Rostros de Hoy, sección
de la AIN
Ana y sus cotorras
Por: Madelín Ramírez Pérez
De Ana y sus cotorras supe hace años a
través de un artículo. Luego conocí detalles en publicaciones cubanas. Por eso me
alegré al escuchar otra vez sobre esa mujer apasionada por la cría de la Amazona
Leucocephala más conocida por Cotorra cubana y el Aratinga eupos o Catey.
Todos los artículos de entonces comenzaban refiriéndose al
regalo realizado a Ana de seis pichoncitos en 1990. Con escepticismo los vio, acabados de
llegar de Holguín, su vecina Mayra Chan.
Chan recuerda que Ana estaba en la acera dándoles sol
y le dije no se te van a lograr, pero bueno, ella nunca perdió la fe.
Las publicaciones
consultadas desandaban los avatares de esa técnico medio en electrónica devenida
investigadora, quien logró la reproducción en cautiverio de la cotorra cubana y
desmintió ciertos mitos en torno a su comportamiento.
También resolvió el misterio centenario del dimorfismo
sexual al poder decir con exactitud el sexo de cada uno de los ejemplares.
Recientemente recibí la noticia de que Ana sintió que su
corazón infartaba. Al respecto expresa: Salí caminando para el hospital, pedí
ayuda. Pude llegar, enseguida me llevaron para terapia y en esta última ocasión estaba
tan mal que hubo que ponerme un sten.
Al parecer el estrés ante la llegada de la época reproductiva de las cotorras y cateyes
fue una de las causas de la enfermedad.
Porque ellos se ponen incontrolables, quieren aparearse
pero no ven la caja nido, señala esta mujer perseverante, ya restablecida de la
intervención quirúrgica.
El médico
veterinario José Martínez García sabía que los cateyes extrañaban a su dueña cuando
estuvo ingresada y nos dijo.
Cuando Ana falta por alguna razón y los tiene que
atender otra persona, ellos se estresan y si están en proceso reproductivo se inhiben y
detienen la ovo posición. Cuando regresa su cuidadora entonces siguen su proceso
reproductivo y ponen sus huevos que es posible hayan tenido en su oviducto."
Tal y como vaticinó el doctor, dos días después del
regreso del hospital ocurrió la puesta de los huevos.
"Y es que aquellos seis pichoncitos se multiplicaron.
Entre cateyes y cotorras ya suman 56."
Siempre se había considerado que la cría de la cotorra en
cautiverio atenta contra la especie, sin embargo en el 2000, el biólogo y ecologista
Jorge Ramón Cuevas felicitó a Ana por su proyecto.
Lo que ha hecho es una verdadera proeza. Yo creo que se
merece que se le de todo nuestro apoyo a este trabajo y que se le propicien las
condiciones que necesita para poder continuar, dijo Cuevas.
En pleno corazón de la Habana y tras dos décadas de
entrega, Ana María Zayas defiende su idea. A estas alturas, y a pesar de las dificultades
no puede renunciar a su sueño.
No renuncio -asegura Ana- porque ya tengo en la tercera generación de cotorras y la
segunda de cateyes. Eso no es fácil, ya están cercanos a la cuarta. Todos las que nacen
tienen nombre
Otras historias, imágenes y vivencias sobre Ana y sus
cotorras esperan ser descubiertas. Al escuchar lo que dice Marcos con solo siete años,
comprendemos que de Ana y sus cotorras, también aprenden los niños.
Las he visto nacer, primero ponen el huevo y luego
nacen las cotorritas, pequeñitas, pequeñitas. A mí la que más me gusta está en la
segunda jaula. Ellas comen semillitas y también frutas y tienen unos colores muy
lindos, expresa este pequeñín.
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