| Raulsoli y su vida
entre terremotos en el Salvador y Haiti Raymundo Gómez Navía, enviado especial de la AIN
Puerto Príncipe 17 feb (AIN) Son devastadoras las
imágenes que acabo de observar. Los recuerdos que me traen es como revivir los terremotos
ocurridos en El Salvador , el 10 de octubre del 1985, y en enero y febrero del 2000,
recuerda Raulsoli Yakou Flores Tobar.
Graduado en Santa Clara como Licenciado en Enfermería, el
salvadoreño Flores Tolbar integra el grupo junto a 200 de los egresados de la Escuela
Latinoamericana de Medicina (ELAM) llegados a Haití como parte de la Brigada
Internacionalista Henry Reeve, después del sismo del 12 de enero.
Estar aquí es como remover los escombros que yo había
ya sepultado, expresa conmovido y agrega: Recuerdo que, en el primer terremoto
en el 1985, yo tenia solamente nueve años y mi padre nos había invitado a almorzar fuera
de la casa a mi mama, a mis hermanas y a mi.
Tuvimos un inconveniente y a la hora del almuerzo no
pudimos salir de la casa. Mi papá estaba en pleno San Salvador cuando sucedió el
terremoto. Lo recuerdo porque eran las 12:30 del día y no pudimos ir hasta él .
Relata que el padre llamó y les dijo que no salieran, que
él venia de camino.
De pronto comenzó todo aquello, era superficial.
Vimos, hasta incluso, las imágenes por televisión. No comprendíamos exactamente que
pasaba .
Acabó con los edificios del gran San Salvador. Ahora
es prácticamente como volverlo a revivir.
Los últimos dos terremotos en El Salvador fueron
igual, afirma, y señala que el segundo ocurrió en enero del 2000. Ese día su madre,
Sonia Elizabet Tobar, lo levantó temprano pues debía ir a pagar un recibo.
Salí y, por esas cosas de la vida me dio por regresar
desde la parada de los buses y, de pronto, empecé a sentir que todo a mi alrededor
temblaba.
Me detuve y sentí más fuerte el temblor. Me dirigí
hacia la casa y, cuando crucé la calle ya era incontrolable la situación.
Mi madre se había quedado aprisionada dentro del
baño, sin poder salir, no por ningún derrumbe, sino sencillamente porque se le trabo el
cerrojo. precisó.
Mamá, mamá, gritaba mientras llegaba al hogar. Estoy
en el baño y no puedo salir, me contestó ella.
Temblando, y yo no me explico como pude, subí como un
gato montés al techo de la casa del vecino y de ahí salté a nuestro patio. Entré en la
casa y empecé a forzar la puerta.
Era menor el movimiento sísmico. Logre aventar la
puerta del baño, se abrió el pestillo, y saqué todo, puerta y marco pues se había
dañado por el temblor.
Y logre sacarla envuelta en una toalla, pues se estaba
bañando en el momento del sismo.
El tercero ocurrió el 11 de febrero del propio año.
Trabajaba en la policía, en la Alcaldía San Salvador. Pidieron ayuda, colaboración, y
cuando llegué al lugar era todo lodo y aún se sentían los temblores.
Era un terremoto con deslave. Sacar los cuerpos del
lodo, unos con vida y otros fallecidos, fue terrible.
Yakou comenzó a estudiar Enfermería en el 2005 en Cuba y se
graduó como Licenciado en el 2009.
El 26 de octubre regrese a mi país. Mi madre me puso
al tanto de las noticias, me informó sobre la situación social complicada y me mantuvo
encerrado una semana viendo los reportes para que me fuera adaptando a la
situación.
En ese ínterin ocurre la inundación de la tormenta tropical
Ida en el departamento de San Vicente y solicitan entonces el apoyo de brigadas de salud.
Un amigo me llama para que lo ayude en la Alcaldía en
el municipio donde vivo. Me llevaron a la zona que yo conocí cuando trabajaba allí.
Aquello era otra cosa. Ríos que antes eran apenas riachuelos se convirtieron en pantanos
.
Mi mamá no sabía que yo estaba acudiendo al lugar,
colaborando, escapado de ella y con la complicidad de mis hermanas. Iba a laborar y
regresaba a la casa antes de que ella llegara de su trabajo .
Damaris Elizabet, Sonia Janet y Verónica Patricia, mis
hermanas, me apoyaban dándole respuestas diversas sobre donde estaba.
Así me mantuve una semana y le dije que me iba a
presentar, pues un sábado de noviembre del año pasado me llama una amiga, graduada de
Medicina, y me dice que había llegado la Brigada Medica Cubana, que me buscaría a las
cinco de la mañana, en San Salvador, para ayudar a los cubanos. No sabíamos quienes
íbamos. Cuando nos vimos en el carro vimos amistades conocidas de la ELAM.
Cuando llegamos a San Vicente, a las seis de la
mañana, montamos la tienda de campaña y empezamos a ayudar a la brigada medica
cubana.
La primera pregunta que se nos hizo fue: ¿Por
cuánto tiempo?, y la respuesta unánime: Indefinido.
Trabajábamos de siete de la mañana hasta las 10 de la
noche, en consultas, inyecciones, curaciones.
Nos encontrábamos en esas tareas en medio del deslave,
dándole continuidad a la epidemiología, cuando nos enteramos por la red de información
vía INTERNET del llamado a los egresados de la ELAM y la posibilidad de ayudar en Haití.
Yo estaba desempleado. Trabajamos de voluntarios y se
nos hizo muy complicado económicamente llegar a materializar nuestra disposición.
Mi mama se me opuso, no quería que yo saliera otra vez
de la casa, porque decía que ya estaba vieja. Me había hasta escondido el pasaporte.
Le dije: Mamá, tienes que entender que tu hijo no es
un simple empleado de la salud o profesional de la salud. Ya es un internacionalista.
Solo siéntete orgullosa de mi. Tu hijo es
internacionalista. Déjame ayudar a la gente que me necesita, porque para eso fui
moldeado. Mis hermanas me apoyaron.
Bueno, esta bien, vete, me dijo. Y no nos vimos
en la despedida, porque estaba hecha un mar de llanto.
Se me dio la oportunidad y mírame aquí.
Uno queda con esa secuela de miedo, pero poco a poco
tiene que ir viendo la manera de sobrevivir ante estos fenómenos naturales, e irse
preparando poco a poco.
Pienso que ha sido una buena experiencia al llegar
ahora a Haití, porque, desde que supe que venia para acá me preparé
psicológicamente.
A pesar de que las imágenes son tristes, de personas
que requieren ayuda, llegamos con la decisión de socorrerlas.
Les digo a mis compañeros que tenemos que prepararnos
psicológicamente para lo que sea, porque, de un momento a otro, puede llover, haber una
inundación o ocurrir otro terremoto, sencillamente". |