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¿A
dónde van beneficios de la sustitución de importaciones?
Lucilo Tejera Díaz
Servicio Especial de la AIN
En los últimos tiempos, por necesidad imperiosa e impostergable de la
economía cubana, la sustitución de importaciones se ha convertido en la intención de
muchos centros productores de bienes y servicios.
Para buena parte de la población, e incluso muchos de los propios
laborantes que intervienen en la tarea, esta resulta empeño de la macroeconomía y que en
realidad no se palpa.
Claro que no es así, y el producto de la sustitución de importaciones se
reincorpora a la sociedad por numerosas vías.
En síntesis, sustitución de importaciones es toda aquella producción de
bienes materiales o de servicios que logrados nacionalmente eviten recurrir al mercado
internacional a adquirirlos, lo cual implicaría gastos en divisas frescas o apelar a
créditos.
El siguiente es un ejemplo de sustitución de importaciones, de decenas que
se podrían mencionar, y cuánto puede representar para la población.
Hasta mediados de marzo, los cuatro centrales azucareros participantes en la
zafra en la provincia de Camagüey habían traspasado a la red eléctrica nacional, de la
generación de sus turbinas, siete mil 351 megawatt-hora.
Este aporte, que como toda la producción de esa energía se consigue
utilizando el bagazo de la caña molida como combustible en los hornos de las calderas de
vapor, equivale a seis mil 557 toneladas de fuel oil.
Entonces, esta acción por sí constituye sustitución de importaciones pues
no implica gastar petróleo en una termoeléctrica, teniendo en cuenta que la mayor parte
del carburante utilizado en Cuba es importado.
A los precios del fuel oil del momento, la cogeneración de los ingenios
camagüeyanos significa que hasta ahora el país dejó de erogar poco más de cuatro
millones 222 mil dólares.
Ahora bien, ¿cómo se expresa en la vida cotidiana tal ahorro?
Considerando el consumo eléctrico medio de 200 kilowatt-hora por vivienda
mensualmente, el traspaso de energía a la red nacional significó que 36 mil 755 casas
utilizaran durante un mes la corriente generada en los ingenios.
También puede preguntarse: ¿En qué pudo emplearse el dinero ahorrado
atendiendo a los precios de los alimentos, por cierto cada vez más altos, que
habitualmente importa Cuba?
Con los cuatro millones 222 mil dólares el país pudo comprar -incluyendo el
precio del producto, su flete hasta puerto nacional y los seguros- mil 042 toneladas de
leche en polvo, que tras su procesamiento industrial se convierten en unos 11 millones 363
pomos de leche fluida. O siete
mil 878 toneladas de arroz, que llevando esta cantidad a la canasta familiar a las cinco
libras que se vende subsidiada a cada cubano mensualmente, implica el beneficio en un año
de 288 mil 860 personas, más de la población de una ciudad como Santa Clara, capital de
la provincia de Villa Clara.
Otro ejemplo: pueden comprarse tres mil 280 toneladas de pollo en cuartos, 12
mil 528 de trigo para hacer pan y repostería, cuatro mil 923 de frijoles o tres mil 272
de aceite de soya.
Y si se sigue la cadena se puede decir: Cuba tiene posibilidades de sustituir
importaciones cuando produce más arroz, leche, frijoles y muchas cosas más.
¡Cuántas ventajas por el solo hecho de que nada más los cuatro centrales
en zafra en Camagüey aporten a la red pública electricidad lograda a partir del bagazo
de la caña! Por eso es oportuno mirar bien qué le toca hacer a cada cual para dar su
beneficio, y si no lo acompañan, exigirlo. |
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