Por: Alejandro Martínez²
La coca es una planta oriunda de los Andes y
parte del Amazonas que crece en forma de arbusto, puede alcanzar hasta 2,5 metros de
altura, está compuesta por tallos leñosos, hojas pequeñas de color verde intenso,
flores blancas minúsculas y frutos rojos de forma ovoide que miden alrededor de un
centímetro de largo.
Esta planta se desarrolla a plenitud en tierras cálidas y húmedas,
en laderas de fuertes pendientes o en terrazas de mesetas, a una altura que oscila entre
600 y 2 mil metros sobre el nivel del mar. Este cultivo tiene, además, la particularidad
de no necesitar un cuidado especial para su crecimiento, como sí lo requieren otras
plantas subtropicales.
El cultivo de la coca es una práctica milenaria, que los pobladores
de la región andina han venido trasladando de generación en generación, no solo por sus
cualidades curativas y alimenticias, sino también por la significación social y
religiosa que tiene para ellos.
Sacha Barrio, autor del artículo Propiedades medicinales y valor
terapéutico de la hoja de coca publicado en la página digital Avizora.com, comenta
que los antiguos pobladores de los Andes concebían la hoja de coca como un elemento de
buen augurio que bendice y sacraliza cada momento de la vida del hombre, tales como el
nacimiento, el matrimonio, la agricultura e, incluso, hasta la muerte.
La coca ha sido, además, una forma alternativa de mitigar la sed,
el hambre, el frío, el cansancio y otras condiciones adversas para los trabajadores
andinos, gracias a las múltiples propiedades que aporta la hoja al ser consumida en forma
de té o simplemente al masticarla.
El decano del Colegio de Biólogos del Perú, Juan Eduardo Gil Mora,
expone en el documento La Hoja de Coca: Opinión técnica del Colegio de Biólogos del
Perú, los diferentes usos que la hoja de coca tiene para la salud del ser humano:
"
es una excelente medicina para el sistema digestivo,
quita el síndrome de altura (vértigo, vómito), combate el agotamiento físico,
cólicos, dolor de muelas, dolores reumáticos, en forma de emplastos cura heridas y tiene
acción antiséptica, consumido como té o chacchado tiene propiedades antiflogísticas...
Con excelentes resultados se usa para hacer gárgaras, aliviar el dolor de garganta y
ronquera. En forma de emplastos sirve como analgésico, cicatrizante y antiséptico en
casos de heridas o quemaduras."
Continúa diciendo en su trabajo que, gracias a que la hoja de coca
posee alcaloides que en su conjunto aumentan el oxígeno celular, como la globulina y la
piridina, el hombre andino fue capaz de desarrollar civilizaciones a 2 mil 500 metros de
altura sobre el nivel del mar.

Como suplemento alimenticio la hoja de coca presenta una variada
gama de componentes que ha favorecido a los pobladores de estas regiones durante siglos,
como son: Nitrógeno, Alcaloides, Grasa, Carbohidratos, Betacaroteno, Alfacaroteno,
Vitaminas (C, E, B1 y B2), Niacina, Calcio, Fosfato, Potasio, Magnesio, Sodio, Aluminio,
Bario, Hierro, Estroncio, Boro, Cobre, Zinc, Manganeso y Cromo.
Sin embargo, este cultivo ha permanecido bajo el ojo avizor de la
prohibición desde hace tiempo. Cuando los conquistadores españoles llegaron a los Andes
en el siglo XVI consideraron aquellas prácticas realizadas con la hoja de coca de
satánicas y paganas, por la importancia religiosa y medicinal que le atribuían aquellas
comunidades aborígenes.
Así lo documenta el Dr. Carlos Terrazas Orellana en su trabajo
titulado Milenaria y Sagrada Hoja de Coca, en el que dice que los españoles
"sospechaban que se trataba de una obra del demonio", por lo que un Consejo
reunido en Lima, Perú, "prohibió su consumo terminantemente".
