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Corynthia:
masacre horrenda de jóvenes cubanos
Alexis Rojas Aguilera
Servicio Especial de la AIN
La traición, el intento fracasado desde su propio origen y la masacre
horrenda, fue el saldo de la expedición del yate Corynthia, hace 55 años: en la margen
del arroyo La Marea, en la zona de Cabonico, municipio de Mayarí, el ejército de la
tiranía asesinó a mansalva a 16 jóvenes, el 28 de mayo de 1957.
Quedaba así cumplida la orden expresa de Fulgencio Batista al criminal
Fermín Cowley, jefe entonces del Regimiento Militar de Holguín.
La indicación del sátrapa, trasmitida por el general Francisco (Pancho)
Tabernilla, fue precisa: ni heridos ni presos, con tanto cinismo y desfachatez, que los
expedicionarios capturados y luego ultimados, pudieron escuchar en la radio la
noticia de sus propias muertes.
Parte de esos muchachos fueron quienes solicitaron armas para combatir al
oprobio, al que fuera presidente de Cuba, Carlos Prío Socarrás, defenestrado por el
golpe militar, pero solamente recibieron promesas.
A fines del 1956, con manifiesto afán de protagonismo y en franco
aprovechamiento de antagonismos surgidos entre Batista y el no menos asesino Rafael
Leonidas Trujillo, tirano de Santo Domingo, Prío Socarrás creó condiciones para que el
grupo de futuros combatientes se prepararan militarmente en ese país.
Veinte jóvenes, junto a siete oficiales, conformaron la nómina de la
expedición que, finalmente, zarpó de Miami el 19 de mayo de 1957, en travesía larga,
azarosa y, sobre todo, llena de contradicciones internas por visiones políticas
diferentes entre sus integrantes.
El 23 de mayo, encayó la embarcación frente a Los Coquitos en cayo
Saetía, el cual divide a las bahías de Levisa y Nipe, y fueron trasladados por dos
pescadores hasta tierra firme por punta Dos Bahías, lengua de tierra que separa las
bahías de Levisa y Cabonico.
Pronto fueron acosados por las tropas de la tiranía quienes los
esperaban, mientras buscaban el firme de la Sierra Cristal entre rupturas y disentimientos
de los expedicionarios.
Ciertamente, indiscreciones de allegados a Prío en los Estados Unidos habían
puesto sobre aviso a los Servicios de Inteligencia (SIM) de Batista en franca
delación, al tiempo que desde Santo Domingo llegaban también señales, más la
infiltración de un agente quien desertó apenas llegaron a Cuba.
Apresada la mayoría de la tropa comandada por Calixto Sánchez White, otra
vez más se derramó sangre joven y rebelde, se truncaban sueños y se sumía a la
patria en el luto y el dolor. Luego, algunos morirían tratando de escapar.
Diametralmente opuesta a la vesánica actitud asumida por la soldadesca
fue la de los combatientes del naciente Ejército Rebelde que ese día, y en solidaridad
con los expedicionarios del Corynthia, atacaron el cuartel de El Uvero, en la Sierra
Maestra.
Mientras los esbirros masacraron sin compasión a 16 de los expedicionarios,
el Ejército Rebelde trató con dignidad a sus prisioneros y prodigó cuidados a los
heridos. De los expedicionarios
del yate, tres lograron salvar la vida con el apoyo del Movimiento 26 de Julio en Nicaro y
solamente uno de ellos se sumó a las filas del Ejército Rebelde y concluyó la guerra
liberadora con grados de capitán: Fernando Virelles, ya fallecido. |
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