| El cubano y su
inseparable refranero popular María Elena
Balán Saínz
Más
vale tarde que nunca, De tal palo, tal astilla, y Nunca es tarde
si la dicha es buena son algunos de los refranes que el cubano siempre tiene a flor
de labios y con los cuales acentúa esa disposición de ver el lado positivo de lo
cotidiano, aunque en ocasiones sea complicado.
Quienes habitamos esta Isla poseemos una particular manera
de ser en la que sobresale la solidaridad y la alegría; por eso no es extraño escuchar:
Al mal tiempo, buena cara.
Y muchos que no viven aquí se preguntan cómo somos
capaces de gesticular cuando hablamos y al mismo tiempo hacer uso del refranero popular
para catalogar algún hecho y encontrar el chiste oportuno cuando un momento se torna
tenso. Entonces resulta adecuado aquello de que No hay mal que dure 100 años, ni
cuerpo que lo resista.
La liga de varias culturas, en las que predominan la
española y la africana, con aderezos de chino, francés, italiano, alemán, árabe,
hebreo y otras minorías étnicas conformaron definitivamente la fisonomía del criollo de
esta tierra insular.
De ahí le vienen el gusto por la música, su sensibilidad
estética y también esa forma de acercarse a los demás y compartir lo que tiene y no lo
que le sobra.
Porque en eso radica el valor de lo entregado. No es
precisamente lo que tiene de más, sino con lo que cuenta para enfrentar el día a día.
Son hermosas lecciones de solidaridad y amistad ofrecidas
tanto en la tierra natal como en otras latitudes, donde la bata blanca del médico aparece
en el sitio más recóndito y lleva a cabo acciones tan humanitarias como las Misiones
Barrio Adentro o Manuela Espejo.
Meritoria igualmente, resulta la cruzada alfabetizadora
emprendida por educadores cubanos en muchos países latinoamericanos y de otras regiones,
donde el método Yo si puedo ha abierto las puertas de la enseñanza a los iletrados.
Y aunque esté lejos de la tierra que lo vio nacer
mantiene, generalmente, ese gracejo y no es remiso a usar algún refrán, aunque luego
tenga que explicar su significado a quienes lo dirige.
Solidario, alegre, generoso al compartir, sin amilanarse
ante los obstáculos, así somos en esta tierra caribeña, donde es común oír La
hierba que está para uno, no hay vaca que se la coma, cuando alcanzamos algún
deseo propuesto y que al fin llega. |