| Y, sin embargo...
filme aleccionador y reflexivo Teresita
Jorge Carpio
Luego de exitosos seriales como Diana, Doble
juego y La otra cara, el realizador Rudy Mora vuelve a la carga, en esta ocasión, para
incursionar en el séptimo arte.
Su ópera prima Y, sin embargo... por estos días uno de
los platos fuertes en los cines cubanos, aunque polémica, conjuga calidad artística y el
fantástico relato que hace reflexionar al público de todas las edades.
Para el guión, el creador, experimentado conocedor de los
medios audiovisuales, se basó en la adaptación de la pieza del ruso Alexander Jmélik
que hiciera Carlos Alberto Cremata para ser interpretada por los niños de La Colmenita,
colectivo artístico el cual dirige.
Y, sin embargo... parte de la historia de Lapatún, niño
que llega tarde al examen y para justificarse alega haber visto un platillo volador. A
partir de ese instante se desatan disímiles situaciones, dosificadas mediante el
artilugio de la fábula, la ciencia ficción y el humor, a lo cual se suma la música de
Silvio Rodríguez con nuevas melodías del cantautor.
La película, además de canciones antológicas como
Locuras, incluye dos melodías inéditas: Cayó una estrella y Cosmonauta, con la cual
empieza la cinta. Mora incluyó al autor de Unicornio en el staff de actores, según ha
declarado a la prensa, como "especie de homenaje secreto" por lo que este
significa para su generación.
Reconocidos actores, entre estos, Adria Santana, Larisa
Vega, Laura de la Uz, Eslinda Núñez, Manuel Porto y Raúl Pomares, integran el reparto
junto a los niños Olo Tamayo, Liliana Sosa, Carolina Fernández, Daniel Ramírez y
Ernesto Escalona, uno de los protagonistas de la multipremiada cinta cubana Habanastation,
de Ian Padrón.
Al más reciente estreno del Instituto Cubano del Arte e
Industria Cinematográficos (ICAIC) lo avalan ingredientes que, sin circunscribirse a los
códigos del cine comercial, lo hacen muy atractivos para el gran público.
A la excelente música se suma el espectáculo, el cual
deslumbra desde el punto de vista de la visualidad, gracias a los minuciosos y cuidadosos
trabajos en la fotografía, la dirección de arte, el vestuario y maquillaje.
Relatos no siempre convincentes del todo y el uso
reiterativo del tono resueltamente declamatorio por parte de los pequeños actores, no
logran empañar el resultado final de esta entrada de Rudy Mora en el mundo del celuloide.
La obra, aleccionadora y reflexiva en favor del
mejoramiento humano y de la virtud, es hermosa historia que, por un lado, subraya la
capacidad para luchar contra intolerancias e incomprensiones y, al hacerlo, al propio
tiempo invita a entrar en el mundo de la fantasía. |