentro de las células nerviosas de un tipo de mosca de la fruta llamada Drosophila.
Aseguran los expertos que las moscas de la fruta no intentan
oler a las personas, por lo que cualquier gen de mosquito que produzca una respuesta al
olor humano es probablemente uno utilizado por estos insectos para guiarse hasta sus
alimentos carnívoros, es decir, cualquiera de nosotros.
Si todo este mecanismo tan efectivo solamente fuera para
chupar sangre y vivir de ella, el daño no sería tanto, pero sucede que como demuestran
otros dos estudios aparecidos en Nature, hay uno en particular cuya hembra utiliza una
proteína especial llamada plasmepsin V para que el parásito de la malaria ingrese en los
glóbulos rojos humanos.
Los expertos aseguran que el bloqueo de esta proteína
podría llevar a mejores remedios contra la malaria, enfermedad que cada año según la
Organización Mundial de la Salud cobra la vida de cerca de un millón de personas,
principalmente niños y la mayor parte de ellos, africanos.
Los expertos confían en que el bloqueo de esta proteína
podría llevar a mejorar los medicamentos contra la malaria y a la vez, al saber ahora
cómo actúa el resto de los picadores, hallar repelentes más eficaces.
Con las pocas bondades que ya reconocimos, la cruda verdad es
que los mosquitos solamente son simpáticos en las tiras cómicas.
Los naipes: mil preguntas, cero respuestas
Tantas
interrogantes rodean a los naipes, llamados también cartas o barajas, que para hacer más
difícil el asunto, ni siquiera se ha podido definir -al estilo de los diccionarios- qué
cosa son en definitiva.
Quienes se dedican al arte delicado de la curiosidad,
meticulosos como son, chocan en el momento de catalogarlos con el problema de que los hay
de tantos y disímiles materiales como de formas totalmente opuestas.
Hay naipes de cartulina, papel, seda y hasta de marfil, pero
también pueden ser rectangulares, redondos, cuadrados, biselados y troquelados. Algo sí
tienen en común y es que son muy delgados, y esta característica es la que permite en
definitiva la posibilidad de mantener las cartas en la mano y jugar.
Tampoco sirve a los investigadores husmear en las figuras que
aparecen en los diferentes tipos de barajas, pues un naipe español, alemán, inglés,
francés o chino, tiene sus figuras propias y, lejos de dar pistas, lo único que se logra
al estudiarlos es aportar más elementos a la confusión.
Para complicarles más la vida a los
estudiosos del tema, existe un cifra inaudita de juegos y de modos de jugar a las cartas,
cada uno con sus propias reglas, así es que por este camino, no se avanza ni un
milímetro.
En los principales museos del mundo dedicados a los naipes
pueden encontrarse ejemplos de todos estos tipos de cartas, muchas de ellas verdaderas
obras de arte; desde las usadas como simples pasatiempos, las educativas, históricas, las
chinas del popular juego de mahjong, hasta las que supuestamente nos pueden dar un norte
sobre el futuro.
Claro que nada hay tan socorrido y serio para averiguar algo,
como ir al origen de las cosas, pero aquí también las barajas juegan una mala pasada. Si
hubiera podido comprobarse que surgieron en la China, en alguna otra nación asiática, o
en el mundo árabe, todo sería más fácil, pero por acá, también la respuesta es nula.
Europa ha tratado de demostrar, sin conseguirlo totalmente,
que las controvertidas y enigmáticas cartas surgieron en su territorio y toma como
elemento que, hasta hoy, los ejemplares y testimonios más antiguos que existen de su
existencia se sitúan en Italia.
Al menos en Europa los naipes apenas cuentan con algo más de
600 años de existencia. Los primeros testimonios de su presencia son de finales del siglo
XIV, pero esto no demuestra que los inventaran.
Lo que
sí está claro es que Italia fue el puente por donde pasaron las cartas, cruzaron tal vez
vía Nápoles al sur de Francia; desde allí se esparcieron a España y con el tiempo a
América. En esta teoría queda sin resolver la presencia de barajas en el mundo
asiático.
En algún momento se adjudicó a los árabes la introducción
de los juegos de barajas en el Occidente, pero sucede que se comprobó, los
árabes no tenían cartas, ni su religión les permitía
reproducir imágenes antropomorfas.
Sea cual sea su origen, sirvieran en algún momento para
contar leyendas, dejar constancia de una cultura, historia, o sencillamente creados para
entretenerse, los naipes, barajas o cartas están ahí, medio burlones con sus misterios,
guiñándoles un ojo a los investigadores.
Ligado a ellas, el entorno humano. Los juegos de naipes,
cuando en ellos NO median las apuestas, sirven para unir a las personas, incluso el famoso
juego llamado solitario, que paradójicamente acompaña al que está solo.
