Cuba
mi palabra sea XXIX

Por: Mercedes Santos Moray
En la década del noventa se manifiesta la plenitud
de la prosa y
el verso martianos, la madurez plena de su discurso
estético y también de su pensamiento político.
Con sólo 38 años, José Martí está en la
plenitud de su
intelecto y de su sensibilidad humana y artística. Es,
a no dudarlo, el ideólogo de la revolución, el
hombre que traza el diseño del desarrollo posterior
del proyecto independentista.
Tras la vivencia de la primera Conferencia Panamericana, celebrada de 1889 a 1890 y convocado a participar,
como delegado de la República Oriental del
Uruguay, en las sesiones de la Comisión Monetaria Internacional,
luego de una década de residencia en
los convulsos procesos históricos y económicos,
sociales, culturales y étnicos que se producen en los Estados Unidos, y con el aval de su propia
experiencia en otras repúblicas latinoamericanas, insertas en el pensamiento del liberalismo decimonónico, puede José Martí transformar su pensamiento y gestar todo un programa político que abarcaba, comprendiéndola, la independencia de Cuba
pero que se extendía, como proyecto global hacia las tierras americanas, la de los pueblos y naciones que se
extienden desde el Río Bravo a la Patagonia.
Por eso, puede publicar el 1º de enero, en la Revista Ilustrada, de Nueva York y reproducirlo, el 30 de ese
mes, en las páginas de El Partido Liberal, de México uno de sus textos medulares: el ensayo
Nuestra América.
Su amplísima cultura, su devoción por la historia
y la crítica
de los procesos sociales y republicanos en Hispanoamérica,
su aval del destierro en la península,
su trato del feroz colonialismo, impuesto
tanto en Cuba como en Puerto Rico, en nuestro hemisferio, como allende sus fronteras, véase
Filipinas, y su conocimiento raigal de Norteamérica
le permitieron teorizar en este estudio suyo donde
todos los factores se despiezan por el prosista.
La historia, desde la colonia a la república, la
educación y la formación de códigos éticos y conductuales, los males que perviven del coloniaje en las repúblicas
libres, la emergían del poderío norteamericano,
la influencia y el mimetismo de las
corrientes culturales de Europa, los problemas no resueltos
de las masas indígenas, las secuelas de la esclavitud
y el racismo, el mal llamado dilema de la
civilización y la barbarie, dentro del pensamiento
liberal hispanoamericano son algunos de los muchos tópicos que abordará Martí en este texto lapidario, de
extraordinaria vigencia para el presente de nuestros
pueblos y su futuridad.
No existe en el
pensamiento social latinoamericano del
diecinueve una conceptualización histórica, un
análisis y valoración críticos como los
elaborados, ya
desde el plano teórico, por Martí en Nuestra
América, referente obligado para la propia estrategia de
la independencia de Cuba y la construcción de la
república justa, democrática, soberana y popular,
nacida de la guerra
necesaria.