Al clausurar una reunión de la FMC, en diciembre de 1966,el Comandante en Jefe Fidel Castro comenzó su discurso con las siguientes palabras: ..."Le dije a un compañero que este fenómeno de las mujeres en la Revolución era una revolución dentro de otra revolución.(...) Si nos preguntaran cuáles son las cosas que más nos ha enseñado la Revolución, responderíamos que una de las lecciones más interesantes que los revolucionarios estamos recibiendo en la Revolución es la lección que nos están dando las mujeres". En aquellos momentos la FMC apenas tenia siete años, pero su acción había llegado a todas las mujeres del país, lo cual demostraba que la iniciativa de crear una organización femenina se podía valorar como una de las determinaciones más sabias y justas adoptadas por la Revolución. La práctica cotidiana lo probaba con creces porque desde los primeros días del triunfo se sintió la pujanza, la inteligencia y el fervor revolucionario de las cubanas, quienes apoyaron las medidas contra los enemigos del pueblo y el derecho de Cuba a construir su propio futuro. Esta fue una de las razones que hizo pensar en la idea de crear una organización que canalizara ese entusiasmo y lo convirtiera en una fuerza consciente para la Revolución. Además, resultaba imprescindible elevar el nivel cultural, técnico, político e ideológico de las féminas, para incorporarlas a todas las esferas de la vida y hacer más eficaz su aporte al proceso revolucionario. Con ese fin nació la Federación de Mujeres Cubanas el 23 de agosto de 1960, y como expresó Vilma Espín, su presidenta, desde el principio se actúo con un doble propósito: "A través de la educación ideológica crear conciencia para realizar las tareas, y a través de las tareas educar ideológicamente a la mujer". Los primeros planes de trabajo se conformaron con importantes encomiendas de la dirección revolucionaria. Eran tareas simples, sencillas, atractivas para las mujeres, fundamentalmente las amas de casas, a quienes la Federación dedicó una especial atención. Después vinieron misiones dirigidas a los sectores más discriminados y humillados. Así, en 1961 se fundan las escuelas para campesinas Ana Betancourt, por cuyas aulas pasaron anualmente alrededor de 10 mil alumnas, y los centros nocturnos de superación de las domésticas, para incorporarlas al trabajo social en bancos y organismos estatales. Otras labores importantes fueron la campaña de alfabetización, donde 91 mil federadas realizaron diversas actividades, la erradicación de la prostitución y garantía de empleo para ellas, los cursos de corte y costura, los de primeros auxilios, la integración a la defensa , el trabajo voluntario en la recogida de algodón y café, en las zafras del pueblo y otras tareas agrícolas que fortalecieron su conciencia revolucionaria. Su creciente participación en la vida económica y social demandó la creación de los círculos infantiles en 1961 y se responsabilizó a la FMC con estas instituciones educativas. Erradicados el desempleo y subempleo masculinos, a partir de 1964 surgían nuevas fuentes de labor y una cuestión principal en el contenido de la FMC fue, y ha sido siempre, la incorporación de la mujer al trabajo y velar a través de las Comisiones de Empleo Femenino porque los niveles logrados no disminuyeran ni en el período especial. Este programa hizo posible que de las pocas mujeres que trabajaban fuera del hogar en 1959, la mayoría, unas 70 mil, en el servicio doméstico, hoy el sector femenino constituya el 44 por ciento de la fuerza laboral del país, al tiempo que se produjo un cambio en la estructura ocupacional, al crecer las categorías de técnicas, profesionales y obreras calificadas. En algunas esferas como la educación y la salud predominan, hecho posible porque un objetivo de la Federación fue elevar el nivel cultural y técnico de las mujeres, ya que una de las mayores desigualdades con los hombres se manifestaba en el campo de la educación. El apoyo a la escuela, mediante el movimiento de madres combatientes por la educación; al MINSAP, con las brigadistas sanitarias; al quehacer de prevención y atención social, en las comisiones correspondientes, la ayuda a organizaciones hermanas en distintas latitudes, el trabajo comunitario y las Casas de la Mujer, son, asimismo, algunos aspectos de primer orden acometidos por la organización. También ha sido meritoria la labor desplegada en el campo internacional en el que la FMC goza de gran prestigio y forma parte de diferentes organismos, como la Comisión de Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Son 45 años de intenso quehacer y de éxitos, coronados por el papel que ocupa hoy la mujer cubana en la sociedad, pero también hay insatisfacciones y la FMC trabaja para eliminarlas. Ahora, uno de los combates es lograr que más mujeres sean promovidas a cargos de alta envergadura y exigencia, pues el 33 por ciento de féminas dirigentes que se alcanza, aunque supera la meta aprobada en la plataforma de acción de la Conferencia Mundial de Beijing, está por debajo del grado de preparación y las posibilidades actuales de las cubanas. Ellas con su actuación ofrecen cada día interesantes lecciones y confirman que son una revolución dentro de la Revolución. Adelina Vázquez (AIN) |