Por Alejandro
Martínez²
En la occidental provincia
panameña de Chiriquí, y a escasos kilómetros de Costa Rica, se eleva por encima del
nivel del mar el volcán Barú, también conocido como Chiriquí, cuya cúspide marca el
punto más alto del país, con una altura de 3 mil 475 metros sobre el nivel del mar.
Este volcán, considerado el más grande de cuantos existen al sur
de América Central, ostenta la categoría de estratovolcán, lo cual significa que es un
volcán crónico, de gran altura y compuesto por múltiples capas de lava endurecidas.
Las áreas aledañas al volcán Barú se encuentran cubiertas por
una excepcional vegetación, y una fértil actividad agrícola agraciada por el paso de
los ríos Chiriquí y Caldera, así como también por la agradable temperatura, que frisa
entre los 14 y 20º C, aunque la cima de este promontorio ha sido testigo de la caída
ocasional de nieve, cuando la temperatura ha estado por debajo de 0º C.
Las condiciones creadas en el terreno, por las erupciones ocurridas
hace miles de años, fueron propicias para que este lugar se convirtiera en un gran
reservorio natural, donde hoy existe una inmensa variedad de flora y fauna. Incluso, solo
allí pueden ser vistas algunas de las especies endémicas del país.
De igual manera, este sitio conserva uno
de los contrastes más curiosos del planeta, al conjugar en un mismo espacio los paisajes
boscosos con las piedras volcánicas. Precisamente, estas piedras son la prueba
testimonial de la última erupción de este gigante centroamericano, que cubrió además
con lava y cenizas aproximadamente unos 1800 kilómetros el 20 por ciento de
la región de Chiriquí.
Aunque no es posible establecer una fecha aproximada que determine
cuándo fue la última actividad eruptiva del volcán Barú, las fuentes consultadas
concuerdan en que han pasado más de mil años antes de que este alcanzara su estado
actual de inactividad.
Parque Nacional Volcán Barú
Para los habitantes de la República
de Panamá no todo se reduce a convenios financieros y peajes navales, sino que también
exhiben un marcado interés por defender y conservar su biodiversidad y riquezas
naturales.
Muestra de ello es la existencia de una docena de reservas
forestales y alrededor de 15 parques nacionales, entre los cuales se encuentra el Parque
Nacional Volcán Barú (PNVB), amparado y creado mediante el Decreto No. 40 del 24 de
junio de 1976.
El PNVB, con una extensión de 14 mil 322 hectáreas y el único en
el país con características volcánicas, es una de las reservas naturales en el mundo
que está declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
El mismo se encuentra ubicado en el extremo suroeste de la
Cordillera de Talamanca que, unido por un corredor de bosques nubosos con el Parque
Internacional La Amistad, forma parte del área núcleo de la Reserva de la Biosfera La
Amistad-Panamá.
Además del nacimiento de los ríos Caldera, Chiriquí, David,
Piedra, Platanal, Escarrea y Garriché cuencas prioritarias para la actividad
agrícola del país, en este parque cohabitan entre los diversos tipos de robles,
zarzamoras u orquídeas, más de 250 especies de aves como el quetzal, el aguilillo blanco
y negro, el colibrí ventinegro, así como también las aves endémicas de la Cordillera
de Talamanca: la reinita carinegra, el zeledonia, el pinzón musliamarillo y la pava
negra. 
Entre toda esta variopinta fauna istmeña no podían faltar las
cinco especies de felinos propias del país, donde el puma y el león venado son los más
abundantes. Asimismo, conviven aquí otros mamíferos como el casi extinto ratón de agua,
el puerco espín y una gran variedad de murciélagos.
Sin embargo, a pesar de que el PNVB está amparado por los preceptos
legales nacionales y convenios internacionales, la avaricia y la necesidad del hombre en
ocasiones se han unido para poner en peligro la existencia de esta maravillosa obra de la
naturaleza, donde la cima del volcán ofrece a los visitantes una posibilidad única de
observar, a ambos lados del angosto territorio de Panamá, el Océano Pacífico y el Mar
Caribe.
Ejemplos de equívocas acciones y malas conductas hacia este
reservorio natural fueron el aumento de la frontera agrícola, el crecimiento de las
fincas cafetaleras, la cantidad excesiva e indiscriminada de torres de comunicación, y la
propuesta del proyecto carretero Boquete-Cerro Punta, fuertemente rechazado por las
organizaciones ambientalistas, académicas nacionales e internacionales, y por los
representantes de la sociedad civil panameña.
Gran significación tiene el PNVB para los panameños, que ese
legendario propósito humano de "sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un
libro" antes de partir hacia el mundo de los muertos, queda totalmente incompleto
si no incluyen en su itinerario, aunque sea una vez en la vida, la visita al Parque
Nacional Volcán Barú.