Cuba
mi palabra sea XXVI

Por Mercedes Santos
Moray (*)
En los salones
neoyorquinos de la Sociedad Literaria Hispanoamericana, el
19 de diciembre de 1889, y ante los delegados que asistieron
a la Conferencia Internacional Americana, José Martí
pronunciaría el discurso que se conocería como Madre América.
Este sería
un texto precursor, por sus ideas, del ensayo Nuestra América
que publicaría en enero de 1891. Entre ambos trabajos se
despliegan vivencias y experiencias desgarrantes, la
presencia factual de un partido anexionista y las fuertes
tendencias expansionistas de la nación norteamericana, en
el diseño más perfilado de la política imperial.
También,
para preocupación de Martí, podría constatar las muy
diversas y desiguales interpretaciones existentes, entre las
delegaciones latinoamericanas, y en las sociedades de
nuestras repúblicas, sobre la verdad de los Estados Unidos,
esa que él había venido denunciando desde sus crónicas en
La Nación, y a pesar de la censura, por espacio de casi
nueve años:
"Pero por
grande que esta tierra sea, y por ungida que esté para los
hombres libres la América en que nació Lincoln, para
nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose
tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande,
porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz, la América
en que nació Juárez."
Desearía
acotar la selección martiana de ambos paradigmas: Lincoln y
Juárez, dos figuras que fueron coetáneas, y que en cada
uno de sus contextos sociales debieron asumir el liderazgo
de una lucha heroica.
El
primero, al frente de las corrientes abolicionistas y de los
estados del Norte en la cruenta guerra civil, y el otro, el
indio sublime, en la batalla no menos cruenta de la guerra
contra el ocupante francés y el imperio del austríaco
Maximiliano.
Y es que
los dos contextos explicitan igualmente una conciencia
revolucionaria, de fuerte eticidad, donde se diseña
igualmente la estructura social de ambas naciones, la del
Norte y la del Sur, tomándose a los Estados Unidos y a México
como dos lanzas en el concierto histórico de las dos Américas.
En sintético
discurso, José Martí repasa la historia de nuestros
pueblos, desde las primeras insurrecciones criollas, como
las de los Comuneros del Socorro, y avanza en el deslinde de
la nacionalidad, al tiempo que penetra en fuertes sustancias
éticas, culturales, políticas y económicas como apelativo
a la razón y a la inteligencia de sus contertulios.
Las
contradicciones del proceso de nuestra historia, en su
proyección continental fluyen en la oratoria del cubano,
capaz por su amplísima cultura y su singular capacidad de
análisis,de aprehender la sustancia e ir a las raíces, con
una agudeza que deslumbra y todavía cobra vigencia,
abocados como están nuestros países a defender la
independencia y la soberanía, y a luchar por la justicia
social.