Miguel
José Maury Guerrero
Servicio Especial de la AIN
La mañana del 19 de abril de 1995 transcurría apacible en Oklahoma
cuando la horrenda y sorpresiva explosión en el Edificio Federal Alfred P. Murrah, en el
centro de esa urbe norteamericana, mató a 168 personas e hirió a otras 500.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI), que dos años antes
había apresado a tres ciudadanos árabes por un atentado fallido en las Torres Gemelas de
Nueva York, sufrió tremenda conmoción al descubrir como autor del hecho a Timothy Mc
Veigh, joven blanco estadounidense, veterano de la Guerra del Golfo.
Nadie pareció reparar entonces que el caso Mc Veigh devenía la
cúspide del iceberg existente desde mediados de los años 90, cuando en esa nación
aumentaron los grupos matizados por el furibundo derechismo, con todos sus atributos,
entre estos el nacionalismo, las posiciones antiinmigrantes y el racismo.
Las llamadas milicias, -a las cuales pertenecía el terrorista de
Oklahoma-, los grupos antiinmigrantes de línea dura, "los intolerantes" y los
autodefinidos como "patriotas" , conforman ese espectro de asociaciones
registradas por el Centro Legal para la Pobreza Sureña (SPLC en inglés).
En reciente informe titulado "La Rabia de la Derecha",
esta ONG de Alabama, dedicada al estudio y combate de tales agrupaciones en Estados
Unidos, identifica a mil 750 de ellas, pero señala como particularmente peligrosos a los
"nuevos patriotas", a quienes también denomina "supremacistas" o
"grupos de odio".
Esas son bandas armadas de autodefensa, integradas por blancos
anglosajones o de origen europeo, quienes consideran amenazadas las tradiciones culturales
y políticas del país ante los afanes controladores del Gobierno Federal.
Según el SLPC, esas y otras asociaciones violentas habrían crecido
desde el año 2000 en Estados Unidos: pasaron de 142 a 512, de las cuales 127 corresponden
a los "nuevos patriotas".
El Centro Legal y el Departamento de Seguridad Interior (DHS en
inglés), que también estudia el fenómeno, coinciden en señalar que esto es
preocupación no solo del FBI, en tanto el Departamento de Justicia y el Pentágono
cuentan con equipos que supervisan la actuación de tales grupos radicales.
El DHS identifica como prominentes integrantes de estos "grupos
de odio" al tenebroso y legendario Ku Klux Klan y a asociaciones neo-nazis al estilo
del Movimiento Nacional Socialista, la Nación Aria y la Alianza Nacional.
Jóvenes desocupados y marginados por la sociedad, hombres en edad
laboral que han perdido sus empleos y veteranos de las guerras de Iraq y Afganistán, son
señalados como la cantera de las agrupaciones supremacistas del tipo "nuevos
patriotas".
Tales engendros con organización paramilitar, importantes arsenales
de armas ligeras y entrenamientos en zonas apartadas, constituyen verdaderas amenazas para
la tranquilidad de la ciudadanía.
En agosto del 2008 el FBI detuvo a cuatro presuntos planificadores
de un atentado contra el entonces candidato presidencial Barack Obama, de los cuales dos
tenían tatuajes de grupos de supremacía blanca.
También el propio año, en octubre, en Tennessee, dos jóvenes
neonazis fueron arrestados por planear el asesinato de 102 estudiantes de raza negra, y
luego dispararle a Obama.
Con estos y otros hechos similares a la vista cabe una pregunta:
¿Estará el iceberg de la violencia derechista dejando ver más allá de su cima en
Estados Unidos?