Las mujeres fueron a las aulas 

Con los primeros frutos de las escuelas para campesinas Ana Betancourt y la recién nacida revista Mujeres, las cubanas despidieron el llamado Año de la Educación y dieron la bienvenida a 1962   

Por: DIXIE EDITH
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Al comenzar el cuarto año de la Revolución, Cuba era, sin dudas, un país diferente. Aunque no hubo encuesta que lo midiera, los carteles alegóricos a las fiestas de la noche vieja de 1961 deben haber tenido cifras récords de lectores. No por gusto las cartas y documentos oficiales emitidos durante los 12 meses precedentes llevaron el membrete de "Año de la Educación". La Isla se había declarado territorio libre de analfabetismo tras una vertiginosa -y acosada por el enemigo- campaña popular a la que se sumaron adolescentes, casi niños, que llevaron faroles y cartillas a las zonas más intrincadas de la geografía nacional.

1961: Alumnas de la escuela para campesinas Ana Betancourt, en Cuba
La Escuela para Campesinas Ana Betancourt no solo enseñó a leer y escribir a miles de muchachas. También las preparó para el futuro

Además...

 . ¿Por qué Ana Betancourt?

Pero la historia también registra a 1961 como el año donde otra transformación educacional comenzó a gestarse.

Aulas con saya

La vorágine comenzó desde los primeros meses del año en la ciudad de La Habana y se llamó Plan de Educación para Campesinas Ana Betancourt.

La escuela se instaló en el mismísimo Hotel Nacional de Cuba, cara a cara con el malecón habanero. Miles de muchachas, procedentes de las áreas rurales, recibieron clases de corte y costura, superación cultural y una preparación esencial que las capacitaba para actuar como agentes impulsores de los cambios sociales en sus comunidades.

Si la Campaña Nacional de Alfabetización tuvo el valor enorme de enseñar a leer y escribir a más de 700 mil personas en pocos meses; al proyecto de las Ana Betancourt le cabe el indiscutible acierto de dotar a las mujeres de los campos no solo de conocimientos en letras y números, sino de herramientas para entender -y emplear- los cambios que la Revolución ponía en sus manos.

El 11 de diciembre de 1961, en la tercera graduación de la escuela, el Comandante en Jefe Fidel Castro hacía un balance del proyecto. "Hace un año ustedes no tenían la experiencia que tienen hoy, hace un año no tenían los conocimientos que tienen hoy, hace un año no sabían lo que saben hoy, hace un año no podían comprender las cosas que comprenden hoy; hace un año, muchas, posiblemente, no habían estado en escuela alguna, muchas no habían podido conocer nuestra capital, muchas no pertenecían a ninguna organización (…), muchas no tenían una tarea que realizar, no tenían una misión que cumplir (...) Hace un año la Revolución no podía contar con ustedes.

"(…) ¡Y en qué breve tiempo ha crecido el ejército de la Revolución! ¡En qué breve tiempo ha crecido el número de los revolucionarios! ¡En qué breve tiempo la Revolución puede contar con doce mil trescientas revolucionarias más!"

Fidel, al dar la cifra, sumaba las ocho mil que se recibían ese día con las egresadas de las dos promociones anteriores, celebradas durante el año que terminaba. En los meses siguientes, las graduadas llegaron a sumar un total de 150 mil.

A esta escuela pronto se sumaron las de superación para las antiguas domésticas y las que prepararían a las directoras, asistentes y educadoras de otro programa de estreno: el de los Círculos Infantiles.

Todos aquellos sueños, sin dudas, rindieron sus frutos.

Según el Censo de Población levantado en 1953, del total de trabajadores ocupados en el país, solo el 17,6 por ciento eran del sexo femenino y de ellas, más del 30 por ciento trabajaba en el servicio doméstico o como conserje y empleadas; el 13,9 por ciento realizaba trabajos de oficina; el 12,1 por ciento eran maestras y apenas poco más del 6 por ciento, profesionales y técnicas. Un escuálido 2 por ciento ocupaba responsabilidades de dirección.

Justo 45 años después de aquel censo, las cubanas representan más del 45 por ciento de las personas empleadas en el sector civil; superan el 60 por ciento de los profesionales y técnicos y tienen sitio en más de un tercio de los asientos parlamentarios.

Pero entonces, cuando aún celebraban la llegada de 1962, los cambios sociales ocurridos con el triunfo de 1959 las pusieron, de golpe y porrazo, en el centro de una dinámica que fue definida por el propio Fidel como una "revolución dentro de la Revolución".

Venciendo no pocos obstáculos se incorporaron de manera creciente a la vida socialmente activa y resultaron beneficiadas, pero a la vez beneficiarias, del proceso que se gestaba.

Fueron a las aulas, aprendieron, crecieron. Pero las costumbres y tradiciones heredadas de una sociedad patriarcal donde nunca habían tenido espacio estaban ahí. Y justo por esa brecha se colaron muchas contradicciones que necesitaban una explicación.

¿Quién podría acompañar los cambios una vez fuera de las aulas? ¿Qué herramienta podría servir de guía, y a la vez de evidencia, de lo que todas las muchachas iban consiguiendo?

Revista escuela

El 15 de noviembre de 1961 nació la revista Mujeres, sucesora renovada de la Vanidades del american way of life. A su actual directora, Isabel Moya, le gusta contar que "una mirada a sus archivos permite reconstruir el proceso de transformación de las cubanas". Así, cita entre esos acontecimientos rompedores las escuelas para domésticas, el propio plan Ana Betancourt, el nacimiento de las primeras mujeres taxistas, o la fuerza miliciana femenina, que crecía sin pausa.

Pero la revista, además de cronista, fue escuela para sus lectoras. En sus páginas aparecieron, en medio de candentes polémicas, los primeros temas de educación sexual de la prensa cubana, por idea de Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), e indiscutible promotora de esta disciplina en nuestro país.

Las fundadoras cuentan que esos primeros debates fueron muy polémicos, pues significaron romper con los tabúes sobre la sexualidad femenina y masculina que existían en la sociedad. Pero también se explicaba cómo educar hijas e hijos para la sociedad nueva o se daban consejos laborales.

La doctora Elsa Gutiérrez, graduada de Medicina en 1955 y luchadora clandestina durante los años rebeldes, vivió la coincidencia histórica de haber sido la primera directora de las Escuelas Ana Betancourt; y pocos meses después, de la revista Mujeres. Eran "cosas de aquellos tiempos", reflexiona ahora en entrevista con la misma revista que dirigió hace 45 años y recuerda los años en que "tenía el entusiasmo de aquel momento, la juventud, la posibilidad de crear en una sociedad que era eso, un llamado a la creación".

Divulgar y encauzar el crecimiento personal y social de las cubanas como ciudadanas plenas; debatir las complejidades del proceso de transformación de roles y estereotipos marcados por la cultura tradicional, y contribuir a la formación de la mujer y el hombre nuevo a que aspiramos, han sido algunas de las principales labores que la publicación ha cumplido con éxito hasta hoy.

Mujeres ha cumplido, con creces, con las ideas que la doctora Elsa y su equipo tuvieron al inicio: "atractiva, mensajera de cuestiones positivas para las mujeres respecto a todo: la familia, la educación, los aspectos políticos, la ideología; pero dirigida a todas -no a una élite-, sobre todo a las más rezagadas culturalmente, que no se habían integrado socialmente"