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Donde hay un niño debe haber un buen libro, aseguró la escritora
Dora Alonso

 

Las mejores satisfacciones que me ha brindado la literatura han sido las provenientes del pueblo, afirmó poco antes de morir Dora Alonso, Premio Nacional de Literatura y una de las más prestigiosas escritoras cubanas de todos los tiempos.

En entrevista exclusiva concedida a la revista Bohemia, la autora de los cuentos Polonai y Once caballos y las piezas de teatro Espantajo y los pájaros y Doñita Abeja y Doñita Bella, dijo que aunque los reconocimientos recibidos a lo largo de su vida la han llenado de alegría, las mayores satisfacciones vienen de sus lectores.

El periodista Andrés Pi Andreu cuenta que Doralina de la Caridad Alonso y Pérez- Corcho, conocida por todos los cubanos como Dora Alonso, mediante su obra literaria, educó a millones de niños y dejó la mayor parte de sí en el patrimonio cultural de una nación a la que dedicó sus páginas más brillantes.

La intelectual, nacida en 1910 en un pequeño pueblo de la occidental provincia de Matanzas, era según propia descripción una niña larguirucha y ojiazul, una criatura fea y tímida que se inventaba juegos y caballos invisibles sobre el mismo fondo azul con que pintó la esperanza en dos niños, un caballo, un cochero y un perro.

La Dama de cristal, como se autodenominó en uno de sus más bellos poemas, confiesa que no decidió ser escritora, se dio cuenta de que quería serlo a los 12 o 14 años, aunque reconoce haber tenido la vocación necesaria, surgida de las lecturas continuadas de la cariñosa madre.

Verne, Conan Doyle, Salgari, Defoe y Victor Hugo resultaban referencias cotidianas en la voz de la progenitora, a quien agradece desde lo más profundo de su corazón su perseverancia y cultural natural, que la llevaba a leer a los hijos obras de la literatura universal.

Por eso siempre he insistido en la importancia de la educación y el cultivo del hábito de la lectura, manifiesta Alonso, para precisar que esa es la base del temple, del carácter del hombre o mujer en formación. ‘’De eso -añade- se desarrollan los valores y el sentido de la justicia, el amor a la tierra y a las tradiciones del hombre ‘’.

Ser culto no es sólo saberse unos cuantos libros de memoria, es ser también consecuente con uno mismo, tener una ética y un sentido de lo justo, es tener cultura de trabajo, de estudio, es conocer los derechos y los deberes de cada cual; por esa, la verdadera cultura, es por la que debemos luchar, asegura la creadora de El cochero azul y de Pelusín del monte, logrado personaje de una pieza teatral para los niños.

Explica que lo expresado con anterioridad ella lo hace desde sus títeres, que son cubanísimos.

Si te fijas, declaró a Bohemia, todos mis cuentos o noveletas o poesía, ya sean para niños o para adultos, están agarrados a la tierra, a lo cubano, a los valores más puros de nuestro suelo e historia.

Sobre mi obra, algunos, en un sentido peyorativo, me tacharon de popular y entonces, si realmente he logrado ser una escritora del pueblo, no saben ellos que para mí es la medalla mejor.

Quien estime que decirme que mi obra es popular y si agregamos popular cubana, es ofenderme, no se da cuenta que me está situando donde yo soñé estar, dice.

Alonso participó como corresponsal de guerra en Playa Girón, donde los cubanos propiciaron a los Estados Unidos su gran derrota en América. ‘’ Las cosas que ví en Girón fueron terribles y maravillosas’’ evoca con nostalgia, y cita su impresión ante los niños héroes que disparaban contra los B-26 que volaban rasantes sobre el escenario de los hechos.

Hacia los niños volcó la narradora todo su amor. ‘’Estimo que la literatura infantil es tan necesaria como la escuela, creo que donde hay un niño debe de haber un libro’’.