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Cuba mi palabra sea  

Por Mercedes S. Moray 

La autora es colaboradora de la AIN

 

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 Cuba mi palabra sea XVII 

Por Mercedes Santos Moray

   Cuando se produjeron los históricos sucesos de Chicago, en 1886, y brotó la violencia social en Estados Unidos, al reportar sobre aquella confrontación entre la clase obrera y el capitalismo la prensa norteamericana resultó implacable con los anarquistas y aplaudió el veredicto de muerte.

   Esa óptica la reflejó también José Martí en su primera crónica a La Nación, de Buenos Aires, del dos de septiembre de aquel año. Su fuente de información lo había desinformado y, sobre todo, manipulado como a la opinión pública en Norteamérica.

  Recordemos que el cronista que cubría para el gran diario argentino la realidad del norteño país mediante lo que hoy conocemos como sus "escenas norteamericanas", bebía de la prensa plana, a la manera de un activo corresponsal que evalúa las noticias y las comenta en su propia escritura.

   La visión negativa de los anarquistas, el relato del hecho, la crítica abstracta a la violencia desde una eticidad que valoraba un sistema democrático ideal se manifiestan en aquellas letras de Martí.

   Sin embargo, cuando escribe su crónica del 13 de noviembre de 1887, igualmente para La Nación, donde fue editada bajo el nominativo de "Un drama terrible", ya habla de "la guerra social en Chicago" y sus puntos de vista y perspectiva crítica son radicalmente otras.

   ¿Qué sucedió? Había transcurrido un año de aquel juicio inicial y concluida luego la apelación a la Corte Suprema, que condenaría a muerte a cuatro de los siete implicados. Uno de ellos se suicidaría y sólo tres llegarían a la horca, en un proceso que Martí calificaría, en esta crónica, de "revolución social".

   El hecho se había transformado en un debate que hizo participe de la reflexión y el análisis a la nación norteamericana: "Jamás desde la guerra del Sur, desde los días trágicos en que John Brown murió como criminal por intentar solo en Harper's Ferry lo que como corona de gloria intentó luego la nación precipitada por su bravura, hubo en los Estados Unidos tal clamor e interés alrededor de un cadalso", menciona el cubano en ese trabajo.

   En la prensa comenzaron a manifestarse las contradicciones, e incluso aparecieron apelativos a la conmutación de la pena.  

 La demanda de las ocho horas de trabajo por los obreros, el terror y la represión policiales, la manipulación del juicio donde se presentaron testimonios falsos, la crítica a la propia prensa norteamericana por su esencia manipuladora también son testimoniados por Martí: "La prensa entera, de San Francisco a Nueva York, falseando el proceso, pinta a los siete condenados como bestias dañinas", comenta.

    Acerca de la violencia infligida contra los trabajadores que siempre queda sin punir, dice: "Los tribunales no han querido condenar a la policía de Pinkerton, porque uno de sus soldados mató sin provocación de un tiro a un niño obrero...", en una civilización que calificó también de "esbirros y mastines".

   El sueño de paz y de justicia, el clamor de un mundo nuevo frente al egoísmo y la miseria también se recogen por el periodista en una de las más fustigantes crónicas que envió al diario argentino y que, increíblemente para el espíritu conservador que lo regía, fue publicada.

    Armado de su sensibilidad, su talento y su capacidad de análisis, enriquecida su experiencia luego de convivir siete años en los Estados Unidos con el complejísimo proceso histórico que dio nacimiento a la actual sociedad de nuestros días, Martí estaba en mejores condiciones para enjuiciar los sucesos porque, como él mismo apuntara entonces, para juzgarlos era necesario "pesar las causas históricas de que nacieron".

   Textos como estos nos debieran también hacer reflexionar para estudiar la obra martiana en su contextualidad y aprender, sobre todo, a apreciar el proceso de madurez que llevó al Apóstol a equivocarse, aprender y crecerse, en un flujo dialéctico.

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Y ahora nos juntaremos, jmarti2.gif (11383 bytes)
y sus amiguitos, y todos a coro, cogidos de la mano, les daremos gracias con el corazón, gracias como de hermano, a las hermosas señoras y nobles caballeros que han tenido el cariño de decir que La Edad de Oro es buena
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A pensamiento es la guerra mayor que se nos hace ganémosla a pensamiento

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