CHE, HOMBRE DE PARTIDO
 
Por Nayda Sanzo

   Cuando en octubre de 1965 fue presentado al pueblo el primer
Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el comandante
Ernesto Che Guevara brindaba ayuda al movimiento revolucionario
del Congo belga (hoy República Democrática del Congo).
   Por eso aquel Comité Central no tuvo como miembro a quien,
como subrayó su Primer Secretario, poseía ''todos los méritos
y todas las virtudes necesarias en el grado más alto''.
   Precisamente ese día, Fidel lee la histórica carta en que el
Che hace formal renuncia de la condición de cubano, del grado de
comandante, del cargo en la dirección del Partido Unido de la
Revolución Socialista (PURSC) porque otras tierras del mundo
reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos. 
   Activo protagonista en la formación de un partido único, no es
casual que el hubiera escrito el prólogo del libro ''El partido
marxista-leninista'', editado en 1963.
   El PURSC recién constituído tenía la responsabilidad de
   subsanar los errores de sectarismo cometidos por las ORI
   (Organizaciones Revolucionarias Integradas), surgidas de la 
fusión del Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular 
y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo.
  Como parte de ello, en su conformación se adoptó una decisión
trascendente, que el Che menciona en ese prólogo: ''...recurrir a
las masas, y así se estableció el sistema de consulta de todos
los centros de trabajo para la elección de los obreros
ejemplares por la masa, la posibilidad de ser seleccionados para
integrar los núcleos del partido''.
   El vínculo con el pueblo aparece reiteradamente en los
   escritos y discursos del heróico comandante, quien dedicó 
muchas energías al fortalecimiento del Partido, que el definía 
como motor ideológico de la Revolución.
   Al hablar en la asamblea de trabajadores de la textilera
Ariguanabo, plantea: ''Hay que obrar dialécticamente, apoyarse en
las masas, dirigirlas mediante su ejemplo, utilizar la ideología
marxista, utilizar el materialismo dialéctico y ser creadores en
todo momento''.
   También fue enfático en las cualidades de un militante:
''Tiene que ser un hombre que sienta íntimamente en todo su ser
las nuevas verdades, y que las sienta con naturalidad, que
aquello que sea sacrificio para el común de la gente sea para el
simplemente la acción cotidiana'', explicaba a esos obreros.
   Pero, sobre todo, exhortaba a los miembros del Partido
   a grabarse en la memoria como su arma mas eficaz contra todas
   las desviaciones lo siguiente: ''El marxista debe ser el 
mejor, el más cabal, el más completo de los seres humanos pero, 
siempre, por sobre todas las cosas, un ser humano''.
   No llegó Ernesto Guevara a integrar las filas del PCC, pero
nunca ha estado ausente de este Partido de todas las batallas,
que, como el estimaba, debía ponerse firmemente a la cabeza
del Estado proletario, y guiar con sus actos, con su ejemplo, 
con su sacrificio, con la profundidad del pensamiento y la 
audacia de sus actos cada uno de los momentos de la Revolución.
   Y al releer ''El socialismo y el hombre en Cuba'' -ese texto
indispensable-, parece que el Che, vivo y actuante, afirmara en
1997: ''Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna
-no nos avergüenza ni nos intimida el decirlo- va Fidel, 
después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan 
cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su 
conjunto, sólida armazón de individualidades que caminan hacia 
un fin común''.                                               

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