Moncada 50

"El paquete llegó bien"

Por Martín Corona Jerez
Servicio Especial de la AIN

Su familia, como otras de la ciudad de Bayamo, estaba en la acera comentando el tiroteo escuchado hacia la zona del cuartel Carlos Manuel de Céspedes, cuando vio acercarse a Juan Olazábal, su esposa Dorca Verdecia y un joven blanco, delgado y de pelo algo ondulado.
Así comienza Georgina Guerra Vázquez a relatar lo vivido el 26 de julio de 1953.
Ella tenía entonces 22 años y un hijo, y residía en el mismo sitio de ahora, Pío Rosado 457, en la casa de su tío Roque Vázquez Tamayo, oficinista del hospital General Milanés, de la Ciudad Monumento Nacional.
Olazábal y Vázquez habían participado en la lucha contra la tiranía de Gerardo Machado y eran integrantes del partido Unión Revolucionaria Guiteras.
Juan solicitó a Roque que, por vivir en un lugar de menor concurrencia, diera protección a Adalberto Ruanes Álvarez, uno de los asaltantes a la fortaleza de la localidad, ya fallecido.
Georgina recuerda que el joven permaneció todo el día en el patio, pidió mantener la puerta abierta para levantar menos sospecha, comió, tomó café varias veces, fumó y cargó al niño.
Como varias personas lo supieron y llevaron comida, Roque decidió que Adalberto no debía dormir allí.
Antes de la despedida, Vázquez le pidió al joven revolucionario que enviara un aviso cuando llegara a la capital y, con seguridad le dijo: "Tú vas a llegar vivo a La Habana".
Atravesando patios y un callejón poco transitado, fue conducido Ruanes hasta la casa de Dolores (Chicha) Tamayo, prima del luchador guiterista, donde pernoctó aquella noche.
Con ayuda de varias personas, el combatiente salió de Bayamo y unos días después Roque Vázquez recibió el siguiente telegrama, procedente de La Habana: "El paquete llegó bien./ Saludos, / ARA".
Aquel mensaje propició una explosión de alegría en Pío Rosado 457, hubo brindis y varias personas se sumaron a la celebración, según fueron enterándose.
Vázquez Tamayo, consecuente con su trayectoria patriótica, fue un activo colaborador del Ejército Rebelde y hasta su muerte, en 1990, se mantuvo al lado de la Revolución que ayudó a cimentar.
A medio siglo de la gloriosa mañana de la Santa Ana, Georgina está jubilada, después de trabajar 36 años en la administración de instituciones de salud, y siente el orgullo de haber colocado un granito de arena en el camino de la libertad. (AIN)