| Amor ciego: amor de
madre Yeneily García García
Una antigua fábula europea cuenta que una lechuza pidió al águila
soberana del bosque- el favor de no devorar a sus hijos en las cacerías.
La poderosa reina, conmovida, quiso conocer la apariencia
de la prole para así evitar convertirlos en la cena, a lo cual el ave nocturna respondió
que los reconocería por su belleza.
La próxima vez que voló en busca de alimento, por
consideración a la promesa hecha y para no equivocarse, el águila voló hacia los
pichones más feos, los cuales resultaron ser precisamente los vástagos de la lechuza.
Una de las moralejas de la historia podría ser que el amor
de madre probablemente sea el único verdaderamente incondicional y la ciencia se ha
encargado de probarlo.
Estudiosos británicos encontraron un basamento sólido a
través de investigaciones que demostraron que la desgraciada ave -similar a otras madres
humanas- no exageraba, sino que al contrario, creía sinceramente en sus palabras.
Según Semir Zeki y Andreas Bartels, del Departamento de
Neurología Cognitiva de la University College London, la ceguera amorosa -aplicada
también a la variante romántica- suprime la actividad neuronal asociada con la
evaluación crítica y las emociones negativas.
Afirmaron que el cariño maternal actúa sobre el cerebro
activando y desactivando zonas encargadas del juicio social y la evaluación de la actitud
humana, con lo cual se pierde la capacidad de criticar a nuestros seres queridos, en este
caso, a los hijos.
Mediante un escáner realizado a decenas de mamás mientras
observaban fotografías de su prole, de otros niños y adultos llegaron a la conclusión
que en todos los casos el resultado fue el mismo: supresión casi absoluta de la
apreciación crítica de los seres queridos.
Así que la próxima vez que escuche a una madre orgullosa
y al juzgar por sí mismo descubra que no necesariamente coincide con ella, sonría, déle
la razón y piense que la suya pudo encontrarse en las mismas circunstancias. |