| En abril, sugerente
muestra del cine iraní
Madelín Ramírez
Para los cubanos el
celuloide se devela como un buen aliado. Cualquier ocasión es oportuna para escapar de la
rutina frente a la gran pantalla y hay algunos para quienes esos viajes llegan a
convertirse en recorrido habitual.
Esos son los que esperan el festival
internacional de cine latinoamericano con devoción y persiguen cada una de las semanas de
cine francés, español, alemán, italiano o de cualquier otra región, seguros de que la
muestra traerá sorpresas, a veces decepcionantes y otras sencillamente memorables.
No es difícil imaginar entonces la
expectativa ante el anuncio de la primera Semana de Cine Iraní, del 9 al 16 de abril en
esta capital. Lejos de rostros disimulados tras los tejidos, la propuesta se antoja una
forma de correr el telón y llegar a la esencia de seres que viven, trabajan, aman,
sueñan y luchan por esos sueños.
La nota que circula por la Internet
advierte la llegada del cineasta iraní Asghar Farhadi a La Habana. Todo un privilegio
para quienes escuchamos el revuelo que causó Una separación, al conquistar
el Oscar al mejor filme extranjero, el Globo de Oro y el Oso de Oro en Berlín, junto a
otros galardones relevantes.
Mayor es el impacto al saber que el propio
realizador presentará ese largometraje a los cubanos en la jornada inaugural, y que
reserva un tiempo para intercambiar con jóvenes estudiantes de la Escuela Internacional
de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.
Pero el programa incluye otras propuestas sugerentes. Son ocho producciones recientes las
que nos acercarán a esa nación persa, entre ellas Fiesta del fuego y A
propósito de Elly, que en 2009 le valió a Farhadi el Oso de Plata a la mejor
dirección en Berlín y el Premio a la Mejor Cinta en el festival de Tribeca, Estados
Unidos.
El color del paraíso, de Majad
Majidi; El globo blanco, de Jafar Panahi, El sabor de las cerezas,
de Abbas Kiarostami, Bashú de Bahram Beizai y Nadie sabe nada de gatos
persas, dirigida por Bahman Ghobadi completan la lista.
Lo cierto es que el idioma, las costumbres,
las tradiciones, dejan de ser obstáculos cuando el arte es auténtico y la película
llega a tocar la sensibilidad del espectador hasta conmoverlo.
Las pocas imágenes que circulan en los
anuncios bastan para anotar en la agenda la propuesta, con la intención de confirmar lo
que la crítica pronuncia, o por el contrario, y desde esa percepción muy particular de
cada uno, cuestionarnos conceptos estéticos con una mirada reflexiva.
Tal vez además, motivados por el
romanticismo de esa caligrafía ajena, busquemos la muestra del pintor iraní Hassan
Makaremi, para seguir los trazos de una cultura milenaria. |