Cuba
mi palabra sea XII

Por: Mercedes
Santos Moray
Antes de
arribar al puerto de La Guaira, en Venezuela, y de ascender
hasta los cerros de Caracas en 1881, Martí hizo escala, en
Curazao y contempló, con ojos ávidos, la plural estructura
lingüística, cultural y étnica del Caribe.
Venía atenazado por
el dolor, tras el fracaso de la Guerra Chiquita, y con la
vivencia del desencuentro con su esposa más la ausencia de
su hijo...
José Francisco
crecería en su pecho, y del amor filial saldrían entonces
los octosílabos de su cuaderno Ismaelillo, esos romances
inspirados en el pequeño que es su caballero, su musa
traviesa y su príncipe enano.
"Ved: sentado lo llevo
Sobre mi
hombro:
Oculto va,
y visible
Para mí sólo!"
Las
letras en castellano vivían, también, un punto de giro con
el nacimiento, en la lírica hispanoamericana y en las
letras de este cubano, de una nueva sensibilidad poética.
Libro
precursor del Azul de Rubén Darío, era el primer cuaderno
orgánico escrito por José Martí desde esa renovadora estética.
Nacía el
Modernismo, en un pequeño conjunto de poemas que aparecería,
editado en Nueva York en 1882, y al que calificaba, con
agudeza la propia doña Leonor Pérez, al recibir el
ejemplar:
"De tu Ismaelillo, algo que te dije creo fue en la
carta que se estravió,(1)
que quieres que te diga si
esta es la cuerda mas
dolorosa de la guitarra del
alma: de versos no
entiendo, para mí está en prosa
por que está escrito
en la realidad."
El
momento poético de la creación brota en medio de una
fuerte crisis existencial y así lo confiesa el propio Martí
en su prólogo:
"Hijo:
Espantado de todo, me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la
vida futura, en la utilidad de la virtud, y
en ti."
No hay,
en nuestra literatura, un momento más íntimo ni tan
expresivo de los afectos paternofiliales como este del
Ismaelillo.