| Un colectivo que
lucha contra la degradación de los suelos Pablo Soroa Fernández
La Estación de Suelos Guantánamo,
que durante 35 años se ha dedicado a la conservación de ese recurso natural, constituye
paradigma de la comunidad científica del territorio y es acreedora de reconocimientos
internacionales por su labor.
Entre estos figura el premio Salvando las
tierras secas, al cual contribuyó de manera protagónica con la creación del paquete de
proyectos tecnológicos dedicado a combatir la salinidad, fenómeno secular del valle
guantanamero, principal fuente de alimentos de la sexta urbe más poblada de Cuba.
El mapa de riesgos de degradación de los
suelos de Guantánamo figura entre los logros de ese colectivo científico de la región
cubana más oriental, la más afectada en el archipiélago por la sequía y otros
fenómenos conducentes a la desertificación.
Los investigadores Juan Baisre, Diosnel San
Loy, Irina Fuentes y Oscar Borges destacaron en esa obra, concluida a fines de los pasados
años 90, cómo es la degradación biológica, entre otras, la que más daña al
territorio, al localizarse en casi 600 mil hectáreas, seguida de la química, diseminada
en la tercera parte de esa extensión.
La erosión eólica, la salinidad y
diversos fenómenos físicos afectan también en Guantánamo la integridad del suelo, el
único cuerpo natural que contiene todos los elementos químicos de la clasificación y
tabla periódica de Mendeleiev.
Otros documentos cartográficos
confeccionados en el territorio constituyen valiosos instrumentos en la defensa del
entorno, incluidos los mapas de salinidad del valle de Guantánamo y el esquema detallado
de desalinización, este último con la asesoría del Instituto Nacional de Recursos
Hidráulicos.
Esas obras figuran entre las acciones
coordinadas para detener el avance de los mencionados procesos nocivos, y forman parte del
programa de rehabilitación de la franja costera Caimanera-Maisí, considerada la zona
más árida del archipiélago por el notorio predominio de la evaporación sobre las
precipitaciones.
La sequía es período de condiciones
anormalmente secas, lo suficientemente prolongado para que la escasez de lluvias provoque
el desequilibrio hidrológico.
Por su parte, la desertificación se
asemeja a la enfermedad de la piel: áreas empobrecidas surgen a miles del kilómetros del
desierto más cercano, crecen, se unen y hacen desaparecer formas de vida antes
florecientes.
Esta última, a diferencia de la sequía
(situación anómala, efecto del clima), se debe a la actividad humana, principalmente a
prácticas agrícolas incorrectas, con efecto funesto en las zonas áridas, semiáridas y
subhúmedas secas, mientras la sequía es la situación anómala del clima.
Un puñado de suelo, medida no contemplada
ni en el antiguo Sistema Métrico Decimal, ni en el vigente (Internacional de Unidades)
contiene más seres vivos que personas existieron en la tierra: alrededor de mil millones
de bacterias, miríadas de nemátodos y 25 kilómetros de tejido fungoso.
Tal es la importancia que reviste para el
medio ambiente y el ser humano salvaguardar ese cuerpo natural para las generaciones
futuras, y que las actuales puedan utilizarlo sosteniblemente. |