Cuba mi palabra sea
III

Por Mercedes Santos Moray
La narrativa de José Martí
no ha sido privilegiada por la crítica, ni tampoco por los estudios
literarios.
Sin embargo, en sus diarios,
crónicas, apuntes de viajes demostró su capacidad fabular, como lo haría
también en los relatos y cuentos de su revista La edad de oro.
Por eso, debemos tener en
cuenta ese cuento desconocido del Apóstol: Hora de lluvia, que apareció
sin firma en las páginas mexicanas de la Revista Universal, el 17 de
octubre de 1875, junto a uno de sus autorretratos, con dedicatoria a
Blanca de Montalvo, la novia aragonesa, y fechada el 29 de abril de
1873, Se trata de una muestra para no continuar ignorando
ese costado narrativo suyo, el que luego tomaría cuerpo en la novela
Amistad funesta,
también conocida como Lucía Jerez, y escrita en 1885.
Dos novios que no se pueden
encontrar en una noche de lluvia; el enamorado que escribe en breves
horas un relato y se lo regala a su amada; la historia de un hombre que
padece su soledad hasta que llega una mujer de ojos tan claros como la
inocencia a brindarle su regazo, y siempre la evocación a Cuba, en
aquel destierro suyo donde se sintió condenado son elementos que apresa
el relato.
Este resulta una síntesis de
ideas, motivos, sentimientos y emociones donde se explicita, también,
lo autobiográfico de aquel instante.
Un amor de 20 años, la joven que
será recordada, años más tarde, en los Versos Sencillos, habita en
Hora de lluvia. Ella es la musa que inspira, la vivencia afectiva
que alimenta al desterrado y le da abrigo y compañía mientras estudia,
sueña con regresar a Cuba, también con reunirse con su familia; aunque
en el cuento no se siente, todavía, la sentencia inevitable de la
despedida, y el abandono.
Es un relato donde apenas se
dibujan elementos narrativos, porque se entremezclan recursos, algunos más
cercanos a la literatura dramática.
No olvidemos que, por entonces,
emborronaba también las cuartillas de su drama Adúltera, y que en este
cuento da mucho espacio al diálogo, en variantes de arquitectura
pronominal que van desde la tercera a la primera persona, sin olvidar la
fortísima asistencia del tú, en el apelativo a Blanca.
Es bueno saber que el joven
Martí, en medio de su destierro, de los avatares de la primera república
española, de sus alegatos políticos también hacía versos y cuentos
de amor porque, como hombre, amaba y era amado.
Así, podemos conocerle un
poco y olvidarnos del mármol de la estatua, para sentir el latido en el
pecho, la sangre en las venas y el sudor en las palmas de las manos.