Cuba mi palabra sea
IV


Por: Mercedes Santos
Moray
No dudamos del talento que
singulariza a José Martí. Pero cuando lo vemos ascender como
individuo, tanto en la esfera social como en la más íntima, no podemos
ignorar los contextos que vivió.
Por eso, cuando el 11 de febrero
de 1873 fue proclamada la primera República española, encontrarse en
la península durante su primer destierro le permitió aquilatar, de
manera directa, aquel movimiento político.
También le posibilitó situarse
como protagonista de nuestra historia cuando escribió, con sólo 20 años,
el alegato La república española ante la revolución cubana, el 15 de
febrero de aquel año, para refutar, con su palabra airada, pero
analítica, el grito de ¡Viva Cuba española! que profirieron diputados
republicanos.
La disyuntiva estaba implicita: O
Yara o Madrid, y la realidad de cuatro años de guerra de independencia,
con la existencia de la República de Cuba en Armas desde la
Constituyente en Guáimaro de 1869, autorizaron la voz del joven que
realizaba entonces sus estudios en aquel, su primer destierro.
Las diferencias entre republicanos
y monárquicos quedaban denunciadas, desde su raigal ausencia, ante el
hecho del dominio colonial que se intentaba perpetuar en la Isla.
Este ensayo, publicado en Madrid,
permitió al cubano analizar el proceso histórico que condujo a la
manigua, el despotismo del coloniaje y el fracaso de toda reforma, y
sustanciar el estado de derecho de un pueblo sometido a la esclavitud.
La estatura política del pensador
se expresa con viril acento en este ensayo, uno de los primeros trabajos
que manifiesta la coherencia de una valoración política del fenómeno
histórico de la independencia, en defensa de los legítimos intereses
del pueblo.
Este texto, elaborado por un joven
que concluiría su grado de bachiller y se licenciaría en dos carreras
-Derecho y Filosofía y Letras- hablan igualmente del amplio acervo
cultural que sustentó siempre el discurso político de José Martí.
Porque la cultura nutrió, desde
la adolescencia, su pensamiento revolucionario; ese que nació en la
Isla, al calor de su maestro y de las vivencias de su pueblo, que pagó
en sus dolorosas jornadas del presidio y que después potenciaría, al
conocer, sobre el terreno de la metrópoli, la fisura insalvable que
existía entre Cuba y España, cuya única solución debía transitar
hacia la independencia.