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Aleida Godínez Soler
¿Qué
pasó con Ryan?
Estoy
sentada en la oficina del Cónsul y él me dice que me esperara. Llamó
por teléfono y habló en inglés con otro americano, al que le dice que
yo estaba sentada allí. Eso fue como en septiembre. El hombre le dice
que me pida que regrese el 18 de octubre a
entrevistarme con él. Y así hice, pero cuando estoy dentro de
la Sección de Intereses, veo que pasaban las horas y aquel hombre no
bajaba. A las doce del día se me para delante y me pregunta en bastante
mala forma qué quería. Le respondí que nada, que estaba allí porque
él me mandó a buscar. Inmediatamente
quiso saber qué había traído y le contesté que nada.
¿Sabe lo que me dijo aquel señor? Que no me olvidara nunca que
si nosotros íbamos allí era para llevar informaciones. Tragué en
seco, me armé de paciencia y le respondí que nunca había tenido el
gusto de conversar con él, y “si usted no me dice qué informaciones
quiere, yo no se las puedo traer”. Él estuvo en La Habana como cinco
meses. Maltrató mucho, era muy burdo y surgió aquello de la carta al
Departamento de Estado. No participé en esto porque estaba en Ciego de
Ávila, pero si hubiera estado aquí hubiera firmado también aquella
carta para que lo botaran, porque el individuo era muy zoquete.
¿En
ese período usted organiza su propio partido?
En
julio de 1998, a instancia de los compañeros de la Seguridad, creo la
Fundación Nacional Cubano Opositora. Ya vivía definitivamente en La
Habana y estaba muy vinculada a algunos cabecillas
contrarrevolucionarios, que me ayudaron en esta misión.
En
realidad, todos los cargos estaban en casa. El 23 de agosto de 1999
entregamos una carta a la Oficina de Atención al Público del Consejo
de Estado, donde solicitamos la
libertad de los presos políticos, la legalización de los grupos pro
derechos humanos. A partir de ahí, empezó el proceso de recogida de
firmas y la organización en La Habana. Aunque era bastante conocida por
mi trabajo en Ciego de Ávila, necesitaba crearme mi espacio en la
capital para mantener y fortalecer mis contactos con la SINA. A partir
de aquí empieza el tiempo más duro en la SINA, el período en que
logro confraternizar estrechamente con los principales funcionarios y
empieza a entrarme el dinero, a manos llenas.
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Frank
Calzón (I)
Hasta
1997, Frank Calzón, cubano por nacimiento y nacionalizado
norteamericano, fue oficialmente director de los programas
cubanos de la organización contrarrevolucionaria Freedom House.
En
julio de 1995, enviados por Frank Calzón, arriban a Cuba los
ciudadanos norteamericanos Adams Rosh Davison y George Erwin
Sledge con la indicación de establecer contactos con dirigentes
de grupúsculos y suministrarles medicamentos, alimentos y
dinero.
En
enero de 1996, a propuesta de Calzón, John Sweeney, de la
Fundación Heritage, viaja a Cuba en calidad de turista para
entregar ayuda financiera a varios contrarrevolucionarios entre
los que se encontraban Marta Beatriz Roque, quien en esa ocasión
recibió 500 dólares
En
abril de 1996, con similar encargo, viajó a Cuba Jozsed
Szajer, disidente
húngaro y dirigente del grupo parlamentario Fides, quien entregó
a cabecillas de los grupúsculos dinero, grabadoras y disquetes
de computadora, enviados por Calzón.
En agosto de 1997 es detenido en Cuba David Norman Dorn,
activista sindical norteamericano, quien en viaje como turista
entregó dinero a contrarrevolucionarios por encargo de
la organización Freedom House
Este
emisario traía instrucciones precisas de Frank Calzón sobre cómo
comportarse en la isla para no atraer la atención
de las autoridades. Dorn confesó la realización de
espionaje en cuba, tomando fotos a objetivos económicos en La
Habana, Santiago de Cuba y Moa (provincia de Holguín). Además,
se le ocupó la lista de los contrarrevolucionarios contactados
y los recibos del dinero entregado. |
¿Pudiera relatarnos cómo empezó a recibir financiamiento?
En
febrero de 1999 contacta con unos parientes míos el norteamericano
Robert Emmet –recuerden que a mi casa en Ciego de Ávila no se podía
llamar, porque mi mamá estaba verde y no quería saber nada de Miami,
ni recibir llamadas. Este hombre era un emisario de Frank Calzón, del
Center for a Free Cuba. Trajo un gusano del tamaño de un sofá grande,
lleno de medicamentos, aseo personal, radio, linternas, cámaras fotográficas,
de todo.
Me pidió que lo llevara ante Raúl Rivero, a quien ya conocía. También
quiso ir al Museo de la Alfabetización de Ciudad Libertad, pero me pidió
consejos de cómo vestirse, porque no quería llamar la atención. El
tipo andaba en short, disfrazado de turista norteamericano. Se lo
dije, y él se puso un pantalón y apenas abrió la boca.
