| Thierry Barbier, un
piloto francés en Cuba Ana Ivis Galán
García
Nació
en París, en el seno de una familia humilde. Hace más de 30 años subió por vez primera
a un avión y nunca más se alejó de esa apasionante experiencia, que lo ha llevado ya
por más 100 países, entre ellos Cuba.
A sus 51 años de dad, el piloto galo Thierry Barbier viaja
por el mundo en un avión ultraliviano a tanque lleno, a veces solo, otras con un
copiloto, y acompañado de solo tres bidones de gasolina, un pequeño sistema de gas para
cocinar, comida para dos días, un paracaídas que protege al piloto y la maquinaria, y
una carpa para dormir.
Eterno y curioso trotamundos, como él mismo se define,
confesó en una reciente visita a la AIN que su atracción por el vuelo surgió de manera
espontánea, desde que era un niño.
Al arribar a la juventud, se inició entonces en el arte de viajar, cuando tan solo era
estudiante. Fue en esa etapa que recorrió Europa pidiendo botella y como caminante.
Con 18 años de edad aprendió a volar en Alas Delta, como
Parapente, en los llamados vuelos sin motor. Y ya hoy cuenta con su propia escuela de
pilotos, en la que su hijo de 15 años pronto obtendrá su licencia de aviador.
Destaca entre sus gustos el descubrir la vida de la gente,
las costumbres y tradiciones de los pueblos que visita.
Quizás por ello se lanzó a la aventura de atravesar
África en motocicleta, y también el sur de la India. Viajó en un Citröen antiguo por
América del Sur, a fines de los años 80 y en el 2005 hizo el recorrido en tren de París
a Beijing, acompañado de sus tres hijos.
Vuela amparado por una licencia que lo califica desde hace
36 años para pilotar su ultraliviano, hecho de tubos de aluminio, tela de dacrón (una
especie de lienzo sintético) y fibras de vidrio, con un pequeño motor de 800
centímetros cúbicos, de cuatro tiempos y cuatro cilindros, que pesa 272 kilos y alcanza
una velocidad de 65 kilómetros por hora.
Fue en Madagascar (país insular en el Océano Índico),
donde trabajaba como profesor de idioma, cuando en 1999 encendió motores y elevó alas
para viajar y desde las alturas captar hermosas imágenes del planeta.
Llegó a Cuba por primera vez el pasado martes 24 de abril.
Era el país número 75 que visitaba como parte del proyecto ambientalista Colores
de la Tierra, de la organización francesa sin fines de lucro Objetivo Tierra.
Arribó a la Isla en un periplo que incluye también a
República Dominicana, Haití y Jamaica, México, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua,
Costa Rica, Panamá, El Salvador, nuevamente el país azteca y San Diego, Estados Unidos,
donde finalizará su gira caribeña y centroamericana.
Lo acompaña en esta etapa su compatriota Francois Dejean.
En EE.UU., junto a otro copiloto, volará todo el país norteño hasta Canadá, donde se
le unirá su hijo.
De allí regresará a Francia y espera en el 2013 volver a
la nación canadiense, de donde partirá hacia Alaska, Rusia y Japón.
Procedente de Puerto Príncipe, Haití, arribó a la
oriental provincia de Santiago de Cuba. Y luego de sobrevolar la ciudad de Cienfuegos y
Cayo Largo, llegó el jueves 26 a La Habana, donde finalizó una estancia de cinco días.
Vino en busca de imágenes de esta Isla, para sumarlas al
proyecto ambientalista Colores de la Tierra.
Aquí vio, según reveló, por primera vez una capital no
invadida por millones de autos, atestando las calles y contaminando el aire con su
polución.
Y aunque reconoce que no tenía mucho conocimiento de este
país, comentó que este viaje le permitió descubrir que acá la gente es tranquila,
alegre y natural.
Cuba es un país muy limpio, dijo. A algunos sorprenderá
esta frase, pero no se puede negar que nuestras ciudades provinciales muestran un rostro
bien diferente al de algunas localidades de la capital. Además, este piloto ha recorrido
varias naciones y ello le ha servido de contraste.
Para él las fotos de la Madre Naturaleza tienen alto valor
para sensibilizar a la humanidad de la importancia de protegerla. Desde el cielo se puede
apreciar la belleza del planeta y el daño que el hombre le hace. Cuando uno ve la
destrucción en la selva de la Amazonia, afirma, las imágenes hablan por sí solas.
Y al cubano aventurero que desea descubrir y conocer mejor
su Isla, le sugiere recorrer el país caminando, en bicicleta o a caballo. Es seguro,
ciento por ciento, que gente solidaria le brindará ayuda. Asegura que a la vuelta de un
año o dos habrá cumplido su objetivo. Lo que hay es que prepararse bien, eso sí. Pero
no es un sueño imposible.
Es que para este osado piloto francés el asunto no está
en tener suerte en la vida. Si se tiene un sueño, solo hay que trabajar mucho y duro.
Todo depende de la energía que se ponga para hacer un sueño realidad. |