Cuba
mi palabra sea XXXVII

Por Mercedes Santos
Moray
En la emigración, y
en el aniversario de la Asamblea Constituyente de Guáimaro,
el 10 de abril de 1895 se proclamaría el Partido
Revolucionario Cubano y a su Delegado, José Martí.
No era la obra de un
individuo ni el producto del caudillaje, sino la expresión
coherente de una política, una de las mayores
contribuciones que dio Martí al diseño de la independencia
de Cuba.
"Nació uno, de
todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro,
quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo
ambiciona, cae.
Perdura, lo que un
pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cuba, es el pueblo
cubano."
Con él, ascendía el
programa revolucionario que superaba las manquedades de los
planes insurreccionales anteriores, aislados o colectivos,
que ignoraban las necesidades de la historia, en el
concierto geopolítico donde Cuba latía, en su confrontación
no sólo con el colonialismo hispano, sino también con el
pujante imperialismo norteamericano.
"La política
real fue la de restaurar en la emigración la fe perdida en
los consejos del pensamiento; la de proteger a los héroes
de su impaciencia, y a la patria de las invasiones parciales
fomentadas por sus enemigos; la de impedir entre los
emigrados la batalla de clases que los políticos dormidos,
por escasez de previsión y justicia, han permitido que en
la Isla se apasione; la de renovar el alma de Yara..."
Con el concurso de
todas las voluntades se organizaba ese frente pluriclasista,
de hondo sentido popular y democrático, para organizar la
guerra necesaria y fundar la república.
"Así, de la obra
de doce años callada e incesante, salió, saneado por las
pruebas, el Partido Revolucionario Cubano."
Docena de años que comienza en el combate de la llamada
Guerra Chiquita, proyecto insurreccional en el que el propio
Martí se vio involucrado, tanto en la Isla como en el
exilio norteamericano, y luego en el transcurso de los años
del destierro, tras vencer resentimientos, recelos y
rencores muy diversos.
El estudio de los
factores que llevaron al Zanjón y que también estaban
latientes en el período del reposo turbulento, la
experiencia acumulada, tanto en España como en la América
nuestra, y la vivencia que testimonió Martí, desde sus crónicas,
del complejísimo proceso histórico de la construcción de
los llamados Estados Unidos modernos, todo se invierte por
el Delegado en la obra del Partido.
El fue su fundador, el
revolucionario cubano y latinoamericano de mayor proyección
del siglo XIX, quien trazó en el entramado de la
guerra y en la concepción de la república, con todos y
para el bien de todos, un programa revolucionario de
absoluta vigencia a más de cien años, ante los problemas
que perviven sin solución, para nuestra América en la no
menos compleja madeja contemporánea, donde el destino de
Cuba se inserta.