| Museo de Historia
Natural, centinela del medio ambiente Lilieth
Domínguez Quevedo
Víspera de cumplir 45 años al servicio de elevar
la cultura medioambiental del pueblo, el Museo de Historia Natural Tomás Romay, de
Santiago de Cuba, ha recibido en toda su historia a cerca de cuatro millones de visitantes
en 13 salas expositivas.
Ubicado en la calle Enramadas, en pleno corazón de la
ciudad, el inmueble data de la segunda década del siglo XX, época en que funcionaba como
Mercado Vidal, centro de grandes actividades comerciales por la oferta a la
población de variados productos de la industria minorista.
Según cuenta a la AIN la museóloga Hina Ramos, en medio
de toda la actividad cotidiana del mercado se encubría la de los colaboradores del
Movimiento 26 de Julio en la lucha clandestina, con la venta de bonos entre los asiduos
para sufragar los gastos de la gesta armada en las montañas.
Luego del triunfo revolucionario en 1959, se inicia el
trabajo de restauración a la edificación y por orientación del entonces Presidente de
la Academia de Ciencias de Cuba Antonio Núñez, se inaugura como Museo de Historia
Natural Tomás Romay, el 10 de octubre de 1966.
Cuentan las crónicas publicadas en la prensa de la época
que, a solo 15 días de fundada la institución, la habían visitado 833 mil 753 personas
de todos los niveles de enseñanza y esferas laborales y sociales.
Desde entonces, el estrecho vínculo de la sede con la
comunidad ha permitido el estudio y profundización en contenidos de la zoología, siempre
proyectándose con fines educativos, recreativos y culturales para la transformación,
conservación y mejoramiento del entorno.
Griselda Hinojosa, especialista de la institución,
explicó que poseen un extenso fondo que supera los mil 600 exponentes de diferentes
grupos zoológicos y botánicos, y la mayor colección de huesos de mamíferos de Cuba.
Las exposiciones permanentes brindan información a los
usuarios acerca del origen del Universo y de la vida en la tierra, el surgimiento de
invertebrados, peces y anfibios, reptiles, aves, mamíferos, detalles de la arqueología,
la botánica, osteología y fauna exótica, enfatizó.
Para un grupo de estudiantes del séptimo grado de la
escuela Secundaria Básica Roberto Rodríguez, la principal atracción es el Planetarium.
Alberto, Diana, Rosalia y otros compañeros de aula esperan
ansiosos ese momento en el que mediante un proyector que data de la Segunda Guerra
Mundial, se pueden observar constelaciones como la Osa Menor y Mayor, Cassiopeia,
Andrómeda y Orion.
Con mucha alegría la especialista, luego de mostrarles la
ubicación de la constelación más conocida para los habitantes del hemisferio sur:
La cruz del sur, les enseña que junto con las tres estrellas del cinturón de
Orion, son las que se utilizan como referencia para buscar el resto de las constelaciones.
Lograr la armonía de los ciudadanos formando valores,
actitudes y hábitos adecuados en sociedad a favor de la naturaleza, es el principal
móvil de los trabajadores del Tomás Romay, a tono con las exigencias actuales de la
Educación Ambiental que permitirá un desarrollo sostenible del planeta que habitamos. |