Moncada 50

MARTIRES VILLACLAREÑOS EN SANTIAGO Y BAYAMO


Por Eduardo Luis Martín
Servicio Especial de la AIN

Por su carácter, capacidad de organización, discreción y honradez, Abel Santamaría Cuadrado fue designado por Fidel segundo jefe del movimiento y en quien depositó la responsabilidad de continuar al frente de la lucha revolucionaria si a él le tocara caer en la heroica gesta del Moncada.


Junto a su hermana Haydée, integró el grupo de asaltantes villaclareños a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

El carismático joven nació en el municipio de Encrucijada, el 20 de octubre de 1927, en un hogar de procedencia proletaria.

Comenzó a trabajar tempranamente en el antiguo central Constancia, que hoy lleva su nombre, y donde aprendió acerca de las luchas de los trabajadores azucareros.

Después se trasladó para La Habana con el interés de estudiar, pero tuvo necesidad de buscar empleo, primero en la textilera Ariguanabo y luego en la agencia de autos Pontiac.

Cursó el tercer año de bachillerato, leía mucho a Martí y participó en la confección de los periódicos clandestinos "Son los mismos" y "El Acusador".
EL creó las condiciones organizativas en Santiago de Cuba, a donde viajó antes del grueso del grupo para recibir a los asaltantes y acopiar las armas en la Granjita Siboney.

Aunque deseaba ocupar la primera línea de combate para preservar la vida de Fidel, disciplinadamente aceptó ir con quienes apoyaron el ataque desde el hospital Saturnino Lora.

Antes de cumplir la misión dijo: "Es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo nuestro, pero si el destino es adverso estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque lo que pase en el Moncada se sabrá algún día, la historia lo registrará y nuestra disposición de morir por la Patria será imitada por todos los jóvenes de Cuba".

De Santa Clara era Osvaldo Socarrás Martínez, nacido el 27 de noviembre de 1918, hijo de familia humilde, y quien en busca de mejores condiciones marchó hacia la capital, donde ejerció como barbero y parqueador frente el Parque
Central.

El medio hostil le forjó un carácter firme y opuesto a toda opresión y explotación. Una muestra fue su declaración al periódico Hoy, que publicó una entrevista en la cual Socarrás manifestó su desprecio al golpe del 10 de marzo y afirmó que "los cubanos pobres solo recibieron del gobierno hambre y miseria cada vez mayores".


Contactó con los hermanos Ameijeiras y conoció más tarde a Fidel, quien le causó una grata impresión. En visita ocasional que hace a la urbe santaclareña le expresa al padre: "Conocí al hombre que le dará la libertad a Cuba, es Martí en persona".
Tras asaltar el cuartel Moncada, Socarrás fue torturado y asesinado en el propio recinto.

Nacido en Caibarién el 9 de agosto en 1935, Pablo Agüero Guedes se trasladó poco tiempo después con sus padres a La Habana, donde fijan su residencia. Trabajó en la tenería de la Lisa y pasó posteriormente al sector de la
construcción como aprendiz.

La noche del 24 de julio partió con sus compañeros rumbo a Bayamo para tomar el cuartel de esa ciudad, en acción simultánea con la del Moncada. Allí fue asesinado después del combate.

"Voy a la muerte, tengo la seguridad de que voy a morir, pero la causa que defendemos no admite demora, estoy enfermo de asco desde que se encaramó en el poder el tirano",exclamó Elpidio Sosa González antes de marchar a
Santiago de Cuba.


Natural de Sagua la Grande (4 de marzo de 1929) su familia era de procedencia campesina. La niñez y juventud transcurrieron en su ciudad natal. Estudió hasta el octavo grado y fue viajante de la firma "Hilos Capitolio".


Después viajó con sus parientes a la capital, donde encontró ocupación en el comercio. Se unió al Partido Ortodoxo y conoció a Fidel y otros revolucionarios. Joven de ideas progresistas, despierta admiración entre sus compañeros. Entregó al movimiento los 300 pesos que le pagaron por su puesto de trabajo.


Dijo poco antes del Moncada: "Lo que hay que hacer se hará, yo seguramente no podré verla, pero surgirá una Cuba nueva,limpia y diferente".
También de Sagua la Grande era el mártir moncadista Roberto Mederos Rodríguez (21 de febrero de 1929). De niño marchó a la urbe capitalina, en unión de sus padres y su vida laboral la desarrolló en la librería y casa de filatelia "Venecia". Allí se iniciaron sus inquietudes políticas, que canalizó acercándose de lleno al grupo seguidor de Eduardo R. Chibás.


