Cuba
mi palabra sea XXII

Por
Mercedes Santos Moray
El año
1889 fue uno de los más intensos en la vida de José Martí.
Dentro de sus actividades políticas, periodísticas y
literarias, sobresale la publicación, el 25 de marzo, de
Vindicación de Cuba, en las páginas del periódico
neoyorquino The Evening Post.
Con ese
artículo, Martí refuta al aparecido en ese órgano, el 21
de marzo, bajo el título de Una opinión proteccionista
sobre la anexión de Cuba, y especialmente, al trabajo ¿Queremos
a Cuba?, editado en el diario republicano The Manufacturer,
de la ciudad de Filadelfia, el 16 de marzo de ese año.
Este
texto del Apóstol es una espada afilada contra el
anexionismo, corriente que siempre estuvo latiente en la
nación norteamericana, desde los tiempos de Quincy Adams y
del propio Thomas Jefferson y que se desplegó con la teoría
de la fruta madura.
Tanto a
los políticos republicanos como a los demócratas responde
Martí, y se dirige, igualmente a la comunidad cubana
emigrada, para dilucidar el problema y puntualizar en sus raíces
y consecuencias para la Isla.
Las tesis
cuajadas de prejuicios racistas, de explícito menosprecio
hacia la población cubana, a la que virtualmente se le
deparaba el exterminio para adueñarse de las riquezas del
país, encontraron el análisis martiano, su vocación de
dignidad, patriotismo y decoro porque, para los
revolucionarios cubanos, al decir de Martí: "Sólo con
la vida cesará entre nosotros la batalla por la
libertad."
Desmenuzar la historia de las relaciones entre ambas
naciones, entendida Cuba como nación por el Apóstol desde
los días de la Demajagua, fue también obra de ese artículo
suyo donde se recordó a los Estados Unidos la actitud
mezquina que sostuvieron sus autoridades, cuando los días
de la Guerra Grande: "Merecemos en la hora de nuestro
infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando
quisimos sacudirlo."
Como
igualmente validó Martí, desde la presencia de los
emigrados cubanos en Norteamérica, particularmente en Tampa
y Cayo Hueso, la laboriosidad de los patriotas: "los
que, con sus elementos menos preparados, fundaron una ciudad
de trabajadores donde los Estados Unidos no tenían antes más
que unas cuantas casuchas en un islote desierto; ésos, más
numerosos que los otros, no desean la anexión de Cuba a los
Estados Unidos. No la necesitan."
En ese año
de 1889 será el verbo martiano, en la prensa continental
hispanohablante, lúcida denuncia de los males que ya roían
la sociedad norteamericana, donde emergía la voracidad
imperial. "Amamos la patria de Lincoln, tanto como
tememos a la patria de Cutting."
Porque
la lucha no sería sólo contra el obsoleto colonialismo
español, sino contra el imperialismo que avanzaba en los
buques de guerra, con los productos, la tecnología y las
finanzas de los Estados Unidos sobre las tierras de América.