Osvaldo Rodríguez Martínez
Servicio Especial de la AIN
El "pasquín electoral", del tamaño de una hoja de ocho y
media por 11 pulgadas con la síntesis biográfica y la foto, serán la
"campaña" que pudiera llevar a nuestros protagonistas a un escaño en el
"parlamento local".
Sus nombres no los revelaremos aquí, para respetar el principio del
sistema eleccionario cubano de que no se haga promoción por los candidatos: ¡Qué
diferencia! Conoceremos solo sus testimonios; por tanto hablaremos de "ella" y
de "él".
Ella es joven, de 24 años, recién salida de las aulas, quien
cumple actualmente el Servicio Social después de estudiar una carrera universitaria; él,
maduro cincuentón con más de tres décadas de experiencia laboral. Ambos fueron
nominados a candidatos a Delegados del Poder Popular por sus respectivas
circunscripciones.
Las damas primero: "Un vecino habló conmigo y me dijo tenía
intenciones de proponerme en la asamblea, y preguntó si yo aceptaba. Le dije que sí.
Para cambiar y mejorar nuestra sociedad, alguien debe de sacrificarse y si me eligen,
haré el mayor esfuerzo".
Sentía la emoción de que algo importante pudiera darle un vuelco a
su vida en los próximos días, pero retadora pensaba en lo útil que podría ser a su
comunidad.
La noche de la nominación se hicieron tres propuestas, ella era la
única joven sin más trayectoria que sus excelentes resultados académicos y los primeros
pasos en la incipiente vida laboral. Las masas optaron por el relevo.
"Te imaginas lo que significó para mí, cuando por abrumadora
mayoría votaron por mi nominación. No te lo puedo describir".
--¿Quieres que te elijan Delegada?.
"Sí, y muchos jóvenes amigos piensan como yo. La sociedad
necesita avanzar, tenemos que asegurarnos nuestro propio futuro y los de mi generación
apostamos por mantener este proyecto político-social, pero hacerle los cambios necesarios
para perfeccionarlo. Soy optimista. Cuba tiene futuro, pero debemos trabajar duro para
vivir mejor".
Él, nació seis años antes del triunfo de la Revolución. Recuerda
lejanamente algunas acciones de los "rebeldes" en la toma de su pueblo natal.
Vivió de niño la Crisis de Octubre, sufrió el bloqueo económico desde los primeros
momentos sin tener conciencia de por qué no tenía zapatos.
Recuerda la escuela y añora la época en que todos éramos iguales
e, incluso, nos vestíamos casi así. Con amargura, habla bajito sobre el brusco final de
la época de esplendor y los momentos más duros de la peor de las crisis.
"Las etapas te van marcando --dice-- y a la vez el compromiso
se convierte en parte de uno. Hay que ser consecuente y estar dispuesto en cada momento a
asumir lo que te corresponde."
Cuenta que el día antes de la nominación de candidatos en su
barrio, un vecino le dijo:
--Usted tiene mucho trabajo, lo veo llegar tarde, pero lo
necesitamos para que ayude a nuestra comunidad, acepte ser candidato.
"Mi respuesta no demoró y le dije: "yo no puedo decir que
no, soy un soldado."
En breve los vecinos de nuestros protagonistas podrán conocer
algunos detalles de su vida cuando se publiquen sus nombres y biografías, y decidir su
voto en las venideras elecciones.
Ella y él saben que, de ser elegidos, serán los representantes del
barrio, los abogados defensores de los problemas colectivos y de algunos individuales. El
tiempo de la familia deberá compartirse con la vecindad.
¿Ganancias? Muchas, pero la mejor de todas: el placer de ser útil.