| Mitología de Baco:
placeres ficticios del alcohol Lianet
Leandro López
La
aceptación social del consumo de alcohol a lo largo de los siglos se ha sostenido en
diversos mitos, los cuales relacionan a esa sustancia tóxica con el placer sexual, la
facilidad de palabra o el aumento de la autoestima.
Tal vez esos criterios ampliamente compartidos tanto por
bebedores como abstemios, se mantengan en la actualidad como herencia de la mitología
clásica grecolatina, donde Baco (para los romanos) o Dionisos (para los griegos), el dios
del vino, estuvo asociado además al éxtasis y a la liberación orgiástica.
Pero nada más dañino para los iniciados en el camino del
alcohol, aun como discípulos ocasionales, que justificarse en falsas creencias, umbrales
de una enfermedad que lacera el cuerpo, el espíritu y la representación del individuo
ante la sociedad y sus propios ojos.
Especialistas de la Dirección Provincial de Salud Pública
interesados en frenar la tendencia de incremento sostenido de pacientes alcohólicos
facilitaron a la AIN la recopilación de los mitos más frecuentes y los argumentos para
rebatir su falsedad.
Entre los más socorridos, principalmente por jóvenes, es
el del alcohol como afrodisíaco; sin embargo, abundan las investigaciones científicas
para desmerecer ese postulado, pues la droga, al principio, activa mecanismos de
desinhibición, pero su acción fundamental es depresora del sistema nervioso central.
William Shakespeare, en su obra Macbeth, puso en boca de
uno de sus personajes la afirmación de que el alcohol provoca el deseo, pero frustra la
ejecución, y no se equivocaba, pues según reporta la página de sexología del sitio
digital Publispain.com, dificulta la erección masculina y la respuesta orgásmica en uno
y otro sexo.
Otro concepto erróneo radica en consumir algunos tipos de
bebidas y pensar que hacen menos daño; o que las mezclas emborrachan más, cuando en
realidad el estado de embriaguez lo determina la concentración de gramos de alcohol por
litro de sangre (g/L) y la rapidez para beber.
Según recomendaciones para el consumo responsable de
alcohol, citadas por la página web de la Universidad de Caldas, en Colombia, con más de
10 tragos se alcanzan niveles superiores a los tres g/L, y la persona cae en embriaguez
profunda con pérdida total de los reflejos.
El alcohol es una droga, y aunque para algunos parezca
complemento de la diversión, la alimentación, facilitador del diálogo, motor de
autoestima, o vía de escape a los problemas de la vida cotidiana, lo cierto es que deriva
en consecuencias tan nefastas como las llamadas drogas duras.
Con alto potencial adictivo, provoca polineuritis, cirrosis
hepática, diversos tipos de cáncer en el sistema gastrointestinal, disfunciones
sexuales, delirium tremens o alucinaciones y psicosis, y estado grave de desorden mental,
entre otras afecciones.
El llamado bebedor social, a quien no se le cuestiona,
puede ser la antesala del individuo portador de las secuelas mencionadas, a quien la
comunidad desprecia por borracho sin detenerse a pensar que en otro tiempo esa persona
tuvo dignidad y propósito en la vida, y lo perdió por el alcohol. |