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Cuba mi palabra sea  

Por Mercedes S. Moray 

La autora es colaboradora de la AIN

 

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 Cuba mi palabra sea XLIII 

Mercedes Santos Moray

   La conoció en octubre de 1892, durante su visita a Jamaica, a donde acudió para reunirse con la emigración cubana.   Después, en diciembre de 1893 y en enero de 1894, escribiría sus crónicas, ya muerta Mariana Maceo, porque quiso unir a la madre con sus hijos, como lo había estado siempre, en el nombre de su etopeya.

 "Con su pañuelo de anciana a la cabeza, con los ojos de madre amorosa para el cubano desconocido, con fuego inextinguible, en la mirada y en el rostro todo, cuando se hablaba de las glorias del ayer, y de las esperanzas de hoy, vio Patria, hace poco tiempo, a la mujer de ochenta y cinco años que su pueblo entero, de ricos y de pobres, de arrogantes y de humildes, de hijos de amo y de hijos de siervo, ha seguido a la tumba, a la tumba en tierra extraña."

   Quizás, él también se haya sentido como un miembro de aquella legendaria pléyade maceica, donde cada hijo recibía no sólo el estímulo y el aliento maternos, sino la bravía voluntad de vencer y de continuar en la guerra, por la patria.

Me atrevo a decir que si en alguna ocasión el Apóstol sintió cierta dosis de envidia, fue en aquella ocasión, cuando "esa viejecita", doña Mariana Grajales, "le acariciaba a usted las manos con ternura."

 ¿Cuántas veces hubiera querido el hijo que también fue, haber recibido la comprensión materna y el impulso para continuar en la defensa de sus ideales?    No es que fuese mellado ni un ápice el amor intenso que profesó a doña Leonor. Pero bien sabemos los que hemos seguido su vida, cuánto le laceraba la incomprensión de aquella matrona, de cuyos pechos bebió la vida y el propio sentido estoico de la dignidad y la vergüenza.

 Allá, en Jamaica, ante Mariana, la que perdió marido e hijos que murieron por Cuba, la que amaba a la patria en cada herida de los suyos, en cada muerte, sintió mayor su carencia afectiva.

Todo llenó al Apóstol en aquel encuentro, donde se alimentó su alma y se sintió hermano con los héroes desde el amor de Mariana, el que plasmó luego en dos de las más bellas y sintéticas de sus crónicas, ambas editadas en Patria, con las cuales la heroína incitaba a calzar la espuela y tomar el acero, y dar nuevo grito de patria, independencia o muerte en la manigua.

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Y ahora nos juntaremos, jmarti2.gif (11383 bytes)
y sus amiguitos, y todos a coro, cogidos de la mano, les daremos gracias con el corazón, gracias como de hermano, a las hermosas señoras y nobles caballeros que han tenido el cariño de decir que La Edad de Oro es buena
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A pensamiento es la guerra mayor que se nos hace ganémosla a pensamiento

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