Cuba
mi palabra sea XL

Por Mercedes Santos
Moray
Desde las páginas de
Patria, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano
sostuvo una intensa obra de clarificación política e ideológica,
y una batalla sin cuartel contra todas las tendencias que,
en la Isla y fuera de ella, se opusieran a la independencia.
Uno de sus más
enconados adversarios lo fue el autonomismo, clavado en el
período de entreguerras, como la solución viable al
problema cubano, dentro de los marcos referenciales de la
colonia, y por la vía de la "evolución", sin los
peligros, angustias y sacrificios de la guerra, .
En la década del 90,
ya muerto José Martí, se intentaron algunas reformas
de carácter autonómico que -aunque llegarán tardíamente
en la historia- algunos se sumaron, impelidos por el temor o
por falta de miras, en los destinos de su pueblo.
"De represa ha
venido sirviendo el partido autonomista a la revolución, y
la revolución se saldrá de madre en cuanto la fuerza de
las aguas rompa la represa.
Cada cual sabrá si
sigue con el torrente, o le da la cara, o se le pone de
lado."
La
proverbial agudeza martiana le permitió vislumbrar las
maniobras diversionistas de quienes esgrimían, como medio
del desarrollo, la evolución frente a la revolución, los
mismos protagonistas que se sumarían luego a la injerencia
de los Estados Unidos y que, al constituirse la república
neocolonial, pugnarían en defensa de las corrientes más
conservadoras y antinacionales.
Diferencias
sustanciales, de principios, métodos y objetivos, existían
entre el proyecto martiano de la república con todos y para
el bien de todos, nacida de la guerra necesaria, y aquellas
teorías pusilánimes que pedían la limosna de la
seudolibertad, y se sometían al coloniaje, temerosos en
esencia de transformaciones sociales, democráticas y
populares.
"La continuación
de la revolución no puede se la continuación de los métodos
y el espíritu de la autonomía; porque la autonomía no
nació en Cuba como hija de la revolución, sino contra
ella."
Asumida la protesta de
Baraguá, como célula de un espíritu independentista y
revolucionario, el PRC enfrentó, diáfanamente, desde la
obra proselitista de Martí, un proceso de concientización
de las capas y clases de la nación cubana, ante los "métodos
antirrevolucionarios" del autonomismo, desenmascarado
su labor antipatriótica, sometida a los intereses de España.
"Con
fuerzas revolucionarias, criadas en la guerra y mantenidas
en la fe de ella por la inutilidad y el oprobio de la paz, sólo
puede hacerse la política de la revolución."
La política
autonomista, sus escarceos con la Corona, el espíritu
mezquino de su dirección, la confusión de hombres honrados
en sus filas a los que siempre apeló Martí para sumar al
ideario de la independencia - como sucedió con el propio
Enrique José Varona - demuestran la complejidad del
panorama político y social en el que el Apóstol construyó
la unidad de los cubanos y de las cubanas, en el destierro y
en la Isla, desde la prensa, la correspondencia y la
oratoria en aquellos años fundacionales.