Maestra Internacionalista

ltd.jpg (2523 bytes)

 

 

 

Lucilo Tejera Díaz

 

Algo de lo más importante de mi vida

 

Hace 22 años Maricela Guerra Salcedo tenía 18 de edad, acababa de titularse en el Instituto Preuniversitario Alvaro Morell Alvarez, en la ciudad de Camaguey, y había decidido definitivamente hacerse  maestra.

 

La vocación le venía en la sangre: sus bisabuelos maternos fueron unos reconocidos y prestigiosos educadores en Nuevitas. Incluso, en la escuela primaria Camilo Cienfuegos hay un busto del bisabuelo José Salcedo López, pues en este centro fungió como director de 1921 a  1942.

En su época de preuniversitario, Maricela se desempeñó como profesora de apoyo en una secundaria básica y en el propio ''Alvaro Morell Alvarez'', pero no sabía que en poco tiempo lo haría en un lugar bien distante y con gentes diferentes.

Apenas matriculó a fines de 1977 la Licenciatura en Educación, especialidad de Biología, en el Instituto Superior Pedagógico José Martí, la Revolución llamó a crear el Destacamento Internacionalista de Maestros Ernesto ''Che'' Guevara. Su objetivo era impartir la enseñanza en Angola, envuelta entoncesen la guerra por mantener la independencia con el aporte solidario de miles de combatientes cubanos.

''Nunca me había separado de mis padres, pero sentí que me estaban llamando a mi también y dí mi disposición a integrar aquel grupo'', recuerda hoy, cuando ya es una experimentada profesora de Zoología en el mismo Pedagógico que la formó.

Fue seleccionada y en La Habana empezó una capacitación acelerada de noviembre de 1977 a enero del siguiente año: por la mañana, preparación militar; por la tarde, clases de la carrera; y  por la noche, superación política.

''Inolvidable la despedida que nos dio Fidel. Tengo grabados en mi memoria los consejos que nos trasmitió, los cuidados que debíamos tener, porque, salvo quienes nos dirigirían, todos éramos muy jóvenes.''

En abril de 1978 viajó a Angola y fue destinada a enseñar en la capital, Luanda, por las noches, a combatientes de las FAPLA, a trabajadores y a mujeres de la OMA (Organización de Mujeres Angolanas).

''Conocí allí el toque de queda. Empezaba a las 12 de la noche. Así que a las 11 terminábamos y nos recogía un ómnibus para regresar  a los albergues. Sin embargo, otros compañeros míos del Destacamento estuvieron en lugares más difíciles, en Huila, por ejemplo, donde el toque de queda era desde las seis de la tarde y la guerra, cercana.''

Su labor se desarrollaba también en horas del día. Con alumnos de primaria de la propia escuela donde por las noches -de lunes a sábado- servía de maestra a adultos, guiaba a los niños en la vinculación del estudio con el trabajo.

Un año estuvo en Angola aquel primer contingente del ''Che' Guevara'', pero fue suficiente para Maricela, quien tiene a ese tiempo como ''una experiencia inolvidable.''

''Fue tan linda aquella etapa, vi tantas acciones hermosas de mis compañeros del Destacamento que he pensado escribirle al cineasta Octavio Cortázar, quien dirigió la película 'El Brigadista', para incentivarlo a realizar algo con aquel primer grupo de educadores internacionalistas en Angola.

''Sin aparentar nostalgia, considera la misión en Africa como algo de lo más importante de su vida. ''Aunque ya me había decidido por el magisterio, aquella experiencia fue fundamental para enraizarme en esta labor y convertirme en maestra, lo que considero uno de los mayores logros que he tenido.''

La práctica de la docencia la llevó a seguir con su aporte internacionalista de diferente forma. Después del regreso de Angola, Maricela intruyó a estudiantes del Pedagógico José Martí que integraron el

Destacamento en otras convocatorias, y también a jóvenes africanos -de Angola, Zimbabwe, Guinea, Mozambique- que allí se titularon.

''Me he sentido muy feliz dándole clases a ellos. Se alegraban mucho cuando les decía que fui maestra en su continente.''

Más de 300 muchachos y muchachas vistieron desde La Habana, en 1978, el uniforme del Primer Destacamento Internacionalista de Maestros Ernesto ''Che'' Guevara.

Aquel uniforme usado, guardado con orgullo y satisfacción, es una reliquia que Maricela conserva con amor de una etapa importante y solidaria de su vida.

 
Ediciones anteriores

Elia Rosa y la felicidad

Como Celia