Cuba
mi palabra sea XVI

Por: Mercedes Santos Moray
En
una nota, José Martí confesó que escribió en siete días
esa “noveluca” que apareció con el seudónimo de
Adelaida Ral, en El Latino Americano, de Nueva York, a
manera del folletín por entregas, en 1885, con el título
de Amistad funesta.
Ello
condenó al silencio a esa su única novela, la misma que
posteriormente pensó darle vida, en formato de libro, pero
bajo el nombre de su protagonista: Lucía Jerez.
Afortunadamente, y con el tiempo y un proceso de
acercamiento crítico más integral, la narración martiana
comenzó a tener más suerte, y fue para los estudiosos algo
más que una magnolia, flor que tipifica al argumento de esa
historia.
Según
apunte de su autor, en esta “debía haber mucho amor;
alguna muerte; muchas muchachas, ninguna pasión pecaminosa;
y nada que no fuese del mayor agrado de los padres de
familia y de los señores sacerdotes.”
Sólo que si es verdad
que el protagonista masculino, al que algunos ven como
alterego del propio Martí, “empezó con mejores destinos
que los que al fin tiene”, también es verdad que en el
hilo de la trama, hay elementos de reflexión política, véase
la historia de Manuelillo, valoraciones antropológicas,
sustancia ética y una singular belleza estética porque en
Lucía Jerez está cuajada y en plena existencia la mejor
prosa modernista.
En esta novela José
Martí demuestra un mayor dominio del alma humana, de los
conflictos y logra un trazado más profundo, desde la
caracterización de los personajes, con especial énfasis en
el diseño de la mujer, y muy particularmente en la
intensidad pasional, emotiva de su Lucía.
El dominio del
conflicto dramático que no había alcanzado en su
dramaturgia, sí se plasma en esta noveleta por la que sólo
recibiera 55 pesos y que hoy muestra en sus escenas, en el
movimiento de la atmósfera, fuerte protagonista del relato,
así como en la plasticidad de su escenario y de los múltiples
contextos que se incorporan a las descripciones, que Lucía
Jerez no es una obra menor en el conjunto de su papelería y
que su capacidad de síntesis, de talento y de vivencias, amén
de su amplio registro cultural, posibilitaron que en una
semana Martí creara el cosmos de esa historia y diera vida
a sus personajes, que son esencialmente hispanoamericanos,
desde la aprehensión de la naturaleza y el entorno social,
hasta en el dibujo de costumbres, hábitos y tradiciones.
El dominio sicológico
alcanzado, ya en su Lucía...tanto en la novela como en el
personaje femenino que centraliza esos amores trágicos,
presentan al escritor en su plenitud, dueño a los 32 años
de un vocabulario, de una concepción estética y de una
proyección epistemológica en su obra, sabedor de las
bondades de la belleza y del arte como vías del
conocimiento.
Pronto llegaremos al
centenario de Lucía Jerez con una deuda que ni el cine ni
los medios masivos, la televisión y el radio han pagado
porque en esa novela hay alimento para su traslación
audiovisual y suficiente riqueza como para que la
incorporemos, por estos canales contemporáneos de la creación
artística, a su promoción y difusión, complementaria y
estímulo de la lectura del original.