Viviendas
Por Lino Luben Pérez
Servicio Especial de la AIN
Cinco décadas atrás, la situación de la vivienda en Cuba era tan grave, que un joven
abogado la definió entonces como trágica en las ciudades y en las zonas rurales por
efecto de la inoperancia social, apadrinada por el ilegítimo gobierno de Fulgencio
Batista.
Había en el país 200 mil bohíos y chozas, y 400 mil familias del campo y de la urbe
vivían hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales
condiciones de higiene y salud, advirtió a la sazón Fidel Castro, en su célebre alegato
La Historia me Absolverá.
Dos millones 200 mil personas pagaban alquileres que absorbían entre un quinto y un
tercio de sus ingresos y dos millones 800 mil carecían de luz eléctrica, señalaba en su
autodefensa en el juicio tras el ataque el 26 de julio de 1953 a los cuarteles Moncada y
Carlos Manuel de Céspedes.
Sí el Estado se propone rebajar los
alquileres, los propietarios amenazan con paralizar todas las construcciones, sí se
abstiene, construyen mientras pueden
percibir una elevada renta y después no colocan una piedra más aunque el resto de la
población viva a la intemperie, subraya Fidel y continuaba:
Otro tanto hace el monopolio eléctrico, extiende las líneas hasta el punto
donde pueda percibir una utilidad satisfactoria, a partir de allí no le importa quienes
residen en medio de las tinieblas por el resto de sus días.
El Estado se cruza de brazos y el pueblo sigue sin casas y sin
luz.
Después del triunfo de la Revolución el Primero de Enero, el nuevo gobierno emprendió
tan temprano su ofensiva contra las irregularidades en la vivienda que en ese mismo mes
creó el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.
Cuando en febrero asumió el cargo de Primer
Ministro, el Comandante en Jefe Fidel Castro anunció el proyecto para la formación del
Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda.
Luego en marzo de 1959, el Consejo de Ministros
aprobó la Ley 135 para la reducción en un 50 por ciento de los onerosos alquileres.
La medida despertó gran entusiasmo en la
población y una verdadera conmoción en los medios burgueses. Liberó de esa carga
mensual a más del 60 por ciento de las familias cubanas.
En octubre del 60 surgió la Ley de Reforma
Urbana para la entrega en propiedad de las casas arrendadas a los legítimos ocupantes,
con indemnización a sus antiguos propietarios.
Al propio tiempo se estableció un programa
estatal de construcción de inmuebles con destino social.
En noviembre de 1965 empezó el otorgamiento de
los títulos de propiedad a todas las personas que cumplían los requisitos exigidos por
la Ley de Reforma Urbana, y así tomó cuerpo una de las medidas anunciadas por Fidel en
el juicio por los sucesos del Moncada.
Sin embargo, el déficit habitacional era excesivo para una economía incipiente, que por
lógica jerarquizó la construcción de instalaciones económicas, escuelas,
hospitales y obras apremiantes urgidas de cuanto recurso hubiera, en medio de una
hostilidad creciente de Estados Unidos.
Aun así, entre 1959 y 1975 la edificación habitacional superó las 200 mil y el ritmo
tuvo que esperar por la puesta en marcha de nuevas industrias de materiales, en
función de una de las necesidades sociales que por su volumen y magnitud llevaría más
tiempo en su solución.
El abrupto surgimiento de condiciones económicas adversas por la caída de la comunidad
socialista y la desaparición de la URSS, además de la creciente hostilidad
norteamericana, influyeron en la década del 90 en la reducción hasta un 50 por ciento de
la construcción de casas, al igual que las acciones para su conservación y
rehabilitación.
Pero se pusieron en práctica nuevas iniciativas constructivas, a partir del uso de
materias primas y materiales localmente disponibles, con bajos insumos
energéticos y, sobre todo, sumaron la participación popular a la solución de tales
dificultades.
A pesar de que todavía es insuficiente, el número de hogares promedio aumentó a 50 mil
anuales en el período de 1996 a 1999. En 2002-03 concluyeron 238 121 casas que sufrieron
los embates de tres huracanes.
En La Historia me Absolverá Fidel Castro proclamó seis necesidades básicas que el
cubano tendría derecho a asumir: la tierra, la industrialización, el empleo, la
salud, la educación y la vivienda.
Solo escasos años bastarían para que el Programa del Moncada fuera una realidad en un
problema que nadie en el mundo ha resuelto. (AIN)
Si hoy la niñez cubana ostenta índices por encima del resto de Latinoamérica e incluso
de países desarrollados, se debe a la materialización del programa del Moncada y a la
profundización de nuestro desarrollo socialista.
Actualmente no existe un niño sin escuela ni maestro y en apartados lugares, como las
montañas, tampoco hay un menor o adolescente con deficiencia física o retraso mental que
no cuente con una escuela especial a su alcance.
En Cuba se lleva a cabo en estos momentos una revolución profunda en el campo educacional
y hay nuevas y más elevadas metas en esa importante esfera.
