Cuba
mi palabra sea LIII

Por Mercedes Santos
Moray
Hay textos que no se
pueden clasificar. Tal es su belleza, su
trascendencia. Eso sucede con el diario de campaña, De Cabo
Haitiano a Dos Ríos, escrito por José Martí desde el
nueve de abril hasta 17 de mayo de 1895.
Allí está la expresión
más cuajada de su poesía, aunque para algunos esté
escrito en prosa. Hay un ritmo interior, una sonoridad sólo
posible de encontrar en las páginas de sus Versos Libres,
porque esta es la obra de un hombre desgarrado, de un hombre
que apura su soledad y que bebe su reencuentro con la
naturaleza de la patria que lo deslumbra y a la cual
necesita apresar.
Si alguno de sus
poemas nos incita a recogimiento es este diario. La síntesis
expresiva apremia el discurso. Apenas si hay espacio para el
adjetivo. Todo el cuerpo lo llevan verbos y sustantivos.
"Abrazos. Todos traen rifle, machete, revólver.
Vinieron a gran loma. Los enfermos resucitaron. Cargamos.
Envuelven la jutía en yagua. Nos disputan la carga. Sigo
con mi rifle y mis 100 cápsulas, loma abajo."
Amanece en el
campamento y lo sorprende la mañana entre órdenes. Tiene
el apetito del soldado, hay belleza en la muerte, y en la
herida que cura con el milagro del yodo.
Demuestra su
sensibilidad no sólo en la correspondencia que escribe a
Nueva York, o en el trato con los mambises, sino ante la
reunión del Generalísimo con los oficiales, cuando lo
sorprenden con el grado de Mayor General.
"Gómez, al pie
del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada
abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer
en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su
Jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General.
Lo abrazo. Me abrazan todos..."
Rodeado de peligro,
debuta en Arroyo Hondo en su primer combate, cuando se
encuentra con su amigo, el General José Maceo, y conoce de
la muerte de Flor. "Amanezco al trabajo. A las 9
forman, y Gómez, sincero y conciso, arenga: Yo hablo, al
sol. Y al trabajo."
La guerra no es utopía,
sino organización política donde ya perfila el proyecto de
su república, en la Asamblea de Delegados, "para
elegir el gobierno que deba darse la revolución..." Y
enfrenta las discrepancias, el encuentro de la Mejorana con
Antonio Maceo: "Mantengo, rudo: el Ejército libre,--y
el país, como país y con toda su dignidad
representado..."
Y envía, a Patria y a
sus colaboradores, como expone a la opinión pública
norteamericana, por la vía del Herald, los principios de la
revolución. "Un detalle: Presidente me han llamado,
desde mi entrada al campo, las fuerzas todas, a pesar de mi
pública repulsa, y a cada campo que llego, el respeto
renace, y cierto suave entusiasmo del general cariño, y
muestras del goce de la gente en mi presencia y sencillez.