Cuba
mi palabra sea IX

Por: Mercedes Santos Moray
Al regresar a Cuba el 31 de agosto
de 1878 en compañía de su esposa Carmen, encinta, tras la firma en
febrero de ese año del Pacto del Zanjón, José Martí apurará el cáliz
del coloniaje.
La prensa se le cierra, como se le
impide ejercer por carecer de los títulos idóneos, que no ha podido
tramitar en España por carecer de recursos. Trabajará como maestro en
escuelas privadas y hará la pasantía en los bufetes de sus amigos
Viondi y Azcárate.
Hasta la propia Carmen Zayas
comprenderá el error de haber regresado y así lo dice en carta a la
mujer de Manuel Mercado, a pesar de vivir los jóvenes esposos la alegría
del nacimiento de José Francisco.
Pero si en el período de
entreguerras que se abre con la existencia de "liberales"
(autonomistas) y "conservadores" (integristas) no hay solución
en la política de la Isla para los grandes problemas sociales y
económicos, el camino no está cerrado para la insurrección, y entre
los conspiradores habaneros estará el joven de 25 años José Martí.
En los Liceos cubanos de Regla y
Guanabacoa (instituciones culturales que nacen y se articulan frente a
los Casinos españoles) encontrará espacio y tribuna.
Porque esta experiencia cubana,
que durará algo más de un año, le permitirá darse a conocer como
orador, otra de las vías más expeditas que encontrará Martí para
comunicarse con sus contemporáneos y desarrollar su programa
revolucionario, dentro y fuera de la Isla.
En abril de 1879, durante el
homenaje que se le tributa al periodista Adolfo Márquez Sterling en la
acera del Louvre, el Apóstol polemiza con los autonomistas y manifiesta
públicamente su compromiso político, al rendir sus banderas:
"(...)a la patria erguida e imponente, a la patria enferma y
agitada que inflama su valor."
Así también, ante el Gobernador
general de la Isla, Ramón Blanco, acentuará el sentido patriótico de
la reunión al pronunciar su discurso de homenaje al violinista cubano
Rafael Díaz Albertini, y con tales palabras ganará de las autoridades
españolas el calificativo de hombre extremadamente peligroso.
Mientras, en la finca Balestrena,
de su amigo y compañero del destierro Carlos Sauvalle, conspira y
se prepara para acudir al llamado del clarín, para realizar su
mambisada.
Pero no se podrá sumar al
alzamiento que nuestra historia recoge como la Guerra Chiquita,
comenzada en agosto de 1879, porque unos días después es detenido
cuando almorzaba en su hogar en compañía de su esposa y de Juan
Gualberto Gómez.
Luego vendrían el segundo
destierro, su traslado forzoso a España, la huida por Francia, solo y
sin familia, y el ingreso en los Estados Unidos, para vivir un obligado
exilio de tres lustros. Cuba lo aguardará.