Por sus actividades con los estudiantes comienzan a perseguirlo. Laboraba activamente en el movimiento revolucionario, junto a Elpidio Sosa, Juan Manuel Ameijeiras, Ñico López y a otros hermanos de ideales.


El aporte de los villaclareños a la heroica acción del 26 de julio fue muestra del sentimiento generalizado de los jóvenes cubanos de esa época, quienes formaron el destacamento de vanguardia que no dejó morir al Apóstol en
el año de su centenario. (AIN)

 RENATO: TODO INOLVIDABLE EJEMPLO


Por César López Gil
Servicio Especial de la AIN

Entre los ribetes gloriosos de la epopeya del 26 de Julio de 1953 se destaca el empeño previo que concluyó con los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.


Muchos tuvieron que ver con ello. Dentro del movimiento revolucionario todos sus integrantes dieron su aporte para alcanzar ese objetivo, pero hubo figuras decisivas como Renato Guitart Rosell, alma organizadora, eficaz colaborador, "todo inolvidable ejemplo".


Precisamente, Fidel Castro ha considerado que lo más difícil de las acciones no era atacar y tomar los cuarteles, "sino el gigantesco esfuerzo de organización, preparación, adquisición de recursos y movilización, en plena clandestinidad, partiendo virtualmente de cero."


Principios del movimiento de la Generación del Centenario fueron la disciplina, discreción y la constancia, en los que se hallaban involucrados más de mil 500 personas, captadas entre lo más sano de la juventud cubana de entonces.

Solo así fue posible que 153 combatientes viajaran desde la zona occidental a la oriental sin que se filtrara el menor detalle, sin que los cuerpos represivos de la tiranía vislumbraran una confrontación de ese tipo.


Ello habla de la calidad patriótica de los jefes y militantes de este movimiento, aún sin nombre y luego llamado "26 de Julio".
Renato Guitart Rosell era el único santiaguero residente en esa ciudad que sabía del ataque. Fue también el primero en caer al cruzarse las primeras balas con los soldados de la tiranía.


Había nacido el dos de noviembre de 1931 en el seno de una familia acomodada de Santiago de Cuba. El ideario martiano y el sentido de la Patria y la libertad habían nutrido su niñez y adolescencia.


Por eso no es extraño que apenas conoció a Fidel y a quienes conspiraban con él, se sumara a una de las células revolucionarias. Detrás quedaban la práctica de deportes y su integración a clubes de alta sociedad, a segundo plano pasaron su interés en los negocios marítimos.


Pronto, el joven de mirada profunda y sonreír permanente está entre los organizadores de las futuras acciones.
Integra el comité militar del movimiento, y en múltiples ocasiones viaja entre Santiago y La Habana, para cumplir las misiones e instrucciones de Fidel.


El plano del cuartel Moncada, la disposición de las fuerzas y armas dentro de la fortaleza, el movimiento interno de sus efectivos, todo ello es investigado por Renato, lo cual será decisivo a la hora de concebir el asalto.


Se ocupa de comprar armas, parque y otros avituallamientos, encuentra los lugares en Santiago de Cuba y Bayamo donde se albergarán los 153 futuros combatientes, gestiona el hospedaje, arrienda casas y acondiciona los lugares de alojamiento.


Junto con Fidel y Ernesto Tizol halla la Granjita Siboney, futuro sitio de acuartelamiento y punto de partida de los asaltantes al Moncada en la madrugada del 26 de julio, y finalmente comanda la escuadra de la vanguardia de ocho hombres, que tiene la estratégica misión de tomar la Posta Tres y franquear la entrada a la fortaleza.

Entablado el combate a las 5 y 15 de la mañana, con arrojo va a combatir, y varios disparos siegan su vida. Es uno de los seis revolucionarios caídos en la acción militar.


El 16 de diciembre de 1954, desde una celda en el Presidio Modelo, Fidel le escribe a René, padre de Renato: "Las palabras están de más cuando los sentimientos quieren hablar; es preciso adivinar lo que uno siente y no puede expresar aunque pudiera (...) Renato está y estará perennemente presente entre nosotros, y estará cada día más en el corazón de todos los cubanos; él, todo ideal, todo valor, todo dignidad, todo inolvidable ejemplo, era de los que sabían que nunca mueren los que caen por lo que él cayó". (AIN)