Cuba
mi palabra sea LII

Por Mercedes Santos
Moray
La garra del escritor
se revela en los apuntes que escribió José Martí sobre
sus continuos viajes. En apretada síntesis nos dejó
vivencias, personajes y situaciones de su llegada a
Guatemala, de la ruta hacia Caracas y, especialmente, del
incansable trotar por tierras de Haití y de la República
Dominicana, en 1895.
El primero de los
diarios, conocido como De Montecristi a Cabo Haitiano, está
dedicado a sus "niñas", es decir, a las hermanas
Carmen y María Mantilla: "...arreglen esos apuntes que
escribí para Vds., con los que les mandé antes. No fueron
escritos sino para probarles que día por día, a caballo y
en la mar, y en las más grandes angustias que pueda pasar
hombre, iba pensando en Vds."
Desde el 14 de febrero
hasta el ocho de abril, traza las peripecias de aquel
invierno cuando, junto al Generalísimo Máximo Gómez,
ultima los preparativos para la expedición en la goleta
Brothers, enfrenta las miserias y la traición del capitán
Bastián en Inagua, y retorna a Haití, en el vapor alemán
Nordstrand.
Si algún texto dibuja
la personalidad íntima del Apóstol son estos apuntes,
cuajados de ternura, donde abunda la subjetiva del narrador,
como si manejase una cámara de cine para captar los
tipos y caracteres, el acento de la cotidianidad:
"...me envuelven capa y calzones en un maletín
improvisado, me ponen para el camino el ron que se beberá
la compañía, y pan puro, y un buen vino, áspero y sano,
del Piamonte; y dos cocos..."
Y se le ve, solo o
acompañado por cubanos, haitianos y dominicanos, sobre el
potro que se deslumbra ante el cruce del río, y escuchamos
con su oído el créole, y se acriolla entre amigos; elogia
la cadenciosa belleza de la mujer tanto como la amistad del
canario rebelde que conoció en sus días de desterrado, en
España.
"La fiesta está
en el sol", escribirá el poeta, y nos dirá también:
"El sueño es culpa, mientras falta algo por
hacer." Y lo vemos leer con avidez, y tomar apuntes,
incansable en su curiosidad, y gozar en un rancho, saltar
sobre la noche, enrumbar en silencio y soledad hacia Fort
Liberté.
"En la oscuridad
desensillo mi caballo, y lo amarro a una higuereta." El
espíritu está altivo, suelta las riendas de la vida aunque
las fotos del Delegado revelen el cansancio extremo de su
cuerpo; hablen de la salud quebrantada por la fatiga a la
que él no cederá jamás.
Le conocemos buen
jinete como en su niñez en el Hanábana, y se deshace el
mito de su anticipada impericia como soldado.
En el mar encuentra
canto, nubarrón, viento fuerte, acicateado por la espera. Y
el día primero de abril, cuando piensa que ya parte para el
reencuentro con Cuba, 17 años después, abre el alma:
"A paso de ansia, clavándonos de espinas, cruzábamos,
a la media noche oscura, la marisma y la arena."