Me
entregó dinero en dos partes. Recuerdo que cada vez que me iba a
entregar dinero pedía permiso para ir al baño, porque lo traía en el
fajín del pantalón. Él me entregó
en efectivo 500 dólares: 300 primero, y 200, después. Me dijo
que él quería que me comprara una moto, pues me había visto llegar en
bicicleta. También, me entregó 100 dólares para Raúl Rivero, una cámara
fotográfica, rollos, bolígrafos...
¿Quién
era este hombre?
Se
me presentó como bibliotecario. Se estaba gestando el Programa de
Bibliotecas Independientes. Se interesó por la prensa independiente, cómo
prosperaba la prensa
¿Por qué quería ir al Museo de la Alfabetización?
Todavía
me lo estoy preguntando. Él quería conocer cómo era la educación en
Cuba, él vino con la misión de ir a ese lugar y me pidió
que lo llevara. En el Museo pidió una información detallada de
cómo se llevó a cabo la Campaña de la Alfabetización. Si no me engañó,
salió muy emocionado. Llegó a decirme que la alfabetización había
sido uno de los logros de Castro. Tengo una foto con él de ese día, el
24 de febrero. Quería que nosotros averiguáramos dónde vivían los
principales dirigentes de la Revolución y que hiciéramos fotos de
exteriores de sus casas. Para eso me entregó la cámara fotográfica.
¿Mencionó
algún dirigente en particular?
Sí,
a Carlos Lage. Se decía en el exterior que Lage podría ser el
sustituto de Fidel.
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Frank
Calzón (II)
En
junio del 2000 viajaron a Cuba el ciudadano rumano Cornel Ivanciuc
y la polaca Anna Krystyna, después de reunirse en
Washington con Freedom House, la Agencia Internacional para
el Desarrollo (USAID)
y el Departamento de Estado. El objetivo de esas reuniones fue
analizar la ayuda a las Bibliotecas Independientes en Cuba.
Durante su estancia en EE.UU., Calzón les orientó viajar como
emisarios a Cuba. Portaba ayuda material para un grupo de
contrarrevolucionarios en la isla, misión que fue organizada y
financiada por Freedom House.
En
noviembre del 2000, los ciudadanos de Letonia Anda Celma y Vladis
Abols recibieron dinero e instrucciones de Frank Calzón
y de Roberto Pontichera (director de programas
de Freedom House) de viajar a la Isla e investigar qué
ocurría con la oposición. Para ello, le entregaron una lista de
personas a contactar y le orientaron ofrecer una conferencia sobre
el Proceso de Transición en Letonia.
Estos
emisarios fueron contactados allí por Virginia Sullivan, experta
en relaciones públicas del Buró de Naturalización de Letonia,
quien ejecuta acuerdos de trabajo existentes entre Freedom
House y el Buró de naturalización de Letonia. En enero de
2001 viajaron a Cuba en calidad de turistas los ciudadanos
checos Ivan Pilip y Jan Bubenik, quienes al ser detenidos
declararon estar orientados y financiados por la organización
Freedom House, por intermedio de Robert Pontichera.
Pontichera
les sufragó el viaje para hacerle llegar ayuda material y
financiera a contrarrevolucionarios residentes en la isla
para obtener información sobre la situación política,
económica y social imperante en Cuba. Les entregó un listado con
los nombres y direcciones de las personas a contactar y 1 400 dólares
para gastos, más una microcomputadora portátil con varios
aditamentos, disquetes y discos compactos, destinados a las
personas con quienes se entrevistarían en el país. También, les
orientó tomar medidas de seguridad para evitar ser descubiertos. |
¿Qué
le dijo de Frank Calzón?
Venía
a su nombre. Me dio sus teléfonos, el particular de su casa y que podía
llamarlo todos los domingos. Me sé de memoria el número telefónico de
Calzón: 703 9988384. Unos meses después comenzaría a llegarme el
dinero que me enviaba Calzón, con diversos emisarios.
¿Quiénes
eran estos emisarios? ¿Cómo se llaman?
Por
ejemplo, en agosto de 1999 me envió 800 dólares a través de Rita
Llanesa Campos, monja de la orden Hermanas Sociales. Ella vivía en
Camagüey y posteriormente, se radicó aquí en La Habana, y yo la iba a
ver a la sede de la Orden, en 27 y L, en el Vedado. Estos envíos
empezaron a ser sistemáticos. Me comunicó que iba todos los años a
Miami y a Washington, y que a través de ella podía enviarle lo que
quisiera a Frank.
También,
el contrarrevolucionario Jesús Yanes Pelletier me trajo 200 dólares a
nombre de Frank, el 27 de octubre de 1999 y el 2 de noviembre del 99.
También, dos relojes pulsera, un radio muy moderno, materiales de
oficina, medicamentos...
¿Calzón
le pidió algo en específico?
No
a través de Rita. Solo
en una ocasión, por teléfono, me pidió que le enviara la revista
Vitral, que publica la Diócesis de Pinar del Río y que Calzón y otros
en Miami elogian por la línea política que mantiene contra la Revolución.
Usábamos un buzón nuestro y a través de él le mandamos otras cosas.