Este programa ni siquiera lo habíamos soñado en nuestros años de jóvenes y radicales
revolucionarios, cuando el Moncada, el Granma, y triunfamos en 1959 tras 25 meses de
lucha, afirmó Fidel en el congreso Pedagogía ¨2003.
El sistema de enseñanza preescolar abarca el 99,2 por ciento de la población infantil de
cero a seis años, tiene la cobertura más alta del mundo.
Este sistema cuenta con una experiencia validada por el Fondo de Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF). Por otro lado, se utilizan medios modernos y para llevar la
instrucción a todos los territorios de la Isla y se crearon salas de televisión con
funcionamiento mediante células fotovoltaicas en comunidades no electrificadas.
Esto permite programas de introducción de la computación también en comunidades
serranas.
Ya en el curso recién concluido la computación se enseñó en primaria y a partir del
próximo se hará en los Círculos Infantiles.
El panorama actual resulta muy diferente al momento en que fue pronunciado el histórico
alegato La Historia me Absolverá, donde Fidel dijo: "El 90 por ciento de los niños
del campo está devorado por parásitos que se filtran desde la tierra por las uñas de
los pies descalzos."
Además, subrayó: "la sociedad permanece
indiferente ante el asesinato que se comete con tantos miles de niños que mueren todos
los años por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor."
Y más adelante expresó: "A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos,
semidesnudos y desnutridos menos de la mitad de los niños en edad escolar..."
Las transformaciones en los años siguientes al triunfo de 1959 permitieron que la niñez
se redimiera y pasara a ser privilegiada por derecho.
En salud, por ejemplo, están erradicadas la poliomielitis, difteria, tétanos neonatal,
meningitis tuberculosa y las complicaciones graves del síndrome de la rubéola congénita
y la meningoencefalitis posparotiditis.
No constituyen hoy problemas de salud la
rubéola, el paludismo, el tétanos ni la parotiditis (paperas), ni el sarampión. Los
menores en el primer año de vida son
inmunizados contra 13 enfermedades, incluida la hepatitis B y la hemophilus influenzae.
La mortalidad infantil en 2002 es de 6,5 por mil nacidos vivos, la menor tasa de América
Latina. Contrasta la cifra con el 70 de 1958.
Ante estos logros, la UNICEF reconoció que los niños nacidos en Cuba tienen mayor
oportunidad de sobrevivir en los primeros años de vida que los de la región de América
Latina y el Caribe.
Si se reflexiona en el alcance de la gesta del 26
de Julio, se concluye que hay mucho que reconocer a la Generación del Centenario por
estas conquistas que nos han dado una infancia educada y sana. (AIN)
Salud Pública
Por Iris Armas Padrino
Servicio Especial de la AIN
Las grandes desigualdades y agudos contrastes en que vivía Cuba antes del triunfo de 1959
fueron denunciados en el Programa del Moncada, bien delineado por Fidel Castro en su
histórico alegato La Historia Me Absolverá.
Tal tétrica situación solo era salvable con las medidas propuestas en ese documento, que
50 años después son una realidad irreversible y ejemplo de verdadera justicia social.
La salud resultaba quizás una de las ramas más demostrativas de la precariedad y
diferencias a que estaban sometidos los cubanos. Baste citar que el 14
por ciento de los campesinos padecía de tuberculosis.
El país contaba con unos seis mil médicos para una proporción de un galeno cada mil 076
habitantes y 3,3 camas por cada mil personas.
Según investigación de la Agrupación Católica Universitaria en el período de 1956-57,
la red de salud pública, fundamentalmente urbana, constaba de 87 hospitales y 1 61 Casas
de Socorro, por lo que solo el ocho por ciento de l a población rural recibía atención
médica.
La esperanza de vida al nacer era de 60 años y entre las principales causas de muerte
figuraban las enfermedades diarreicas agudas y la tuberculosis, mientras la mortalidad
infantil superaba los 60 por cada mil nacidos vivos.
"De tanta miseria solo es posible librarse
con la muerte, y a eso sí los ayuda el Estado: a morir. El 90 por ciento de los niños
del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas
de los pies descalzos", señaló Fidel en La Historia Me Absolverá.
"La sociedad se conmueve ante la noticia del secuestro o el asesinato de una
criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete
con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos,
agonizando entre los estertores del dolor...
"El acceso a los hospitales del Estado,
siempre repletos, solo es posible mediante la recomendación de un magnate político que
le exigirá al desdichado su voto y el
de toda su familia para que Cuba siga siempre igual o peor, subrayó en su
alegato el líder revolucionario.
Esa situación fue revertida radicalmente luego
del 59 y pese al férreo y criminal bloqueo norteamericano impuesto hace más de cuatro
décadas.
La Antilla Mayor muestra hoy indicadores
sanitarios comparables con naciones altamente desarrolladas: una mortalidad infantil de
6,5 por cada mil nacidos vivos y la inmunización de los pequeños contra 13 enfermedades
prevenibles.
