Cuba
mi palabra sea XV

Por: Mercedes
Santos Moray (*)
Pocos
textos hay en la historia de Cuba de tanta intensidad,
expresión de civismo que también manifiesta una enorme
angustia, como la cartaescrita el 20 de octubre de 1884 por
José Martí a Máximo Gómez.
"Un pueblo
no se funda, General, como se manda un campamento...",
dirá dos días después del encuentro con el caudillo
dominicano y con el General Antonio Maceo en el hotel de
Madame Griffou, instalado en la calle 9 número 21 Este, de
Nueva York, donde se alojaban ambos héroesde la Guerra
Grande.
¿Quién
era Martí? Un hombre de 31 años que había conocido en la
adolescencia de los trabajos forzados en el presidio, del
destierro, la cárcel, el exilio y que, infructuosamente,
había tratado de llegar a la manigua, tanto en la primera
contienda bélica como en la llamada Guerra Chiquita.
Pero era
un civil, sin historial militar frente a los dos paladines
del 68: el militar dominicano que forjó a los oficiales y
al Ejército Libertador, y el Titán que levantó la bandera
caída en el Zanjón con la Protesta de Baraguá.
El
desconcierto, la herida, el agravio inundaron el pecho del
Generalísimo, quien escribió, al dorso de la carta
martiana, que él no respondía las ofensas.
Pero
quedó el surco profundo del desgarramiento, tanto en Gómez
como en Maceo, diferencias que irá salvando la propia vida
y, sobre todo, el amor que los tres profesaban a Cuba, a su
independencia y a su libertad.
Mas la
carta del todavía joven Martí no era sólo la expresión
de una cólera, ni un gesto patético de rebeldía ante el
mando de ambos patriotas en el diseño de la empresa
insurreccional. Era la expresión de profundas
reflexiones de índole política, nacidas del estudio de la
propia historia de Cuba en Armas.
"Ya lo veo a Vd. afligido, porque entiendo que Vd.
procede de buena fe en
todo lo que emprende, y cree
de veras, que lo que
hace, como que se siente
inspirado de un motivo
puro, es el único modo bueno
de hacer que hay en sus
empresas. Pero con la mayor
sinceridad se pueden
cometer grandes errores..."
Volvía a
aparecer el fantasma de las divergencias entre civiles y
militares, a la luz del pasado, de las incongruencias de una
Cámara de Representantes y de un Ejército, pilares de un
complejísimo entramado nacido en Guáimaro, que sostuvo,
contradictoriamente, a la República en Armas.
Esta ruptura de Martí
con el llamado plan Gómez-Maceo, incluso su retirada del
proyecto insurreccional, creó para el Apóstol muchas
incomprensiones entre sus compatriotas emigrados.
Vendrían
entonces años de fatiga y silencio, de intenso trabajo en múltiples
frentes hasta emerger, con nuevos bríos, maduras las ideas
y contextualizadas en nuevos giros de la espiral histórica,
esos que lo llevaron a fundar el Partido Revolucionario
Cubano para preparar la guerra necesaria, con la unidad de
los cubanos y el concurso decisivo, al frente del Ejército
Libertador, de Máximo Gómez y de Antonio Maceo, en 1895.