| Moncada 50 La estrategia
de Fidel para echar a andar el pueblo
Por Tomás Toledo Batard
El 26 de julio de 1953 los asaltantes a
los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes no solo perseguían tomar esos recintos
militares, sino, fundamentalmente apoderarse de las armas y echar a andar al pueblo.
Ello explica la anécdota relatada por Raúl Castro acerca de que
durante las actividades previas al asalto, Fidel repetía constantemente una frase que
pocos lograban descifrar en su verdadero contenido:"Hace falta echar a andar el motor
pequeño que eche a andar el motor grande".
El ataque al cuartel de Santiago de Cuba debía ser aquel "motor pequeño"
que desencadenara la lucha armada con la incorporación posterior de las masas, o sea, el
"motor grande".
Se afianzaba en el poder el tirano Fulgencio Batista y nada ocurría para evitarlo,
como no fueran los engaños y frustraciones generados por una llamada oposición con
politiqueros que no pasaban de declaraciones en los periódicos, fallidas conspiraciones y
desembarcos "de mentiritas".
El agravio del cuartelazo del 10 de marzo de 1952 había sido gigantesco, y el tedio
demasiado extenso. Nada serio se hacía... Un poeta anónimo resumiría años después la
situación que prevalecía en aquellos momentos en la Isla: "Tiempo de fatalismo,
miedo de los cobardes.
Todo tenía que pasar ineluctablemente, a través del vecino de 200 años, dueño de
la tierra, el sol, el aire, administrador de nuestra propia suerte, de nuestra savia y
sangre, su cruel destinatario".
Se imponía pues reunir los machetes de las primeras cargas --en este caso los rifles
22 y escopetas de perdigones-- y retomar las ideas martianas de Tampa y Cayo Hueso.
Sobraban las razones para el levantamiento en el Oriente heroico.
Allí, como dijera el propio Fidel cuando lo juzgaban por el ataque a la fortaleza,
"se respira todavía el aire de la epopeya gloriosa del 68 y el 95 (...) y cada día
parece que va a ser otra vez el de Yara o el de Baire".
En el Moncada, el segundo enclave militar del país, estaban las armas necesarias
para echar a andar la Revolución. Renato Guitart había confeccionado el plano de las
instalaciones del campamento y sabía dónde se guardaban.
Ese era el propósito fundamental de los moncadistas: arrebatarles las armas al
tirano y entregárselas a la población santiaguera, tal como se preveía hacer
simultáneamente en el cuartel bayamés Carlos Manuel de Céspedes.
El objetivo no se pudo cumplir por las razones que el jefe de la acción explicara en
La Historia me Absolverá: "La mitad de las fuerzas atacantes y la mejor armada, por
error se extravío a la entrada de la ciudad, además de chocar inesperadamente con una
patrulla que impidió el factor sorpresa".
Pero fue suficiente para encender la llama de la Revolución. El motor grande echaba
a andar...
(AIN)
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