Aunque, prosigue el autor, los españoles utilizaron otra táctica
restrictiva, ya que los indígenas no estaban en condiciones de realizar los trabajos
forzados en las minas sin sus hojas de coca, por lo que decidieron distribuírselas
limitadamente durante tres o cuatro veces al día.
Para fines del siglo XIX y mediados del XX la discriminación hacia
los cocaleros no cejaría y la monopolización de la economía capitalista remarcaría su
interés alrededor de este cultivo, en pos de dominar el mercado de los productos
fabricados con la hoja de coca.
Una comisión dirigida por el banquero norteamericano Howard Fonda
realiza en 1949 una visita de tres meses por Bolivia y Perú, determinando que la hoja de
coca "producía retardo mental y que era la causa de la pobreza de estos
países", por lo que recomendó a las Naciones Unidas la erradicación de su consumo,
"excepto para la fabricación de una bebida llamada Coca-Cola que, por extraña
razón, sí resultaba beneficiosa", según destaca el documento Ley de la Coca
a propuesta del Consejo de Federaciones Campesinas de los Yungas-Cofecay y la Asociación
Departamental de Productores de Coca-ADEPCOCA de Mayo 2001.
La Organización de Naciones Unidas (ONU), a raíz del estudio
realizado por la comisión de Fonda, decretó la erradicación de la hoja de coca mediante
el artículo 27 de la Ley de Ginebra de 1961, donde dice: Se podrá autorizar la
producción de un agente saporífero que no contenga ningún alcaloide y en la medida
necesaria para dicho uso, autorizar la producción, exportación, el comercio y posesión
de dichas hojas.
Como puede observarse, la Coca-Cola solo recibió su
descocainización, por ser considerada la cocaína un alcaloide nocivo para la salud
humana. Sin embargo, esto no impidió en lo más mínimo que cada año Estados Unidos
continuara exportando desde la región andina miles de toneladas de coca para la
fabricación de esta bebida y de productos farmacéuticos.
De esta forma, mientras los cocaleros y habitantes de esta parte de
Suramérica tenían prohibido el consumo y producción de los derivados de la hoja de coca
incluso el masticado de la misma, las grandes empresas llenaban sus arcas
comercializando anestésicos y drogas estimulantes, amparados por el Artículo 23 de la
Ley en cuestión.
El artículo Movimientos sociales de Bolivia, de Juan Carlos
Chamorro, muestra cómo en 1985, debido a la caída del precio del estaño y al cierre de
las minas en Bolivia, los mineros desocupados se desplazaron hacia los valles del Chapare
y Los Yungas para cultivar la hoja de coca, hecho que marcó el inicio del movimiento de
trabajadores de este renglón productivo, el cual heredó toda la estructura
organizacional de los mineros.
Fue precisamente en el valle de Chapare (Cochabamba), en 1995, donde
surgió el dirigente de productores de hoja de coca Evo Morales, defensor del cultivo
legal de la coca y en contra de la erradicación forzosa, entre otras políticas, a las
cuales había sido sometido el cocalero.
Pero la lucha contra la cocaína fue en detrimento del cultivo de la
hoja de coca, ya que se consideraba a esta planta como la base fundamental para la
fabricación de la droga, por lo cual la Convención de Viena de 1988 condenó la
producción y comercialización de esta hoja, exceptuando su utilización tradicional.
Sin embargo, la cocaína tan solo representa el 0,5 o 1% de los 14
alcaloides presentes en la planta, el cual se desactiva al contacto con la saliva en el
proceso de masticación sin causar efectos adictivos o nocivos para el ser humano. Para
producir un kilogramo de cocaína se necesitan 300 kg de hojas de coca y grandes
cantidades de sustancias químicas como el ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, éter,
carbonato, acetona, queroseno, entre otros.
A pesar de que la Organización Mundial de la Salud aclarara, a
mediados de 1990, que el consumo de té de coca y el mascado de la hoja son totalmente
inofensivos para la salud humana, continúa hoy la lucha por la despenalización que
prohíbe el consumo y la producción derivada de la hoja de coca, en la voz del máximo
líder boliviano, Evo Morales, con el propósito de no dejar morir una de las prácticas
más antiguas e identitarias de la región andina.