| El menú azotado
nuevamente por el mercado internacional Adolfo Silva Silva
La Habana, 1 feb (AIN) La pócima amenaza
con derramarse otra vez sobre la mesa.
No es un presagio fabuloso para sazonar
caldos de ficción, sino el fundado pronóstico de una nueva grieta en las ollas, sobre
todo, en las de los pobres: el previsible aumento de los precios de los alimentos en el
mercado internacional.
Insertado en los azotes apocalípticos
galopantes en el mundo, el anuncio proviene de una fuente confiable.
José Graziano da Silva, director de la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afirmó
en una conferencia de prensa en Roma que la volatilidad de los precios de los alimentos
seguirá en 2012 con muy pocas reducciones, pese a la desaceleración económica.
La información expone, además, entre
otros elementos, que las cuantías no subirán como en los últimos dos o tres años, pero
tampoco -según los cálculos- disminuirán.
El hecho entraña la agravante
particularidad de corresponder a un entorno universal con cerca de mil millones de
personas en el umbral del hambre, no obstante la posibilidades del orbe para alimentar a
más de sus siete mil millones de habitantes.
Cuba planificó importar en 2012 productos
alimenticios por mil 717 millones de dólares, de acuerdo con uno de los informes
presentados en diciembre en la Asamblea Nacional del Poder Popular.
La partida incluye los cálculos del
ascenso de los precios, por lo cual, por ejemplo, en la compra de arroz el mazazo será de
cinco millones 200 mil dólares más si el aumento es el mínimo de las oscilaciones
esperadas.
Los desembolsos estimados para la presente
etapa tienen un atenuante relativo: el incremento de la producción nacional permitirá
decrecer volúmenes de compras en el exterior, pero aún el gasto permanecerá abrumador.
El 2012 estuvo antecedido por un año
también con la explosión de las erogaciones monetarias en el mercado foráneo.
Fisuras internas enturbiaron más ese
panorama, con incumplimientos, entre otro renglones, en carne vacuna y de cerdo, leche de
vaca, frijoles y maíz.
Ello provocó cuantiosas inversiones por
encima de las previstas para 2011.
Las alzas de las tarifas y el déficit en
la ejecución de los planes convergen en un "tsunami" generador de marejadas
como el requerimiento de transferir, a la compra de alimentos, montos financieros
destinados a diversos proyectos de desarrollo.
Es un desafío entre la espada y la pared.
Las cuentas son claras y el gasto espeso.
Importar es una necesidad, incluso en los
países situados en el pináculo del poderío económico, pero si entraña una incidencia
devastadora entonces pone en riesgo hasta la estabilidad de los más fuertes.
En Cuba urge revertir, sin retrocesos, la
obligación de obtener desde el extranjero colosales volúmenes de alimentos. Es una
necesidad de seguridad nacional.
Urge dinamitar, sin perspectiva de retorno,
los escollos disímiles y copiosos en ese camino.
No hay otra alternativa que arrojar al
cesto de los desperdicios el plato viejo y a la vez nuevo de los pagos obesos aderezados
con las producciones famélicas. |