Moncada 50

PRIMERAS RAZONES PARA UN 26


Por Ángel Rodríguez Álvarez
Servicio Especial de la AIN

El golpe de estado pro imperialista del 10 de marzo de 1952 provocó una conmoción general en la sociedad cubana, a pesar de que esta tenía en crisis permanente sus instituciones y sistema democrático.


De un plumazo Fulgencio Batista eliminó la Constitución de 1940 e implantó sus ilegales estatutos, suprimió la Cámara de Representantes y el Senado e interrumpió las actividades de todos los partidos a solo 80 días de unas
elecciones generales en las que el pueblo, de manera absolutamente mayoritaria, otorgaría el mando de la nación al Partido Ortodoxo, agrupación de corte reformista con amplio arraigo en las masas populares.


El control, la amenaza y la represión policial se hicieron sentir ante la más mínima intolerancia de la oposición, aun las que propugnaban soluciones pacíficas. La
crisis política apuntaba aceleradamente a un callejón sin salida.


Una mirada a los acontecimientos políticos del mes de julio de 1953 reflejados en la sección en Cuba, de la revista Bohemia, días antes de la acción revolucionaria que marcó un hito en el devenir histórico de la mayor de las Antillas, es suficientemente abarcador para explicar sus motivaciones.


En un ambiente de intensa expectación nacional pero también de escepticismo, comenzó a juzgarse el 18 de julio ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Doctor Alfredo Zaydín y otros 25 ciudadanos, contra la llamada Ley Constitucional del 4 de abril de 1952, con los cuales el dictador sustituyó la Carta Magna de la nación, vigente
desde 1940.


Seis días después se declaraba, tal como era de esperar: ¡No ha lugar¡ el recurso, legalizándose de ese modo el régimen de facto y los Estatutos impuestos al país como ley suprema.


Frente a las protestas populares por la arbitraria decisión, el Servicio de Inteligencia Militar y la Policía bloquearon los accesos al Tribunal y convirtieron la Plaza de Armas en zona beligerante. El comandante Rey Castro vociferaba a los fotógrafos: "Aquí no se puede tirar una sola fotografía."


Otro de los temas políticos dominantes del ambiente era la declaración formulada por el coronel Silito Tabernilla, ayudante del Presidente, revelando un plan denominado "La invasión del país XXVI: Cuba". El plan, según la denuncia
pública, consistía en la existencia de "un evento bélico que puede transformar la fisonomía política del país".

Los detalles hablan de una conspiración encaminada a producir un levantamiento armado popular con el desembarco de fuerzas expedicionarias que incluyen el empleo de recursos de la guerra moderna. Los principales jefes del proyecto eran el ex presidente Carlos Prío, el ex ministro de educación Aureliano Sánchez Arango, y el conocido pistolero Eufemio Fernández.


Se afirma fue aprobado en Montreal, Canadá. En realidad todo es fruto de la fértil fantasía del gobierno, con el propósito de crear un ambiente que justifique medidas represivas contra elementos de la oposición.


Curiosamente llega a Cuba por esos días el nuevo embajador de los Estados Unidos, Arthur Gardner, capitán del Ejército en la Primera Guerra Mundial y amigo personal del presidente Eisenhower. Mister Gardner se convertiría poco tiempo después en admirador, socio y colaborador del tirano Batista.


Radio "Bemba" también estuvo muy activa por aquellas jornadas. Rodaba el rumor de que el Jefe de la Policía, el brigadier Rafael Salas Cañizares, seria sustituido debido a una pugna con el Jefe del Ejército. Igualmente se hablaba
de cambios en el Consejo de Ministros, sin precisar nombres, y que Batista no sería candidato en las elecciones generales de 1954, manejándose como sustitutos a Carlos Saladrigas y al veterano batistiano Carlos Mendieta.


Corrían ,asimismo, insistentes rumores sobre Roberto Agramonte, sustituto de Chibás al frente del Partido Ortodoxo, que lo situaban como un electorero más a punto de pactar con el gobierno. La "bola" la echaron a rodar enemigos políticos de la misma ortodoxia.


Hasta aquí solo unos ejemplos tomados de la prensa diaria de la época y sin otras pretensiones que ofrecer una visión general de aquella republica democrático-representativa, pluripartidista, organizada a imagen y semejanza de quienes la recolonizaron durante medio siglo, a todas luces urgida de una operación quirúrgica a fondo, como esa que iniciaron hace medio siglo los muchachos de la Generación del Centenario. (AIN)