Esta es solo una de las múltiples anécdotas que pueden contar las 135 mujeres que integran la Brigada Médica Cubana en Guatemala, para quienes el día se compone de esfuerzo y sacrificios, en una entrega inconmensurable de amor al prójimo. Desde diciembre de 1998, como parte de la emergencia surgida a raíz del huracán Mitch, se encuentran en el país de los 33 volcanes, cada una con su carga de humanismo, dispuestas a ayudar a los más humildes, incluso en las zonas más inaccesibles.
Hay que oír a Marta Montero, licenciada en enfermería, narrar con sencillez su labor en la capacitación de las estudiantes guatemaltecas, o escuchar a las doctoras María Nicolaes y Yordanka Ramírez su relato de como con tesón y profesionalidad demostraron en esta tierra de hombres, que las mujeres son también capaces de dirigir, y hacerlo bien. Es preciso ver a la epidemióloga Yolanda Fundichely expresar que el primer trabajo de investigación de microbiología del hospital donde labora fue hecho por una cubana, sentir la emoción de la pediatra Roxilena Manso al comentar la tensión por ganarle batallas a la muerte, y escuchar a la enfermera Miriam Martínez expresar que en cada acción emprendida están presentes los seres queridos. Se necesita vivir con ellas, conocerlas, admirarlas, para regocijar la cubanía y dar rienda suelta a la alegría de pertenecer a un pueblo capaz de engendrar heroínas cotidianas, que continúan el ejemplo de sus mayores y ofrecen su vida a la causa de la humanidad, como Celia. |