Las barajas han inspirado libros, películas y creado, cómo
no, personajes célebres como el tramposo, ese que con tal de ganar, es capaz de cambiar
las reglas, parece saberse todos los trucos, (e incluso se los sabe), pero aún así, tan
hábil como pudiera ser, ignora de dónde salieron las cartas y quien las inventó.
La pasta dental es antiquísima
Está en un error quien piense que la pasta dental es un invento moderno, o
incluso algo antiguo. En realidad es antiquísima y data de unos cuatro mil años, según
datos hasta ahora conocidos.
Esta muy útil maravilla que tanto aporta a la higiene dental
se atribuye al médico romano Escribonius Largus, quien vivió en el siglo I de nuestra
era, sirvió en la corte del emperador romano Claudio y es reconocido por sus acertados
aportes a la farmacopea.
Entre los logros de Largus que trascendieron a la posteridad,
figuran el haber compilado una lista de 271 prescripciones médicas y según su propia
obra escrita, tuvo la visión de pensar en términos como la ética médica, la vocación
necesaria para estos profesionales a los que recomendaba ser "un buen varón, experto
en el arte y la ciencia de la medicina y lleno de misericordia y humanidad".
Con todos estos elementos, no resulta extraño comprender que
este romano viera en la limpieza bucal una forma de higiene importante para la salud
humana en general.
Por supuesto la fórmula de aquella pasta dental no tiene
nada que ver con la que conocemos hoy, ya que la más añeja de que se tenga noticia se
componía por una mezcla de vinagre, miel, sal y aunque parezca increíble, cristal
machacado.
Pero no todo el mundo usaba este compuesto, la realeza
egipcia utilizaba una sustancia llamada clister, elaborada a base de piedra pómez
pulverizada, sal, pimienta, aguas, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra.
También se sabe que durante la época de Escribonius era
común el uso de orina humana para limpiar los dientes, debido a sus propiedades
blanqueadoras provenientes del amoniaco que contiene.
Los actuales dentífricos poseen incluso elementos que
protegen y previenen enfermedades, tanto de las encías como de los propios dientes y
eliminan bacterias, además de poseer sabores que van desde la fresca menta a las frutas,
que se supone prefieren los niños.
¿Por que molestan los
"flachazos"?
De las pocas cosas que pueden
molestar al sacarnos una fotografía, (además de quedar feos) es el "flachazo"
sobre los ojos.
Este fenómeno que ocurre cuando nos llega velozmente luz
sobre los ojos, por ejemplo, desde la cámara fotográfica, está vinculado a un mecanismo
que sucede en nuestra retina.
Alrededor de los ojos tenemos una proteína llamada púrpura
retiniana o dopsina, que al ser alcanzada por una luz muy intensa, la estimula. Sus
moléculas reaccionan descomponiéndose, y este proceso da origen a un impulso eléctrico
que es transmitido al cerebro a través del nervio óptico.
Si la luminosidad es normal, nuestras retinas disponen de
suficiente dopsina para funcionar sin sobresaltos, pero cuando el "flachazo", o
incluso la fuerte luz solar nos sorprenden, las moléculas fotosensibles estimulan el
nervio en exceso y se produce una saturación.
Por instantes quedamos prácticamente ciegos. El tiempo de
esta ceguera es directamente proporcional al tiempo que invierte la púrpura retiniana en
recomponerse después del fogonazo. Luego el ojo retorna a la normalidad y nosotros nos
dedicamos a mirar con mala cara al fotógrafo.
La historia de secarse el pelo
Secarse el cabello, sobre todo en los climas fríos, resultaba un verdadero
engorro y una pérdida de tiempo hasta que, en 1890, apareció la primera secadora
eléctrica en un salón de belleza francés cuyo propietario era Alexandre Godefoy.
Se trató de una aspiradora de polvo a la que se le invirtió
el mecanismo y en lugar de extraer, expulsaba aire caliente que ayudaba a evaporar el
agua.
Hacia la década de 1930, el mecanismo se hizo más complejo
al adicionarle gases, pero el resultado fue desfavorable porque dañaba el cabello, a
veces de forma tan irreversible, lo que solo tenía arreglo haciendo cortes radicales a
fuerza de tijera.
Poco a poco el mecanismo fue mejorando y los enormes cascos
secadores invadieron las peluquerías de todo el mundo, pero en 1951 apareció la primera
secadora portátil de cabello, que en sus inicios se vendía junto a un gorro plástico
unido directamente a la boquilla por donde entraba el aire.
Entre los muchos perfeccionamientos que recibió este
utilísimo electrodoméstico, figura que ya entre los años 30 y los 40 poseía diversos
mandos para la temperatura y varias velocidades y también con el tiempo aligeró su peso
y aumentó el flujo de aire que es, por supuesto, a gusto: frío o caliente.
Innegable la ventaja de las secadoras de pelo, pero cuidado
con ellas, porque se trata de aire artificialmente creado por la fuerza de la
electricidad, por lo que resulta aconsejable quitar una buena parte del agua de la cabeza
con una toalla y luego aplicar el secador a intervalos para que el exceso de aire no
afecte el cabello con el tiempo.
