| Fangio: caballero de la
velocidad y la amistad Dania Pérez
Serrano
Servicio Especial de la AIN
Oye, ¡cuidado! que tú no
eres Fangio, le espeta Roberto al conductor del almendrón tras la maniobra
peligrosa del auto en la céntrica avenida 23.
Aunque el joven, Roberto, no vivó la época de esplendor del
pentacampeón mundial de Fórmula 1, el argentino Juan Manuel Fangio, heredó sus
conocimientos y admiración por el Chueco, gracias a sus padres y el pasaje
del histórico secuestro de que fue objeto por el Movimiento 26 de julio, el 23 de febrero
de 1958, un día antes de disputarse el II Gran Premio de Cuba.
La competencia de automovilismo era uno de los eventos
deportivos programados por el dictador Fulgencio Batista para dar a entender que en la
Isla imperaban la paz y la tranquilidad.
Pero el comando revolucionario tenía la intención de privar
al show batistiano de su principal protagonista.
En pleno lobby del Hotel Lincoln, el argentino pensó que el
joven tembloroso quien lo encañonaba con una pistola, formaba parte de la contrapartida
de la broma hecha a su manager, Marcelo Giambertone.
Sin embargo, las disculpas, explicaciones y atenciones
recibidas por sus captores le hicieron sentir la realidad de su encierro, pero con tal
comodidad durante esas 27 horas, que bautizó a esos jóvenes como sus amigos, los
secuestradores.
Quizás hasta le hicieron un
favor, pues si bien él había marcado el mejor tiempo de clasificación, el Maserati 450
S con el cual debía correr, tenía algunos problemas y era inestable.
La carrera fue televisada. Un accidente obligó a suspenderla
tras despistarse dos autos contra el público, y el Chueco no pudo resistir la
idea de verse reflejado en esos pilotos. Seis meses después, se retiró de las carreras.
Pero si complicado había sido el secuestro, más complejo
era aún cómo liberarlo sin que corriera riesgos, pues la gente de Batista podía
asesinar al gaucho para culpar y desprestigiar al movimiento revolucionario y a su líder,
Fidel Castro.
Con suma precaución, Fangio fue acompañado sano y
salvo-- hasta la puerta de la embajada argentina.
l no volvió a saber de los revolucionarios cubanos hasta
año y medio después del rapto ya con Fidel Castro a la cabeza del gobierno
revolucionario. Recibió entonces la prometida invitación.
Sin embargo, el regreso de Juan Manuel a Cuba logró
realizarse en 1981, cuando acudió al país como presidente de la empresa Mercedes Benz,
para negociar la venta de unos camiones al país.
En ese año, también, comenzó a restaurarse el viejo
edificio (construido en 1906) de la intendencia de su natal Balcarce, para convertirlo en
lo que es hoy el Centro tecnológico-cultural y museo del automovilismo que lleva su
nombre.
Fangio donó a su país todos los bienes de su carrera
deportiva: los trofeos que nunca quiso guardar y entregaba "en préstamo" a sus
amigos, condecoraciones, documentos, piezas inéditas y automóviles.
En Cuba existe la Peña Amigos de Fangio desde el primero de
julio de 2007, integrada por entusiastas amantes del automovilismo y el motociclismo
clásico, imbuidos por los valores humanos del más grande corredor de todos los tiempos.
El único piloto de la historia que ha sido campeón mundial
con cuatro marcas distintas (Alfa Romeo, Maserati, Ferrari y Mercedes-Benz) fue muy
valorado no sólo por sus méritos deportivos. Su sencillez y modestia lo convertían en
el caballero de la velocidad, al tiempo que rival difícil de vencer.
Ganó 24 carreras de Fórmula 1, de las 51 que disputó. Su
marca de cinco títulos permaneció vigente hasta 2003, cuando fue superada por el piloto
alemán Michael Schumacher. Lo que hizo este hombre es increíble, dijo el teutón.
Si se considera la seguridad y los autos de aquellos años, es fabuloso que él pudiera ir
tan rápido. Ahora hacemos poca cosa.
Los restos mortales del Chueco descansan desde el
17 de julio de 1995 en la ciudad que lo vio nacer (24 de junio de 1911). A él se le
atribuye la frase: "Yo pude haber ganado una fortuna pero... ¿para qué? La amistad
es la verdadera fortuna que un hombre puede tener". (Por Dania Pérez Serrano) |