Cuba
mi palabra sea X

Por: Mercedes
Santos Moray
Por segunda vez llega
José Martí a Nueva York, donde pronto se incorpora al
Comité Revolucionario que preside el Mayor General Calixto
García, y se integra a las labores de articular las
expediciones, recaudar fondos, organizar el apoyo logístico
y, sobre todo, a reflexionar sobre el sentido político de
la guerra que, ya en 1880, llamará "necesaria".
"¡Antes que
cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria,
se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una
serpiente de un huevo de águila!".
Estamos ante su célebre
discurso, conocido como Lectura en Steck Hall y pronunciado
el 24 de enero de ese año, ante la emigración cubana, a la
cual convoca a la superación de las divisiones y rencores a
que había conducido el Pacto del Zanjón.
Es ya un hombre de 27
años. Se instala en la casa de huéspedes de Manuel
Mantilla y Carmen Miyares, a donde llegarían más tarde su
esposa Carmen y el pequeño José Francisco.
Son tiempos de grandes
necesidades y privaciones, de dominar el inglés, de
publicar crónicas de arte en las páginas de los diarios
neoyorquinos The Hour y The Sun.
Pero lo serán, ante
todo, de intensa actividad política para quien se convertirá,
a la salida hacia Cuba de Calixto García, en la figura
clave del movimiento en el exilio y sobre el cual actuarían
espías de la Davie's Detective Agency y de la Pinkerton's
National Detective Agency.
Publicado en formato
de folleto bajo el título de Asuntos cubanos, su discurso,
pronunciado en la calle 14 número 11, cerca de la
University Place, es una pieza madura, anunciadora del
orador que hará proselitismo en Norteamérica, el
Istmo y el Caribe para articular al Partido Revolucionario
Cubano, en los años 90.
En esta pieza analiza
la historia patria, la tragedia de la desunión, los
avatares que produjeron el Zanjón, la insuficiencia de la
paz alcanzada, el problema de la esclavitud, sometida a la
ley del patronato, y los reclamos de independencia que
conllevaban también, reclamos de justicia social.
La madurez intelectual
de Martí, su cultura política, la experiencia acumulada en
el destierro y el exilio por países ya soberanos de nuestra
América y la singularidad de su talento le permiten
trascender los discursos insurreccionales de los caudillos
militares.
Porque, desde tan
tremprana fecha, el trazado de su oratoria es más complejo,
como más orgánica y política será su concepción de la
guerra que, en aquel período, no logrará acceder a
la victoria.
Sin embargo, de aquel
revés saldrá el Apóstol más enriquecido, con el aval de
los desgarramientos y fracasos, la crisis de la armonía de
su matrimonio, la separación de su esposa y de su hijo y la
amargura de la soledad.