Cuba
mi palabra sea LXV y final

Por Mercedes Santos
Moray
El 13 de mayo de 1895,
Máximo Gómez y José Martí, con una reducida escolta,
acampan en la zona de Dos Ríos, donde confluyen las aguas
del Cauto con las del Contramaestre.
Cuatro días más
tarde, sale el Generalísimo a hostilizar un convoy enemigo,
mientras el Delegado atiende su papelería, con sus jóvenes
ayudantes, Ramón Garriga y Augusto Feria.
El 18, en el
campamento situado en La Bija, Martí escribe a su amigo
Manuel Mercado cuando llegan las tropas del Mayor General
Bartolomé Masó, uno de los héroes que se alzaron en
armas, con Céspedes, en la Demajagua.
Mas el pasto es
insuficiente para la caballería y deciden trasladarse hacia
la finca de Vuelta Grande, a orillas del Contramaestre.
No lo saben, pero el enemigo avanza por la orilla
izquierda y vadea el río, hacia el campamento mambí.
Entonces, el Delegado
escribe una breve nota al Generalísimo, la hasta hoy
conocida como su última carta, fechada el 19 de mayo de
1895, pocas horas antes de caer en combate.
"Como a las
cuatro salimos, para llegar a tiempo a la Vuelta, a donde
pasó desde las diez la fuerza de Masó, a acampar, y
reponer su muy cansada caballería; desde anoche llegaron.
No estaré tranquilo hasta no verlo a Vd. Le llevo bien
cuidado el jolongo".
También el General en
Jefe ha rastreado las huellas de Martí y de Masó y se han
reunido los tres generales en Vuelta Grande. Arengan a los
soldados. Pero el coronel español José Ximénez de
Sandoval se dispone a caer sobre la mambisada y coloca una
avanzada en los barrancos del Contramaestre. Despliega a las
compañías en línea de combate, a 400 metros del río.
Dos horas más tarde,
según testimonió Gómez en su diario, se batían ambos ejércitos.
Las avanzadas enemigas ocupan los matorrales y sitúan
embocadas. Una patrulla cubana choca con los exploradores
enemigos.
El Generalísimo
ordena cargar con una fuerza de 300 hombres de caballería.
La columna española cuenta con más de 800 soldados.
A la cabeza de los
jinetes avanza Gómez, tras él, se apresta a combatir el
Mayor general José Martí.
Con unos 50 hombres,
el General en Jefe centra el fuego, mientras el grueso de
los mambises queda del otro lado, tratando de vencer los
obstáculos naturales. La fusilería no da tregua.
En compañía del
teniente Ángel de la Guardia, avanza el Apóstol y ofrece
un blanco perfecto para el enemigo. Cae, en Boca de Dos Ríos,
y a pesar de los numerosos intentos, el Generalísimo no
logra rescatar su cuerpo. Para él la patria no era sino
agonía y deber.