Él se cuida mucho. Es un hombre sumamente desconfiado. No da sus teléfonos,
no da sus señas, nada. Conmigo hizo una excepción. Mantuvimos
contactos hasta el pasado 2 de abril. Su último envío de dinero fue el
16 de marzo. Me mandó 100 dólares.
¿Qué
fue lo último que habló con él?
Me
dijo por teléfono: oye, para allá va un primo (“una mula”)... Hablábamos
en esos términos... Desde aquel primer contacto con el norteamericano,
nunca me dejó de enviar dinero. Nunca.
¿Recuerda
otros envíos?
En
agosto de 2000 visitó a Cuba Douglas Schimmel, turista norteamericano.
Este traía un listado de gente a la que debía entregar el dinero.
Fue detenido por las autoridades y confesó haberse reunido el 24
de julio de 2000 con Frank
Calzón, quien le entregó esa relación de contrarrevolucionarios que
debían recibir el dinero.
También,
le orientó aplicar un grupo de medidas de seguridad para no ser
descubierto. Schimmel explicó que retuvo el dinero entregado por Calzón
hasta conocer a sus destinatarios, con el fin de repartirlo
entre los que más le agradaran. El último día de su estancia
en Cuba decidió distribuirlo entre
Elizardo Sánchez, Raúl Rivero e Hilda Molina. Excluyó a
Martha Beatriz, Gustavo Arcos, Osvaldo
Payá y Rafael León Rodríguez. También, a Jesús Yanes
Pelletier. Dijo que ya tenían dinero y además le habían enviado
medicinas y otros artículos.
¿Tuvo
usted algún vínculo con la Fundación Nacional Cubano Americana?
Presencié
varios hechos que vinculaban a los contrarrevolucionarios con la Fundación
Nacional Cubano Americana y a la SINA. Por ejemplo, el 16 de julio de
1999 asistí al ayuno protagonizado por Oscar Elías Biscet. Allí se
apareció el entonces jefe de la SINA Michael Kosak, con un paquete que
contenía medicinas, jugos, aceite y jabones. En la conversación, Kosak
y Biscet quedaron en que este último visitaría la Sección de
Intereses tres días después para enviar un fax a la Fundación
Nacional Cubano Americana, en el que daría cuentas del ayuno. Ese mismo
día y delante del funcionario norteamericano, otro
contrarrevolucionario, Ángel Moya, se envalentonó y propuso hacer un
llamamiento a los jefes de Estado que participarían en la Cumbre
Iberoamericana que se iba a celebrar en el país. El objetivo era que le
exigieran al Presidente cubano el “cese de la dictadura”.
Aquel show, por supuesto, estaba cocinado desde antes.
Una
curiosidad: ¿hubo tal ayuno?
Por
supuesto que no. Allí se comía, se bebía,
se hacían caldos con pollo... El propio Kosak contribuyó con
aquella farsa.
Otra
curiosidad: ¿los norteamericanos dieron alguna instrucción para hacer
contactos con instituciones internacionales para promover las acciones
de los “disidentes”?
Mira,
yo misma tuve comunicación con el Instituto Republicano Internacional.
Desde la propia SINA les pasaba fax donde les solicitaba medicamentos y
me los mandaba. Siempre los
norteamericanos nos han brindado sus computadoras, sus fax y todas sus vías
de comunicación. Ponían todo a nuestra disposición para que tuviéramos
esos vínculos. Como esto se había convertido en algo cotidiano,
terminaron inventando una sala con cinco computadotas con acceso a
Internet, dentro de la Sección consular. Poco a poco fueron subiendo la
parada.
¿Qué
significa eso?
Terminaron
institucionalizando la relación y dando orientaciones sin ningún
disimulo. Hablaban abiertamente de su interés por derrocar el sistema
cubano.
¿Puede
probar lo que está diciendo?
Está
por escrito, en la propia documentación que nos entregaban. Por
ejemplo, tengo un folleto que se llama
Guía de Recursos para la Transición. Es un manual, en dos
partes. Primero, te explican qué es una transición y
qué hacer en la esfera social, la militar. La segunda parte es
un listado de organizaciones que apoyan a los “países en pre transición”
y de las organizaciones que apoyan a los “países en post transición”.
Usted puede ver ahí los números
de teléfonos, de fax, los nombres de las personas con las que hay que
contactar. En fin, todo. Robin Meyer lo puso en mis manos como algo muy
importante y ultra secreto, que debía aprenderme de memoria y
desaparecerlo. Y en verdad está todo tan masticado, que era algo muy útil
para el trabajo “opositor”. Tal es así que lo escondí de mis
propios compañeros de la Seguridad, temiendo que se extraviara.
¿Cómo?
Después
de la visita de la Meyer a mi casa, la Seguridad me hizo un registro. Me
avisaron que iban para mi casa, porque estaban revisando a los
principales cabecillas. El comedor se había derrumbado y teníamos tres
metros cúbicos de piedra para fundir la placa. Empecé a palear piedra
hasta que las fuerzas se me agotaron. Puse el libro allí y volví a
echarle toda la piedra encima.
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