Más sobre la sonrisa (o no) de la Gioconda
Si hay un tema del cual se ha escrito mucho, pero mucho, es el famoso enigma
de la supuesta sonrisa en el retrato de la Mona Lisa, o Gioconda, pintado por Leonardo da
Vinci.
Estudios y especulaciones no faltan: que sonríe, que no, que
es una especie de mueca, que si la modelo tenía un dolor, incluso se ha llegado a dudar
de su sexo.
Una versión novedosa nos llega desde el sitio digital de la
revista española Muy Interesante, donde cuentan que el secreto del "cambio de humor
de la Mona Lisa" lo provoca el ojo que la mira, es decir, el nuestro.
Según Luis Martínez Otero, español e investigador del
Instituto de Neurociencias de Alicante, el ojo humano envía señales mezcladas al cerebro
y en dependencia del canal por el cual transmita esas imágenes, veremos a la Mona Lisa
sonriente o no.
Textualmente explica el experto: "estos canales
codifican información sobre el tamaño del objeto, su brillo, luminosidad y localización
en el campo de visión. "Algunas veces un canal se impone a los demás y vemos la
sonrisa; en ocasiones ganan otros y no la vemos".
La conclusión del estudio fue presentada por el experto en
el encuentro anual de la Sociedad Americana de Neurociencias, celebrado en la ciudad
estadounidense de Chicago.
Entre sus experimentos con múltiples parámetros, el
investigador mostró a varias personas una pantalla blanca o negra durante treinta
segundos antes de proyectar sobre ella a Mona Lisa, y comprobó que era más frecuente
percibir su rostro sonriente después de la pantalla oscura.
La cuestión que se plantea es: ¿quería Leonardo da Vinci
confundir de esta manera a nuestro cerebro? ¿Es un efecto intencionado? Martínez Otero
sospecha que sí, ya que el fabuloso y muy listo pintor escribió en uno de sus cuadernos
de notas que "estaba intentando pintar expresiones dinámicas, porque era eso lo que
veía en la calle", afirma en la revista New Scientist.
Así es que ya lo sabemos, si al mirar a la Gioconda vemos
que se ríe o está más seria que un juez, no es su culpa, somos nosotros, víctimas de
una argucia de Da Vinci y una mala jugada de nuestra retina, que le manda a nuestro
cerebro la información que le parece y por donde estima conveniente.
Colores
aztecas
En
lengua náhualt, Coyolxauhqui quiere decir cara pintada con cascabeles y representa a la
diosa mexica de la Luna.
La diosa como tal se haya esculpida en un monolito donde se
narra la historia bastante patética de una mujer desmembrada por su hermano
Huitzilpochtli, quien sospechaba que la joven planeaba, junto a sus 400 hermanos matar a
la madre de todos, embarazada por cierto del propio Huitzilpochtli.
Según la leyenda, en castigo la muchacha fue asesinada y su
cabeza lanzada al cielo.
Como
es natural, historias como estas resultan imposibles de comprobar porque la inmensa capa
de la imaginación las cubre con velo cerrado, pero sí se puede con tecnología avanzada
saber por ejemplo, que colores usaron los aztecas para dar vida a sus historias.
Relata AFP que un estudio conocido por estos días, asegura
que expertos mexicanos, italianos y estadounidenses llegaron a la conclusión de que la
gama cromática de los mexicas solamente constaba de cinco colores.
En el monolito que representa a la diosa de la luna, se
encontraron en 2007 "no sólo evidencias de pigmentos rojo y ocre, sino también de
azul, blanco y negro", informó el Instituto de Antropología e Historia de México
(INAH) y subraya que por alguna razón no usaron el café, rosa ni verde.
Un informe del INAH asegura que la paleta de los cinco
colores mencionados es la que aparece por ejemplo en las esculturas majestuosas de la
Piedra de Sol o calendario azteca y la ya citada diosa Coyolxauhqui.
Y bien duraderas resultaron tanto las esculturas como los
colores, pues el Calendario azteca, que es la pieza escultórica más conocida de la
cultura mexica, estuvo expuesta a la intemperie durante casi un siglo hasta que en el año
2000 se "logró detectar en los poros de la piedra restos de pigmentos rojo y
ocre", explica el INAH en un comunicado.
Restos de los mismos colores fueron vistos también en 2006
en Tlaltecuhtli, la diosa de la tierra y en numerosas cabezas de serpiente sometidas todas
a análisis con tecnología de punta y con la participación de arqueólogos,
restauradores, geólogos y químicos.
¿Por qué no usaron otros colores los aztecas? Quien sabe si
los que preferían para pintar tenían sus propios símbolos, el caso es que el tiempo no
ha logrado borrar las huellas de una cultura tan magnífica como antigua.
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