Más de 60 mil galenos se han graduado, de ellos
la mitad son Médicos de la Familia, quienes cubren la totalidad de la población,
incluidas zonas rurales, por lo cual la Isla tiene un profesional de la medicina por cada
169 habitantes.
Ya se superan los 400 policlínicos y 270
hospitales con casi 50 mil camas y se fortalece la atención primaria, como primer
eslabón del sistema sanitario, en aras de acercar esos servicios a la comunidad y
mantener, entre otros logros, la expectativa de vida de los cubanos al nacer, fijada ahora
en 76 años.
Otro anhelo de quienes atacaron el Moncada se ha cumplido en estos años: el sentimiento
solidario y la cooperación, acción internacionalista iniciada en 1963
en Argelia y que hoy multiplican más de 52 mil médicos en 93 naciones de Centroamérica
y Africa.
A 50 años del 26 de julio, el programa sanitario elaborado entonces y puesto en marcha al
triunfo de la Revolución, constituye en la actualidad una de las
conquistas más emblemáticas del sistema social cubano. (AIN)
Electrificación
nacional
Por Cira Rodríguez Cesar
Servicio Especial de la AIN
Los más agudos problemas del país fueron descritos en 1953 por Fidel Castro en su
trascendental alegato La Historia Me Absolverá. Con la misma precisión con que el
documento planteaba su solución, se ejecutaron a partir del triunfo revolucionario del 59
las medidas para eliminar con creces esos males.
Uno de ellos, la deficiente electrificación nacional, era causado por el "monopolio
eléctrico que extendía las líneas hasta el punto donde podía percibir una utilidad
satisfactoria, pues a partir de allí no le importaba que las personas vivieran en las
tinieblas por el resto de sus días".
Solo el 56 por ciento de la población disponía de ese servicio y aunque habían varios
cientos de sistemas eléctricos, el existente no era continuo y las familias que lo
recibían solo consumían como promedio 69 kilowatt/ hora mensuales. La potencia instalada
de generación era de 397,1 megawatt.
Para la mayoría, tener luz era un privilegio, situación radicalmente diferente al cierre
del pasado año cuando el 95,24 por ciento de las viviendas cubanas estaba
electrificada, con un consumo promedio mensual del 140 kilowatt/ hora, el doble de la
cantidad denunciada por Fidel en 1953.
Pero no se trata de cifras, pues la capacidad de generación instalada devenía
insignificante. Toda la existente hoy (dos millones 208 mil 700 megawatt) la creó
la Revolución, y es cinco veces mayor a la del 59, la que ahora permite generar ocho
veces más electricidad.
¿Pero qué hizo posible cumplir en tan corto
tiempo el Programa del Moncada?
La construcción de modernas centrales
termoeléctricas en todo el país que contribuyeran a una entrega y distribución estable
de energía fue una de las principales prioridades: surgieron así la Máximo Gómez, de
Mariel; la Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, y Lidio Ramón Pérez, en Holguín.
Otras potentes plantas que funcionan en la actualidad son 10 de Octubre, en Nuevitas;
Carlos M. de Céspedes, en Cienfuegos, y la colosal Antonio Guiteras, de Matanzas.
Junto con esas seis termoeléctricas fueron creadas otras facilidades para enlazar al
país en un sistema nacional único desde oriente a occidente, capaz de
transferir energía de una zona a otra y aprovechar más la capacidad de generación.
Hubo por ende necesidad de desarrollar la red principal de transmisión a 220 mil volt
(que no existía antes de la Revolución), el doble circuito con alrededor de
3 mil 100 kilómetros de longitud, 27 grandes transformadores de transmisión y 91
interruptores de alto voltaje, que se extienden desde Santiago de Cuba hasta
Pinar del Río.
Adicionalmente se ampliaron las redes de 110 mil volt para conectar los principales
núcleos poblacionales, las industrias y polos turísticos a la red principal de alto
voltaje.
Significativo resultó asimismo el amplio
desarrollo de las redes de distribución hacia zonas intrincadas de la Sierra Maestra, el
Escambray, y la Cienaga de Zapata, entre otras, lo que se complementa con el uso de mini-
hidroeléctricas, generadores aislados y paneles solares para escuelas, médicos de la
familia, salas de videos y comunidades, la mayoría en apartadas zonas montañosas.
A todo este accionar energético de Cuba hay que unir la empresa ENERGAS, en Varadero, que
en fecha próxima debe alcanzar su máxima capacidad instalada de 205 megawatt, a partir
del aprovechamiento del gas acompañante del
petróleo, proyecto que también se ejecuta en Boca de Jaruco.
Este amplio recuento ratifica que no hubo un solo rincón del país caribeño donde el
desarrollo de la Revolución dejara de llevar la energía eléctrica, para
iluminar cada programa económico, social o político propuesto en La Historia Me
Absolverá. (AIN)