Cuba
mi palabra sea LXI

Por Mercedes Santos
Moray
Cuando se
estudia el panorama del pensamiento hispanoamericano de
fines del siglo XIX, el ideario martiano sobresale con
particular intensidad.
Porque fue
nuestro Apóstol uno de los pocos intelectuales decimonónicos
que no se dejó atrapar por el desarrollo indudablemente
alcanzado por la sociedad norteamericana.
Haber vivido tres
lustros en Norteamérica y en la privilegiada atalaya de
Nueva York, haber asistido en calidad de testimoniante al
complejísimo proceso de la construcción de la Modernidad,
tras 20 años de ser concluida la guerra civil, y su
inteligencia y cultura le permitieron no deslumbrarse,
analizar, con juicio y justicia, las luces y sombras
de los Estados Unidos.
Por eso, también, y
desde las páginas de Patria, cuando encabezaba el Partido
Revolucionario Cubano para organizar la guerra necesaria,
pudo combatir, como uno de los mayores peligros a los que
estaba abocada la nación cubana, a "la intriga de la
anexión", ese "remedio" que algunos
inconscientes pretendían, y otros sembrados por la ambición,
como "recurso continuo de los que prefieren la unión
desigual con un vecino que no cesará de codiciarnos al
riesgo de su propiedad o de la mortificación de su
soberbia."
Ir al despiece de la
idea de la anexión, desde sus momentos iniciales en la
Isla, ya promovida de buena fe, o estimulada por mezquinos
intereses, vinculados estos al propio proceso interno de la
Unión Americana, cuando se enfrentaban los esclavistas
estado sureños a la pujante avidez del norte industrial,
fue el trayecto que desarrolló Martí para hablar con
mesura, ya que lo hacía desde el propio territorio de los
Estados Unidos, y en las páginas de Patria a los cubanos.
"La idea de la
anexión, por causas naturales y constantes, es un factor
grave y continuo de la política cubana." Esta reflexión
suya, de extraordinaria vigencia, nos conduce al estudio de
un complejo proceso de relaciones entre ambas naciones,
donde flamean la independencia y la soberanía. como
principios esenciales de la revolución, ayer como hoy,
El peligro de la existencia, ya en Estados
Unidos, de "una república que se declara ya
agresiva" y sus planes sobre nuestro país, con
"miras distintas de las nuestras, miras de factoría y
de pontón estratégico", hicieron que las palabras de
Martí alcanzaran una resonancia continental y también
universal, como entramado ideológico y político de la
revolución y de la república cubanos, tal y como se
explicitaría, más tarde, en el Manifiesto de Montecristi.
De ahí la naturaleza
política de la guerra martiana, la trascendencia de su
obra: "el deber patente e ineludible de los cubanos, y
del alma de ellos que se mueve hoy con el nombre de
Partido Revolucionario Cubano, es acudir a la solución más
preparada y posible, a la solución popular e histórica...",
la que él preparó, durante más de una docena de años, en
su obligado destierro, para derrotar no sólo al ya obsoleto
colonialismo español, sino y sobre todo, al emergente poderío
de Norteamérica, a los anexionistas de adentro y de afuera
que no tenían ni fe en su tierra ni en su pueblo.