Miguel José Maury Marrero
Servicio Especial de la AIN
La democracia, ese precepto tan llevado y traído, negado,
escamoteado, desarticulado, ignorado y no menos pisoteado en muchas partes del orbe, en
Cuba está bien asegurado.
El 24 de febrero comenzaron las asambleas de nominaciones de los
candidatos a delegados del Poder Popular en las 15 mil 093 circunscripciones creadas en el
país, práctica que garantiza el verdadero basamento democrático de los sufragios de la
Isla.
Aunque la circunscripción electoral no representa la primera
instancia del proceso, todas pueden contar con más de un área y estas, alrededor de 50
mil 900 en toda Cuba, se hallan diseminadas de forma tal que se garantice la
participación de hasta el último ciudadano.
Estas quedan establecidas por cada 199 habitantes, cifra tope, y en
ellas el pueblo propone y nomina a los mejores vecinos, a los más idóneos como
candidatos a delegados de las Asambleas Municipales del Poder Popular.
Con vistas a garantizar este derecho constitucional de cada cubano,
se establecieron también 36 circunscripciones especiales, distribuidas en unidades de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, así como en aquellos
lugares donde existen contingentes de constructores y estudiantes becados.
Hasta el 24 de marzo transcurrirán las asambleas de nominación, y
para esa fecha deberán quedar seleccionados los hombres y mujeres que, en número no
menor de dos por cada área y hasta un límite de ocho, irán a los sufragios el 25 de
abril, cuando por el voto directo y secreto se elija a los delegados en primera vuelta.
Al decir de las autoridades electorales cubanas, estos sufragios son
para reconocer en los barrios las virtudes, méritos y capacidad de miles de compatriotas,
muchos de ellos jóvenes y mujeres.
No son el dinero, las influencias y otros incentivos afines al mundo
capitalista los que en Cuba hacen merecedor a una persona de ser propuesta o nominada por
sus conciudadanos.
Basta con que sean buenos trabajadores, estudiantes, combatientes,
amas de casa o vecinos, o ejemplo en el seno familiar, en sus comunidades o radio de
acción, para merecer la confianza de ser electos como candidatos a delegados.
Tales atributos del proceso electoral cubano constituyen garantía
del buen hacer, de la transparencia y de su más firme vocación democrática.